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Martes 28.01.2020 - Última actualización - 29.01.2020 - 6:46
22:21

Buscando la propia identidad

Ni él o ella, sino elle: Tegan, el segundo caso en Santa Fe de una persona "no binaria"

En la niñez, pintarse la barba con tizas de colores o brillitos, lo ponía contento. Hoy se liberó por completo y se anima ir al kiosco con todo ese glitter, sin esconder sus tetas.

 <strong>Foto:</strong> Transmedia VT
Foto: Transmedia VT

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Buscando la propia identidad Ni él o ella, sino elle: Tegan, el segundo caso en Santa Fe de una persona "no binaria" En la niñez, pintarse la barba con tizas de colores o brillitos, lo ponía contento. Hoy se liberó por completo y se anima ir al kiosco con todo ese glitter, sin esconder sus tetas. En la niñez, pintarse la barba con tizas de colores o brillitos, lo ponía contento. Hoy se liberó por completo y se anima ir al kiosco con todo ese glitter, sin esconder sus tetas.

Todavía es enero en el Club Alumni de Casilda. En el fondo a lo lejos, se escucha la tele prendida y un partido donde se nombre a Leo Messi. Su cara asoma por detrás de los cuadros que recuerdan a Jorge Sampaoli y dejan ver la falta de sueño. Fueron días intensos de notas con la prensa y abrazos sin fin. Así y todo, accede a un reportaje más con El Litoral.

 

En esa localidad del departamento Caseros, la vida diaria es tal cual un pueblo. Todos se conocen, se saben los movimientos y pasan cosas, de esas que sacuden al mundo entero. Y eso pasó alrededor de Tegan Mai Guanco, una persona que encontró después de 24 años una identidad y un nombre que lo hacen feliz.

 

Para ponernos en contexto, hay que remontarnos a su niñez. Desde chico, apenas con seis años jugaba horas en la casa de su tía Graciela frente a un espejo. Con pinturas ajenas y maquillaje, su cuerpo ya le empezaba a decir a gritos que no estaba cómodo. Una idea que procesó a lo largo de su vida y que recién a los 20 años, maduró.

 

Su lucha, es la segunda ganada en la provincia, sumada a otras cuatro que hay en distintos puntos del país. Dice que algo se está moviendo, aunque por ahora ni siquiera puede tomarse el tiempo de procesar su victoria. Apenas pasaron días desde que lo llamaron del Registro Civil. Tiene una partida de nacimiento rectificada, donde ahora figura “identidad autopercibida”. Quería un DNI que diga “no binarie”, pero ese será otro paso para dar.

 

Alguna vez uso polleras o vestidos, pero contra su voluntad. Esa asociación con un cuerpo femenino no le hacía bien. Le gustan las chombas y solo se envuelve en finas telas para jugar. Claro está, que no debe faltar la barba para completar el vestuario.

 

 

 

Elle

 

Biológicamente, su cuerpo está asociado a lo femenino, aunque está en pleno tratamiento farmacológico de masculinización. Desea tener barba real y que su cuerpo cambie para sentirse cómodo. Necesita, come él remarca, habilitar una masculinidad no hegemónica. Desde lo biológico es una persona con tetas. Pero ya no las quiere.

 

Tegan, estudia trabajo social en la Universidad Nacional de Rosario. Transita el 4º año y además escribe poesía transfeminista. Desde que su vida empezó a cambiar, su papel y lápiz migraron a las pequeñas crónicas. Narra desde lo cotidiano. Y en ese micro mundo de la literatura, sigue reivindicando su identidad. También forma parte de un centro de estudios y milita con varones trans en Rosario.

 

“Mi pronombre es ‘él’. Pero también ‘elle’, algo que socialmente cuesta más. Elijo no ser ‘la’ o ‘ella’. Es todo un logro de la identidad atravesada por lo humano”, cuenta. Y por eso aceptó la partida de nacimiento “autopercibida” cuando le llegó la disposición, porque entiende que es un gran avance.

 

 

 

“No es lo que pedía, pero para que esa categoría exista tiene que haber otros cambios, como por ejemplo la modificación de la Ley de Identidad de Género que hoy tiene el país. Si bien se entiende que la identidad es autopercibida, esa autopercepción está pensada en términos binarios. Sin dudas es una ley para celebrar, pero también entender que en la realidad lo primero que está en cuestión es ese binarismo. Si decidimos habitarnos por fuera de ese binarismo, no estamos dentro de esa norma”, describe.

 

Tegan admite que su caso es un “granito de arena” y el “principio de algo” que se debe seguir discutiendo. “Incluso en la categoría se pone en juego lo colectivo y lo individual. Yo necesito tener mi nuevo DNI porque eso me hace feliz. Quiero transitar las calles que quiera con mi nombre, no quiero tener uno que no elegí. Es algo para celebrar, pero también debemos cuestionar por qué al igual que yo, el resto de los casos que hay en el país esperamos un gesto del RENAPER para que nos entreguen los nuevos documentos”, amplia.

 

Foto: Transmedia VT

 

 

Mundo adentro

 

El nombre nuevo que eligió, se lo encontró una noche de intimidad con su habitación y la computadora. Tuvo muchos apodos, entre cuatro y cinco. Pero un día quiso elegir como ser nombrado. Se levantó a buscar sin pensar en lo que vendría. “Son pasos chicos pero largos. Fue algo mutuo. Lo leí y supe que ese era mi nombre. Al otro día me fui derecho al Registro Civil para pedir el cambio”, recuerda.

 

Es hijo de pastores evangélicos y tiene cuatro hermanos. Vive con su abuela. Su hermana de 12 años, lloró cuando se enteró del cambio que iba a hacer. Lo primero que se le vino a la cabeza fue que lo iban a marginar. Pero entendió que Tegan no estaba feliz con su cuerpo y que necesitaba de cambios para alcanzar la plenitud. Su otra hermana de 9 años, lloró, pero de felicidad. Fue uno de los primeros abrazos que recibió.

 

Desde hace unos días, se abraza con él mismo y con la vida. Se encontró en su interior con quien siempre quiso. Aunque todavía falta ese brazo hogareño, de una familia conservadora a la que le cuesta pensar estas cosas. Donde hay silencio y respeto, pero a la distancia.

 

“Muchas veces me echaron del baño de varones, pero las mujeres me recibían. Es horrible esa mirada incomoda. De ‘ese cuerpo no pertenece a este espacio’. Los baños son una gran publicidad del género”, ejemplifica.

 

Asegura que no tiende a confrontar ni corregir. Sabe bien que hay quienes piensan en estos cambios y quiénes no: “Tuve muy pocas discusiones, así como recibí preguntas del tipo ‘¿Qué sos?’ o ‘¿Cómo puede ser posible?’. Solo respondo que es como yo me siento y espero que haya un respeto. Entiendo que son personas diferentes a mí y también las respeto. Es más fácil señalar y encasillar al otro desde un sentido peyorativo que pensarlo primero como humanos. Es como si de pronto fuese ‘no binario’ y nada más. Empiezo a perder mi categoría de persona y termino siendo una cosa u objeto. Hoy propongo que me hagan todas las preguntas que quieran, pero desde el amor, que sirvan para poder construir una sociedad mejor y para repensarla”.

 

Antes de terminar la entrevista, le hago escuchar una canción. Habla del romance con el desapego y es de “El Plan de la Mariposa”: “Me tuve que desapegar mucho. Fue muy difícil, porque quienes te acompañan tienen que desapegarse. Si no es desde el amor, no es posible. Es mucho el desapego para iniciar un proceso identitario. Los que me rodean quisieron ver una parte de mi pero yo opto por buscar otras. Es lo importante. El desapego lo tenemos que hacer como sociedad. No tiene que ser aislado, sino entre todos”.

Autor:

Pablo Rodríguez




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