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Sábado 15.02.2020 - Última actualización - 20:09
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Peisadillas

Amor es Cupido

 Crédito: Ilustración: Luis Dlugoszewski
Crédito: Ilustración: Luis Dlugoszewski

Crédito: Ilustración: Luis Dlugoszewski



Peisadillas Amor es Cupido La gente sufre febrero, con la profunda inquietud de lo que va a venir, como por ejemplo: Marzo. El mes en el que empieza la escuela, la canasta escolar, el fin de la temporada vacacional; marzo es la firme sentencia de que el verano y las vacaciones ya pasaron, es el resumen de la tarjeta de las vacaciones.

“No quiero alcanzar la inmortalidad a través de mi obra. Quiero alcanzarla no muriéndome”, Woody Allen


Mis sueños en los días con sus noches de febrero son como mis piernas, son como el mismo mes del que hablo, son cortos. Pero no cortos de cortedad intelectual, sino como lo contrario de vastedad material. Muchas veces he contado que mis sueños, como mis risas, nunca cierran por vacaciones, pero si bien ejercito la mente contándoles de mis sueños (y que tales cuentos provienen del dormir), ellos también necesitan también un descanso, y es cuando febrero entra en acción.

 

Es que febrero pasa como pasan los demás meses, pero como es más corto, pasa más rápido; y sí, es una obviedad y no merece explicación alguna, pero febrero tiene ese trajinar de preocupación futura, como recuerdos del futuro por venir, y veo en ese andar prevenido, que la gente va sufriendo febrero, que lo va desviviendo con la profunda inquietud de lo que va a venir, como por ejemplo: Marzo. Es que comúnmente con el mes de marzo llega la escuela o el colegio de los chicos, la canasta escolar, el fin de la temporada vacacional, el comienzo de las mediciones económicas del gobierno; marzo es la firme sentencia de que el verano y las vacaciones ya pasaron, es el resumen de la tarjeta de las vacaciones (si las hubo), son los cuarenta grados de calor y el “no sé cuánto por ciento” de humedad que sube los niveles de calor y transpiración de los primeros días otoñales y que sufriendo semejante calor hay que pensar que ya se viene las pascuas y que hay que comprar los huevos de chocolate y que andá a saber cuánto más van a costar éste año y otras cosas por el estilo. Febrero es un mes corto a propósito, estoy seguro, febrero es una broma del almanaque.

 

“Si malo es enero, peor es febrero” sentencia el refranero español, tan afecto a refranes y aforismos que el tiempo supo construir a base del ingenio y la sabiduría popular. Pero estoy siendo injusto con el mes más acotado del calendario. Porque febrero nos regala el carnaval, y también la fecha en donde se festeja el amor. Donde los festejantes buscan a su amor para amortizar el no amor. Soy sincero, no me acuerdo cuando empezó el festejo del día del San Valentín por estas tierras, o el día de los enamorados como se lo conoce aquí al festejo del 14 de febrero; pero en mi época de adolescente enamoradizo furtivo y rapaz, no existía tal día. Lo empezamos a ver, y hablo desde lo colectivo, en la década de los años 80° con la profusión de películas de adolescentes con amores desencontrados o inverosímiles, en las películas de terror, también con adolescentes quemantes llenos de deseos de amar carnalmente a su amada, que los llevaban indefectiblemente a cabañas solitarias en medio de bosques solitarios con asesinos en serie solitarios. Pero también los ochenta fueron prolíficos en bandas musicales que dentro de su discografía crearon auténticas joyas musicales de canciones llamadas “lentas” que hablaban de amor (cuándo no).

 

John Paul Young, allá por el año 78, llegó a la cima de su fama con el tema “Love is in the air”, estoy seguro que con la lectura del título de la canción unos cuantos la deben estar tarareando en estos precisos momentos. El amor está en el aire, pero en estos últimos tiempos también el odio combustiona los pulmones de unos tantos y otros pocos. El amor desmedido hacia una figura pública o política se decanta en odio automático hacia su contrincante o referente opositor. Uno ya no está en las antípodas del pensamiento, no, uno pasa a ser anti, el otro que no piensa como uno pasa a ser el objeto más despreciado y odiado. La línea entre los que se consideran los “nosotros” y los “ellos” ya no es más una línea, es un océano delimitado por un acantilado de dos paredes paralelas e infinitas, donde por el medio corren aguas infestas de tiburones, pirañas y cocodrilos hambrientos. Pero en esas aguas estamos todos, y es una lástima que el odio venza al amor. Ese amor al que siempre, todos los artistas, desde los poetas, los bardos, los escritores, escultores, etc. dedicaron un momento a su obra. Ese amor que se escribe en una canción para ser cantada en los principales teatros de ópera y que es tan intensa y viva como la grafía del niño que expone los sentimientos en un papelito para pasárselo a la compañerita de cuarto grado a tres bancos del suyo. El mismo amor de Cupido con sus flechas envenenadas de amor, o el de San Valentín, que perdió la cabeza por amor a los otros, y por el amor de los otros (San Valentín fue ejecutado por decapitación porque casaba a los soldados romanos a escondidas, desobedeciendo una orden del emperador). Uno con un arma que en vez de usarla para la guerra la usaba para el amor, otro, que les otorgaba la propiedad de amarse en matrimonio con sus amadas a hombres que hacían la guerra. Moralejas del amor.
 

 

Festejemos el amor en febrero, pues como dice otro refrán, a donde el corazón se inclina, el pie camina.

 

Febrero es un mes corto a propósito, estoy seguro, febrero es una broma del almanaque. Pero estoy siendo injusto con el mes más acotado del calendario. Porque febrero nos regala el carnaval, y también la fecha en donde se festeja el amor. Donde los festejantes buscan a su amor para amortizar el no amor.
 

 


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