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Sábado 29.02.2020 - Última actualización - 9:21
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“Palabras degolladas, Alfonsina Storni en Coronda”

A la sombra del mito

El documental de la realizadora santafesina Belén Altamirano describe la breve estadía de la poetisa en la ciudad costera. En diálogo con El Litoral, la directora repasó su proceso creativo y las ideas que lo impulsaron.

 


Altamirano, la actriz Cintia Bertolino, y parte del equipo de rodaje de las escenas de recreación poética. Foto: Gentileza producción
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“Palabras degolladas, Alfonsina Storni en Coronda” A la sombra del mito El documental de la realizadora santafesina Belén Altamirano describe la breve estadía de la poetisa en la ciudad costera. En diálogo con El Litoral, la directora repasó su proceso creativo y las ideas que lo impulsaron.   El documental de la realizadora santafesina Belén Altamirano describe la breve estadía de la poetisa en la ciudad costera. En diálogo con El Litoral, la directora repasó su proceso creativo y las ideas que lo impulsaron.  

 

El domingo a las 20, en el Cine América (25 de Mayo 3075), se estrenará oficialmente el unitario documental “Palabras degolladas, Alfonsina Storni en Coronda”, de la realizadora santafesina María Belén Altamirano, que aborda los años de vida de la escritora en la cabecera del departamento San Jerónimo; lugar donde estudió y se recibió de maestra.

 

El filme toma este suceso como excusa para contar un antes y un después: lo que significó Alfonsina Storni como mujer en la sociedad corondina de la época previo a consagrarse como poeta reconocida, y lo que sucedió luego de su partida. Pone el acento en su figura de mujer y artista y lo que representó tanto para la gente de la ciudad como para la sociedad argentina. Contó con el apoyo Espacio Santafesino el Instituto de Cine y Artes Audiovisuales de Santa Fe (Iscaa), el Taller de Cine de la UNL, y varias instituciones de la ciudad de Coronda y Santa Fe.

 

En la previa, Altamirano dialogó con El Litoral para contar sus ideas y vivencias en torno a su obra.

 

 

El origen

 

—Habías hecho un trabajo preliminar, con eje en la casa donde vivió.

 

—La demolición de la casa de Alfonsina. Fue en 2005, cuando yo estaba en primer año del Iscaa.

 

—Viviste en Coronda varios años. La presencia de Alfonsina allá es más fuerte para ustedes, afuera es un capítulo que se cuenta muy rápido.

 

—Siete años. Justo pasé ahí mi infancia, porque mi viejo (Ramón Altamirano) era el director de la Escuela (ex Normal), mi vieja (Mónica Muchiut) también trabajaba en la escuela. Se fueron ahí hasta que a él le salió el traslado al Almirante (Brown).

 

Para mí era un mito Alfonsina cuando era chica: no sólo había vivido ahí, sino que yo vivía a una cuadra de su casa, que ya estaba totalmente deteriorada. Jugaba en esa casa abandonada, nos metíamos y no sabía. Hasta que un día me dijeron: “Esa casa que vos vas era de ella”, y me señalaron un cuadro cuando inauguraron un ala de la escuela llamada Alfonsina Storni.

 

Ahí estuve hasta los diez años. La demolición fue un disparador, pero ahora está más centrada en su figura, en la valoración que se le dio en Coronda y la valoración que se le dio después: todo es una excusa para hacerle un humilde homenaje que abarque un poco su poesía. Hago muchas recreaciones en actuación y animación de su poesía.

 

 

Transgresora

 

—Son los años formativos: ella empieza a escribir, poco tiempo después queda embarazada.

 

—Era muy jovencita. Termina la carrera en muy poquito tiempo, hay unos escritos que son el documento de que estuvo allí, como “El maestro”, el gran poema que le dedica a su directora, María Margarita Gervasoni. Algunos lo toman como sus primeros escritos, pero ella ya estaba haciendo sus primeras armas. No había sacado ninguna obra: “La inquietud del rosal” es de 1916, esto sucedió en 1909, 1010; tenía 18, 19 años. De ahí se fue a Rosario, ahí quedó embarazada y se fue a Buenos Aires.

 

—Se perfila como mujer trabajadora, periodista, madre soltera.

 

—Llegó sin nada, tuvo que remarla un montón: ese es el lado que más me interesó ahora abarcar. La figura de una mujer luchadora para el momento, que transgredió los parámetros de la sociedad. No se callaba la boca. En Buenos Aires empezó a escribir en diarios como La Nación y la revista La Nota.

 

—Hacía una crítica de las señoras de la alta sociedad.

 

—Claro: eso está incluido en este documental. Le hice una entrevista a Tania Diz, investigadora del Conicet, escritora, escribe en Página 12. Ella investigó ese lado de Alfonsina, y pude hacerle una nota porque fue a dar una charla en Coronda en el Instituto del Profesorado. Eso se dio antes de ganar Espacio Santafesino y empezar.

 

Ganamos la convocatoria 2015, filmamos en el 2016, y la posproducción me llevó cuatro años (risas). Quedé abandónica... no, abandonada: abandónico es mi grupo (risas). Fue remarla un montón, hubo gente que siempre me apoyó pero no estaba en mi equipo. En el rodaje hubo gente que después se fue y se sumaron otros.

 

 

Definiciones

 

—¿Cuanto quedó de la idea original?

 

—La idea se mantuvo. No hubiera sido lo mismo si se hubiera estrenado en 2016, hoy en 2020 tiene mucho que ver con el surgimiento del feminismo que se dio en los últimos años. Hubiera sido un boom en 2016; me perdí un montón de cosas por no haber estrenado antes (risas).

 

—Pero ganaste en miradas.

 

—Fui incluyendo cosas en el camino. Lo cual no está bueno, soy de las que tienen un guión y listo, no podés estar montándolo toda la vida y hacer un Frankenstein. Eso es lo malo de estar en la posproducción sola (aunque había gente que me apoyaba): nadie te dice “esto cerraba mejor acá”. El montaje tenés que cerrarlo porque si no seguís poniendo todo tu ego ahí.

 

—¿En qué momento llegaste al recorte de lo que querías hacer?

 

—Fue un proceso muy arduo. En 2015 tuve el primer guión para centrarme en la figura y dejar atrás lo de la demolición, el primer corto que hice que fue como la previa; es material de archivo que uso muy poquito pero está. Ahora incorporé lo de Tania y el testimonio de Fernando Roggero, director del Museo de Coronda: él es la clave que va hilando los testimonios. También metí testimonios de “gente común”: cualquiera que entrevistes en la plaza de Coronda algo te va a decir sobre Alfonsina.

 

Las voces que siguen estando son Juan Cruz Giménez (licenciado en Historia corondino) y la “Tila” (Alcira Marioni Berra), que falleció el año pasado, pero quedó su testimonio que es valiosísimo: era “la” historiadora corondina: ella reconstruyó todos los documentos, tenía todo. Sin ella no habría tenido acceso al poema “El maestro”. La tía de la Tila fue la profesora de Castellano de Alfonsina.

 

 

Palabra y cuerpo

 

—¿Cómo introdujiste las partes ficcionales?

 

—Me interesaba hacerlo de un modo abstracto, no hacer la típica recreación. Al principio ni siquiera se iba a ver su rostro, pero estaba tan linda Cintia (Bertolino) que había que ponerla. La intención era una recreación poética, basada en las poesías que fui eligiendo, no se recrea ningún momento de ella.

 

—La voz es Cecilia Volken...

 

—Sí, ella hace la voz en off, y el cuerpo lo pone Cintia. Para la interpretación hicimos un casting a fines de 2005. Yo quería que fuera Cintia, pero estaba abierto a que me deslumbre alguien; ella se llevó todos los premios. La Ceci es amiga personal, también pensé en ella cuando necesitaba una voz en off; si bien tiene una voz de locutora, también tiene su lado artístico, es actriz. Necesitaba alguien que lo sienta y actúe la poesía, lo diga de otra manera. Trabajamos mucho, lo hicimos varias veces para buscar que se saque la locutora

 

—También hay música de Cintia y Franco Bongioanni.

 

—En el guión había una escena en la que se escucha una canción conocida por todos, “Alfonsina y el mar”, y abordar a la gente por ese lado. Ellos interpretan la canción.

 

Algo que quería era desmitificarla como “la poeta romántica, que murió por amor”. No es así: sus escritos son súper irónicos, con crítica social, que no se muestra. Parece Alfonsina era una boluda porque la dejó alguien. En la entrevista, Tania habla de eso: su prosa períodica era un ejemplo de eso. Ella fue una militante feminista, sin duda, aunque ella no lo quería reconocer. Gracias a ella tenemos un montón de derechos. Por eso esa canción me da cringe: no la representa, la estanca.

 

 

Espacios

 

—No incluye el apellido en el título, como “Juana Azurduy” u otras en “Mujeres argentinas” de Luna y Ramírez...

 

—Todo el mundo tiene una idea de quién es Alfonsina, a diferencia de Juana, o por ejemplo...

 

—Julieta Lanteri, Cecilia Grierson, la generación “pionerista”.

 

—Hay una escena que tiene que ver con esas mujeres que marcaron: la figura de mujer de la época, lo que tuvieron que pelear. Ella no se sentía cómoda entre las feministas de la época, pero compartían propósitos como por el ejemplo el divorcio.

 

—Buena parte de su aporte fue el ocupar espacios: ves la foto de todos los escritores y Alfonsina la única mujer.

 

—Una mujer que pueda ser por sí misma. En esa época no se veía. Cuando llegó a Coronda, que era mucho más chica, se dedicaba al teatro: estaba muy mal visto para una mujer. Hacer la carrera de maestra fue como limpiar su honor, porque era un trabajo serio de mujer. Pero que haya una escuela pública le permitió eso, ella fue becada, no tenía nada de plata cuando fue a Coronda.

 

Que otras mujeres te vean que estás en el lugar de los hombres fue un montón para la época. Cuando se murió le reconocieron todo lo que hizo, como siempre pasa. Porque todo lo publicó en La Nota y La Nación era prosa periódica muy irónica sobre el lugar de la mujer; obviamente con seudónimo.

 

—Muchas figuras literarias trabajaron en periodismo, sobre todo las que no venían de clases acomodadas.

 

—Lo triste es pensar que si algo de todo esto se le hubiese reconocido no se hubiese suicidado. A pesar de que ella se suicida por un cáncer de mama, uno se pone a pensar en esas cosas: todas las trabas que ella tuvo. Es mi percepción: todo el cansancio y el dolor de esa mujer, no aguantó más y se fue a suicidar al mar; porque podía morir en su casa. No, se tiró al mar y dejó un poema que dice “me voy a dormir”.

 

 

Expandir

 

—Ahora cierra esta etapa. ¿Estás pensando en algo nuevo?

 

—Descanso, me voy al Tíbet (risas). Tengo proyectos internos del Iscaa, pero no proyectos grandes como este. Estoy haciendo el profesorado; también soy docente, trabajo de eso y me gusta, por suerte (podría padecerlo). Le estoy poniendo pilas a la productora Ojos de Caleidoscopio: hay que remarla un montón ahora para hacer trabajos audiovisuales acá.

 

Lo que sí tengo que ponerme las pilas es para mandar este proyecto a todos lados: tengo fe en que va a ser aceptado en festivales y otros lugares para la exhibición.

 

 

Equipo

 

Guión y dirección: Belén Altamirano.

Dirección de fotografía: Diego Pratto.

Dirección de arte: Hernán Romero.

Jefe de producción: Luciano Giardino.

Sonido directo: Iván Paciuk.

Música original: Sebastián M. Britos.

Montaje: Belén Altamirano.

Asistentes de producción: Iván Gómez, Julieta Oberlin.

Cámaras: Belén Altamirano, Diego Pratto.

Asistente de cámara / gaffer: Tomás Altamirano.

Postproducción sonora: Sebastian M. Britos, Belén Altamirano.

Postproducción de color: Marcos Martínez.

Actuación: Cintia Bertolino.

Voz en off poesía: Cecilia Volken.

Performance musical: Cintia Bertolino y Franco Bongioanni.

Autor:

Ignacio Andrés Amarillo


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