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Sábado 14.03.2020 - Última actualización - 19:56
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Peisadillas

Pandemonio de la infodemia

“Todo viene de china”... por eso las fábricas chinas toman medidas para prevenir y detener la propagación del nuevo coronavirus.  Crédito: Agencia Xinhua“Todo viene de china”... por eso las fábricas chinas toman medidas para prevenir y detener la propagación del nuevo coronavirus.
Crédito: Agencia Xinhua

“Todo viene de china”... por eso las fábricas chinas toman medidas para prevenir y detener la propagación del nuevo coronavirus. Crédito: Agencia Xinhua



Peisadillas Pandemonio de la infodemia Todos caemos, y quedamos expuestos a la trampa informativa, porque todos estamos a expensas y sin defensas ante el incesante tráfico que se multiplica a la misma velocidad del virus.

 “El hábito de la desesperación es peor que la desesperación misma”, Albert Camus

 
Extraños despertares se viven en estos sofocantes días de marzo. Marzo agobia, a este pobre mes que le tocó en suerte ser el mes post vacacional; es el mes del comienzo de las clases, o de los que tienen que dar el/los examen/es para saber si su destino es ser repitente/s o pasar de año sin dilaciones. Marzo es también el mes de la apertura de las sesiones donde los políticos y sus votos decidirán y regirán los destinos de la sociedad santafesina y nacional, con sus marchas y contramarchas, el de las trenzas (de las nenas en su primer día de clases y la de los políticos).

 

Marzo mata con su humedad al tanto o más por ciento que otros meses, marzo es un mazazo que nos despierta de las siestas vacacionales y nos pone en el medio de la realidad circundante como meros convidados de piedra, y nos vemos ahí, tan desamparados, tan chiquititos, tan solitarios y un gran -enorme- signo de interrogación sobre nuestras cabezas que nos interroga si el otoño que antecede al invierno será benevolente con nuestras castigadas humanidades.
 

¿Nos iremos a Marzo otra vez? Ese miedito adolescente que sentíamos cuando íbamos a recibir las calificaciones a sabiendas de que no habíamos tenido un buen desempeño escolar; o ese vacío en la panza de domingo por la noche tan parecida a esa angustia infantil que nos agarraba cuando nos veíamos acorralados por nuestros padres por culpa de esa pillería que quedó al descubierto.

 

Detesta mi testa pensar en esas viejas angustias infantiles, mi viaje interno hoy tiene restricciones que escapan a mi entendimiento, ¡bah! entiendo que tenemos que desentendernos atendiendo las necesidades urgentes, para así atender a las preocupaciones presentes que hoy nos acogen por detrás, sin decir “agua va”, por ese bicho viajero y traidor, que viene cada marzo con los primeros fríos o de humedades inhumanas, ese bichito que muta de forma y de nombre, y que en este caso ya no es más un cuento chino. “Todo viene de china” me decía un amigo con un celular último modelo, hecho en China, inserto en una funda colorida “made in China”, mientras pinchaba un queso gouda -argentino- con un palillo que también estaba fabricado en China y sobre un mantel cuya etiqueta delataba que había sido manufacturada en alguna empresa de la China. Mi amigo es bastante calentón, es protestón y medio en serio y medio en joda me decía -y repetía para quien quisiera oírlo- en la mesa de bar, que seguramente era de alguna industria china, que tendríamos que abrir los ojos ante la invasión del “Colona Vilus” (chistecito fácil y al pie). Mi amigo, no voy a decir el nombre para resguardarme por futuras acciones legales contra mí, me dijo algo así, muy suelto de cuerpo, que la invasión de éste tipo de gripe no era “moco de pavo” y que hay muchas cosas que no se dicen, mirada cómplice y con un discreto carraspeo burgués, casi flemático en sus formas, me dijo “estamos cagados”.

 

Con sus palabras y algunas palabrotas de filósofo argento terrenal rebotándome en la cabeza y cavilando con el entrecejo en rictus de preocupación real, empecé a prestar con mucha preocupación las amarillistas (por lo sensacionalistas, no porque provenían de China) noticias del mundo y de nuestras pampas. Primero fue la desestimación y la inacción, luego esa furiosa catarata de memes, en la que asistimos con gracioso estupor y curioso morbo, tan característicos de nuestra más o menos humana forma de ser. Esa profusión de noticias falsas y malintencionadas las llamadas “fake news”. El incesante tráfico de información falsa se propaga a la misma velocidad del virus, entonces asistimos impávidos a videos o partes de prensa o a informaciones supuestamente “serias” y de fuentes confiables, pero también circulan otras de dudosa calidad y de más dudosa procedencia, pero sin excepción, o mejor dicho, con algunas honrosas excepciones, terminamos normalizando lo falso, nos acostumbramos a informarnos por “flyers” y videos. Endiosamos a lo que circula en las redes como si fueran verdades de fe. 

 

Testificamos y perjuramos que lo que vimos es verdad, porque “me lo mandó un amigo que tiene la posta”, o porque tiene un logo que es creíble y su institucionalidad no lleva duda alguna. Todos caemos, y quedamos expuestos a la trampa informativa, porque todos estamos a expensas y sin defensas ante el incesante tráfico que se multiplica hasta en los medios tradicionales. Es muy común que los propios canales de información difundan los tuits o las publicaciones virtuales en sus programas. Ya no se acostumbra ir a las fuentes, pareciera que la fuente más confiable es aquella que tiene más “Followers” y que publica que tiene repercusión “viral”. Nunca mejor puesta esa palabra, se “viraliza”, se contagia, se reproduce sin control.

 

Todos estamos en este “Pandemonio”, palabra que se define como: lugar o sitio en que hay bastante ruido, sonido, tumulto, confusión, desorden y caos. No solo estamos expuestos en la globalidad de nuestra gran aldea celeste a las enfermedades y las catástrofes, también tenemos una nueva enfermedad que se transmite a la velocidad de la luz o de los bytes, la “infodemia”, que es la circulación de información falsa sobre el coronavirus y que termina atentando en la precepción de lo que es real o no.

Me despido con un sincero saludo a dos metros de distancia. Me vas a ver sin barbijo, pero seguro en algún bar nuevo.

 

El incesante tráfico de información falsa se propaga a la misma velocidad del virus, entonces asistimos impávidos a videos o partes de prensa o a informaciones supuestamente “serias” y de fuentes confiables, pero también circulan otras de dudosa calidad y de más dudosa procedencia.

Endiosamos a lo que circula en las redes como si fueran verdades de fe. Testificamos y perjuramos que lo que vimos es verdad, porque “me lo mandó un amigo que tiene la posta”, o porque tiene un logo que es creíble y su institucionalidad no lleva duda alguna. 


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