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Sábado 25.01.2020 - Última actualización - 19:43
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En la Costanera Oeste

Verano Capital invita a recuperar las rondas de la infancia en la ciudad

Chicos y grandes comparten actividades pensadas a partir del barro como elemento cultural. Amasar, moldear cuencos, leer y crear sonidos se hace posible de lunes a viernes, en el marco de las propuestas de verano de la Municipalidad.

Vacaciones Rodantes, es el nombre de la actividad que despliega el Municipio, de lunes a viernes a las 18, en la Costanera Oeste. <strong>Foto:</strong> GentilezaVacaciones Rodantes, es el nombre de la actividad que despliega el Municipio, de lunes a viernes a las 18, en la Costanera Oeste.
Foto: Gentileza

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En la Costanera Oeste Verano Capital invita a recuperar las rondas de la infancia en la ciudad Chicos y grandes comparten actividades pensadas a partir del barro como elemento cultural. Amasar, moldear cuencos, leer y crear sonidos se hace posible de lunes a viernes, en el marco de las propuestas de verano de la Municipalidad. Chicos y grandes comparten actividades pensadas a partir del barro como elemento cultural. Amasar, moldear cuencos, leer y crear sonidos se hace posible de lunes a viernes, en el marco de las propuestas de verano de la Municipalidad.

El verano en la capital santafesina se despliega a la sombra de los árboles. En la Costanera Oeste, en Almirante Brown al 4900, de lunes a viernes, a partir de las 18 horas, la Municipalidad dispone un espacio delimitado con guirnaldas de colores, mesas y lonitas que invitan a sentarse en ronda para compartir actividades pensadas para las infancias y adultos.

 

La actividad, denominada Vacaciones Rodantes, cuenta con coordinadores que invitan a sumarse a cada grupo, ponen a disposición los materiales necesarios para las actividades y acompañan el recorrido de cada persona.

 

Ronda de barro

 

La propuesta es elaborar cuencos de barro, con las técnicas propias de los pueblos originarios del litoral que se preservan y recrean en el Taller Municipal de Cerámica Artesanal de La Guardia.

 

El punto de partida es amasar una pequeña porción de arcilla hasta convertirla en una esfera. Juampi, uno de los coordinadores, explica que es el primer contacto con el material, su plasticidad y composición, los colores, el olor de la tierra y el agua del río. Además, tiene una finalidad práctica: ayuda a que el barro pierda humedad y se limpie de impurezas. Después, las yemas de los dedos presionan el centro de la esfera para que comience a tomar la forma de un cuenco.

 

Algunos chicos eligen decorar las piezas y otros las dejan lisas para que empiecen a secarse. Los coordinadores les explican el proceso de bruñido que se hará dos o tres días después, puliendo la superficie del barro con una piedra lisa. Circulan, entonces, las historias de cómo lo hacían los primeros habitantes de las costas santafesinas, que buscaban en el río las piedras más gastadas por la corriente.

 

Desde que comenzaron las actividades, hace poco más de una semana, varias niñas y niños volvieron para completar el proceso con su propia pieza o trabajar con la creada por otra persona. Para fines de febrero se proyecta hacer una gran quema de estas piezas moldeadas durante el verano, para que el fuego complete el proceso y transforme la arcilla en cerámica.

 

Ailén, Paula y Eliana tienen entre 21 y 23 años y llegaron en bicicleta hasta la costa para participar de esa experiencia. “Vimos en la página de la Municipalidad que estaba esta actividad y como nos gustan estas cosas, vinimos”, dijo una de las chicas mientras modelaba su cuenco. “Nos gusta todo lo que tenga que ver con crear y nunca habíamos trabajado con barro”, agregó otra de las participantes.

 

Un rayo de sol en una cajita

 

“En una cajita de fósforos se pueden guardar muchas cosas / un rayo de sol, por ejemplo”. Alrededor de esos versos de María Elena Walsh se arma otra de las rondas con la invitación a crear, también con barro pero incorporando lanas, fósforos, semillas, ramas y hojas. Con esos materiales se da forma a pequeños objetos, animalitos o personajes de cuento que caben en una cajita de cartón y, una vez terminados, se pueden llevar a casa.

 

Daniela, de barrio Pompeya, llegó a la Costanera con su hija de 6 años para jugar en el Parque de la Locomotora y desde ahí vieron los grupos reunidos frente a la laguna. “Venimos siempre a la plaza, pero hoy vimos que estaban haciendo actividades y nos acercamos. Mi hija estuvo haciendo muñecos con barro; ella dice que es un tesoro”, contó. “Es re lindo que puedan entretenerse con algo distinto. En vacaciones está bueno sacar los chicos a que se despejen y no estén todo el tiempo con la televisión o el celular”, agregó.

 

“Nosotros vimos en el Facebook de la Municipalidad que se hacían estas actividades y vinimos”, contó Joana, una vecina de barrio Policial que llegó con sus hijas de 6 y 10 años. “A ellas les encantó lo que hicieron, es otra forma de jugar y conocer otras cosas al aire libre. Ojalá se sigan haciendo estas cosas”, dijo.

 

A unos metros de ellas, un grupo de chicos compartía historias en ronda de lectura y sonidos en la ronda de resonancias, que se arma alrededor de una instalación construida con materiales reciclados: botellas, llaves, tubos de cartón, discos y placas de radiografía.

 

A estos espacios, los martes y jueves se suman clases de hip hop. Entre las 18 y las 20 horas, los jóvenes se reúnen a bailar, cantar y compartir experiencias.

 

Aprendizajes compartidos

 

Las actividades comenzaron el lunes pasado, en el marco de Verano Capital, la propuesta de la Municipalidad gestada por el Gabinete Social, un ámbito donde convergen las distintas secretarías para pensar en conjunto las políticas que se despliegan en todos los barrios. En esa línea y junto con otras actividades deportivas y turísticas, desde la Secretaría de Educación y Cultura se propusieron dispositivos pedagógico-culturales para anticipar el hilo conductor que tendrá el área, poniendo en diálogo el universo de la educación y de la cultura.

 

La subsecretaria municipal de Gestión Cultural y Educativa, Huaira Basaber, remarcó que en estas acciones, el motor es el barro como máximo bien cultural que tenemos en la costa, en nuestros ríos. Por eso, las actividades se preparan desde hace semanas en el Taller de Cerámica Artesanal de La Guardia, con su directora Juliana Frías y los coordinadores.

 

El nombre de los dispositivos responde a un juego de palabras que recupera las experiencias de la infancia: “La ronda es un primer gesto que nos hace estar con otras personas. Es un gesto vinculante y afectivo a partir del cual podemos mirarnos unos a otros, saber que no estamos solos y que nada se hace en soledad”.

 

Esa manera de construir las propuestas también será una característica del área durante la gestión: bajo el nombre de Aprendizajes Compartidos, se dará lugar a procesos de formación de los equipos de trabajo, entre pares que comparten sus saberes.

 

El juego, en cada acción

 

Así como en verano se hace visible la cerámica del litoral identificando a la región, durante todo el año se trabajará para poner en valor la cultura ladrillera y del adobe, el paisaje costero y los pueblos originarios. En ese proceso se propone recuperar en una muestra, la obra de Kiwi, el alfarero y poeta que eligió a Alto Verde para escribir y trabajar el barro.

 

En la experiencia de los oficios y de las expresiones se presenta al juego como una forma de acercarse a los materiales. Huasaber explicó que la idea es “potenciar esa espontaneidad creativa para que cada persona pueda desplegar, legitimar y abrazar sus experiencias creativas”.

 

La experiencia de la ronda de lectura durante las vacaciones se vincula a un programa de lectura en la primera infancia, que comenzará este año en los Jardines Municipales, ampliando y profundizando una experiencia que ya se desarrollaba en esos espacios. El teatro, el cuerpo, la música y los títeres serán las formas de acceder a la lectura, que abre un campo a la imaginación y a la fantasía.

 

“Siempre que pensamos una propuesta el juego estará dando vueltas, merodeando en cada una de las acciones. Aprender jugando es ese ensayo para la vida, que es presente y permanente en la infancia. Es un juego sagrado, íntimo y colectivo, donde hay un aprendizaje continuo que es para siempre”, concluyó Basaber.

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