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Jueves 20.02.2020 - Última actualización - 15:35
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Esquirlas de la transición

Trabajadores de espacios culturales no cobran, ni saben si continúan

La Redonda, el Molino y los Aleros están unidos por la incertidumbre: casi la mitad de su personal son contratados temporales. El traspaso de mando les dejó promesas incumplidas, sueldos adeudados y preocupación por la conservación del empleo. 

Un clásico: los carnavales en La Redonda. Pero este año, muchos de quienes trabajan ahí no tienen motivos para festejar. Crédito: Archivo El Litoral / Manuel Fabattia Un clásico: los carnavales en La Redonda. Pero este año, muchos de quienes trabajan ahí no tienen motivos para festejar.
Crédito: Archivo El Litoral / Manuel Fabattia

Un clásico: los carnavales en La Redonda. Pero este año, muchos de quienes trabajan ahí no tienen motivos para festejar. Crédito: Archivo El Litoral / Manuel Fabattia



Esquirlas de la transición Trabajadores de espacios culturales no cobran, ni saben si continúan La Redonda, el Molino y los Aleros están unidos por la incertidumbre: casi la mitad de su personal son contratados temporales. El traspaso de mando les dejó promesas incumplidas, sueldos adeudados y preocupación por la conservación del empleo.  La Redonda, el Molino y los Aleros están unidos por la incertidumbre: casi la mitad de su personal son contratados temporales. El traspaso de mando les dejó promesas incumplidas, sueldos adeudados y preocupación por la conservación del empleo. 

En las tardes santafesinas, la niñez y la juventud recibe alojamiento para sus tiempos libres en distintos espacios culturales. Fines de semana y feriados incluidos, varias zonas de la capital cuentan con ambientes que los protegen de los denominados “peligros de las calles”. El conjunto de edificios está conformado por La Esquina Encendida en barrio Don Bosco, El Molino en Candioti y La Redonda en Sargento Cabral (Tríptico de la Imaginación), junto a Sapukay en Rincón y los Aleros en Coronel Dorrego y Las Flores. Al igual que en distintos puntos de la provincia, estos lugares propician el aprendizaje poniendo la creatividad en juego y por medio del afecto. Sin embargo, la situación de gran parte de su personal no da pie para la fantasía, ya que la realidad los encuentra sumidos en la incertidumbre. Llevan años de reclamos, largo tiempo de atraso salarial y horas de reuniones respecto de su futuro. 

 

“Abrimos los espacios, pero sin saber qué va a ser de nosotros”, sostienen desde la autodenominada “Asamblea de precarizados del ministerio de Cultura”, quienes escogieron resguardar nombres propios para darle preponderancia al colectivo que integra el personal contratado. Luego del receso administrativo, reclaman por lo que ya pasó y también por lo que viene. “Haciendo números” contabilizan 73 días sin cobrar, promesas incumplidas de la gestión anterior e incertidumbre sobre su futuro laboral en la gestión entrante. Cuentan que todo se intensificó al momento del cambio de autoridades. Dicen que en ninguno de estos espacios culturales recibieron respuestas, y que lo mismo sucede a nivel interministerial. Advierten que hay una gran cantidad de contratos en revisión, producto del decreto 89. Mientras aclaran que a la fecha “comenzaron a ingresar algunos pagos”, temen por un posible criterio de la desvinculación. 

 

Contratos a la deriva

 

Los asambleístas son conscientes de que “la discusión ya viene de antes”. Entienden que “la precarización no llegó el 10 de diciembre”, pero que “tampoco vemos capacidad de resolución”. “La incertidumbre que hay es muy angustiante. Estamos sin cobrar y, al mismo tiempo, sin poder planificar. Ni siquiera tenemos presupuesto para los materiales de trabajo”, advierten.

 

Los trabajadores mencionan que siempre estuvo la promesa de pase a planta, pero nunca llegó. Ahora, no saben ni siquiera cuál será su futuro. Coinciden en que la contratación fue una metodología extendida para lograr implementar con extensión los programas socioculturales en la gestión anterior. E identifican tres tipos de modalidades: anual, mensual, y hora cátedra.

 

La crónica que indicaron menciona que el 29 de noviembre les ofrecieron la renovación de contratos que, ante las indefiniciones, todos firmaron; el 9 de diciembre, un día antes del cambio de gestión, se concentraron en las sedes ministeriales de Rosario y Santa Fe para exigir el aval para los 170 involucrados; y el 10 de diciembre, último día, llegó la firma del exgobernador, Miguel Lifschitz. 

 

“Celebran” la continuidad, teniendo en cuenta que “nuestro reclamo es el pase a planta” y pese a que “son montos fijados en febrero del 2019”; Aunque, revelan su “intranquilidad” por las notificaciones de citación enviadas a los espacios, que establecen un plazo de 3 días para justificar la vinculación de los trabajadores con el ministerio que recaerá en una evaluación. 

 

Producto de las irregularidades, la notificación le llegó a todos por igual. “En los meses previos al cambio de gestión, se inauguraron espacios -como el Alero de barrio Las Flores y el Museo del Deporte en Rosario- que implicaron necesariamente nuevas contrataciones. De todas formas, hay gente que hace 4 años trabaja en el mismo lugar y le llegó la notificación igual”, explican-

 

Mucho ruido, pocas certezas

 

Saben que una nueva etapa está en marcha. Parados en los dos meses de funcionamiento de la gestión entrante, trazaron una doble caracterización: “Desde la teoría, se comparte la necesidad de los espacios; desde la práctica, no hay hechos que respalden el discurso”.
Resaltan el diálogo fluido con las nuevas autoridades, pero priorizan una perspectiva de derechos y no de posicionamientos políticos.

 

Dicen “entender” el contexto, aunque advierten que “la ley de Necesidad Pública no parece tener como destino al área de cultura”.

 

Asimismo, aducen un acompañamiento laxo de parte de los gremios. “No contamos con aval gremial para las asambleas, pese a las solicitudes”, dicen. Y alegan “la necesidad de organizarnos” frente a la falta de insistencia sobre las demoras en los compromisos de las autoridades.

 


Decreto 89 

 

Según las argumentaciones oficiales, fue sancionado para hacer cumplir la ley de responsabilidad fiscal que, en su artículo 15 bis, establece que no está permitido generar actos administrativos en los últimos dos trimestres de gobierno que, luego, impacten en los gastos corrientes de la gestión entrante. 

 

Desvinculación

 

Entre los pormenores, destacaron el caso de una “desvinculación” en El Alero al que -contrato de coordinación y licencia de maternidad de por medio- decidieron no prorrogar el vínculo. Lo diferencian del término despido, pero temen que siente precedente para quienes no sean certificados por la junta revisora. 

 

Interministerial

 

Producto de la transversalidad de la metodología, también existe una asamblea interministerial denominada “Santa Fe precarizada”. Advierten que hay situaciones “mucho más graves” en las distintas carteras. Y reparan en que todavía hay áreas sin responsables designados, dificultando aún más una resolución.

 


170 trabajadores se encuentran en esta situación a lo largo de toda la provincia.

47 contratados trabajan en los distintos espacios culturales de nuestra capital.
 

Esquivando la violencia

 

En un contexto de violencia creciente, las preguntas de fondo involucran de manera ineludible el sostén que realizan estos trabajadores: ¿Cuán necesarios son estos espacios? ¿Qué aportan para la construcción de una sociedad mejor?

 

Al respecto, las respuestas mencionaron que las propuestas buscan “promover un trato afectuoso” y “aprender a relacionarse a partir del juego”. “Procuramos construir formas alternativas de convivencia e intentamos tener dispositivos lúdicos de primer nivel y personal capacitado para construir una mejor ciudadanía”, completaron. 

 

Además, contaron que son “los mismos jóvenes que concurren quienes nos hacen saber de la importancia de contar con estos espacios”. “Podemos tener un lugar muy lindo: pero, si el trato no es cálido y no buscamos dar cobijo, los chicos van a seguir eligiendo la calle con los peligros que conlleva”, reclamaron. 

 

Para lograrlo, dijeron que necesitan de la tranquilidad: “Es difícil coordinar tareas amistosas cuando se está pensando en que te podes quedar sin trabajo en breve”. Por lo que, “evitando generar paranoia”, creen “necesario transmitir la realidad” tanto a sus propios compañeros (efectivos y residentes) como de las familias que asisten. 

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Mauro L. Muñoz


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