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Domingo 02.02.2020 - Última actualización - 03.02.2020 - 16:27
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Editorial

Saín, el ministro de las redes

Marcelo Sain, ministro de Seguridad de la provincia. Crédito: Guillermo Di SalvatoreMarcelo Sain, ministro de Seguridad de la provincia.
Crédito: Guillermo Di Salvatore

Marcelo Sain, ministro de Seguridad de la provincia. Crédito: Guillermo Di Salvatore



Editorial Saín, el ministro de las redes El ministro de Seguridad de la provincia decidió que que no va a tomar contacto con la prensa y que comunicará a la ciudadanía “las noticias buenas y también las malas” a través de las redes sociales.

Guillermo Dozo | gdozo@ellitoral.com

 

En los últimos días, el ministro de Seguridad de la provincia, Lic. Marcelo Saín, decidió que no va a tomar contacto con la prensa porque “hablan muchos de robos, mucho de asaltos y de asesinatos” y que desprecia de “las positivas”. Por ese motivo, aseguró, la distribución de la información la realizará “mediante las redes sociales” dejando de lado los canales tradicionales. Así, el funcionario comunicará a la ciudadanía “las noticias buenas y también las malas”: “Es una fuente más de información para los ciudadanos y las ciudadanas, es más democrático y transparente. Este funcionario no tiene nada que ocultar”, sostuvo en su cuenta de Twitter.

 

El bonaerense ministro de Seguridad y exdirector del Organismo de Investigaciones durante la gestión de Frente Progresista, Cívico y Social conoce mucho la cartera santafesina porque asesoró durante un buen tiempo a su antecesor, Maximiliano Pullaro. ¿Será por ese conocimiento adquirido que ha optado por cortar lazos con las estructuras periodísticas para manejarse por las redes digitales?. No lo sabemos porque no lo explicitó. 

 

Viene bien, entonces, una reflexión inteligente: “La diferencia entre comunidad y la red es que uno pertenece a la comunidad pero la red te pertenece. Puedes añadir amigos y puedes borrarlos, controlas a la gente con la que te relacionadas. (...) Muchos usan las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse (...) donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa”.

 

La frase no pertenece a un cientista social recién recibido ni a un millenial decepcionado. Tampoco es nueva. Tiene un tiempo. Quien así pensaba era Zigmunt Bauman -a los 94 años- en una entrevista realizada en 2016 en el diario El País de España. 

 

Como bien lo decía el sociólogo polaco las redes son una tentación para quienes desean generar un círculo del que participen solamente aquellos que piensan con un alto grado de afinidad y “bloquear” aquellos que confrontan con las propias convicciones. Qué más cómodo que sentirse querido, admirado y “seguido” por miles de personas que opinan casi, casi como yo. Pero lo que hace crecer a las personas y las sociedades, es el debate y la sana confrontación con el otro, con quien no piensa como yo y que se constituye en mi adversario, el que me permite superarme. 

 

Lo terrible sería construir una red social como quien cavaba una trinchera en la Primera Guerra Mundial. Un lugar donde pretendidamente estoy más seguro, rodeado por los míos y con la posibilidad de atacar al enemigo desde posiciones supuestamente más sólidas. Así fue que muchos migraron a estos ámbitos para la construcción política, abandonando las viejas recetas y zambulléndose con gusto al océano digital.

 

Durante un largo tiempo todo marchó bien. El boca a boca que despliegan las redes funcionaba para muchas cosas: desde recetas de cocina, recomendaciones de espectáculos o para imponer un candidato de cara a una elección. 

 

La ilusión de que se construía comunidad, que lo que se desplegaba en la pantalla era un grupo de amigos “reales” y que los juegos que nos proponían para saber si nos identificábamos más con un animal que con otro; con algún actor o actriz o para saber qué edad mental teníamos eran inocentes se fue al sumidero. 

 

Descubrimos que gran parte de nuestra información vital de, por ejemplo, contenida en Facebook era utilizada para otros fines. Es que en el reino de Mark Zuckerberg se encontró con que desde la red se podía influir sobre las personas, sobre su forma de pensar, sobre las decisiones a tomar. Y nació un acuerdo que luego derivaría en uno de los escándalos más grandes de la historia con las elecciones de los Estados Unidos que ungieron presidente a Donald Trump. En las que se usaron las “fake news” como una de las estrategias.

 

Entonces, ¿las redes construyen? Indudablemente que sí, pero no “tanto así” como creemos. Pueden ser también generadoras de narcosis social. Por caso vemos que hay quienes pasan horas en las redes o dentro de las empresas que distribuyen contenidos por streaming, y dejan de la lado la “otra” realidad, la real. Patologías varias que se pueden disfrutar, valga la paradoja, en “Black Mirror”.

 

Volviendo a los dichos de Saín, las redes son “una fuente más de información” según él mismo dejó por escrito. Pero no son las únicas, ni las más efectivas, ni las más seguras. Este último aspecto, una materia que el ministro conoce al dedillo. Así que será el ministro de las redes, las mismas que construyen y destruyen en segundos.   

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