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Lunes 16.03.2020 - Última actualización - 7:02
7:00

Recomendaciones sobre cómo actuar y adónde recurrir

La palabra y la escucha, aliadas clave para prevenir un abuso sexual infantil

Una especialista explica las señales a las que padres y educadores deben estar atentos -en forma preventiva- ante la eventualidad de un abuso contra un niño, niña o adolescente. El relato de ellos es central. También, advertir cambios de conductas repentinos, o el miedo de un pequeño hacia una persona o a lugar determinado.

“Es importante aconsejar que el diálogo o intercambio con niños, niñas y adolescentes sea en un momento y espacio en donde éstos estén cómodos, y dispuestos a escuchar y a ser escuchados”, dice Vessoni. Crédito: Archivo El Litoral“Es importante aconsejar que el diálogo o intercambio con niños, niñas y adolescentes sea en un momento y espacio en donde éstos estén cómodos, y dispuestos a escuchar y a ser escuchados”, dice Vessoni.
Crédito: Archivo El Litoral

“Es importante aconsejar que el diálogo o intercambio con niños, niñas y adolescentes sea en un momento y espacio en donde éstos estén cómodos, y dispuestos a escuchar y a ser escuchados”, dice Vessoni. Crédito: Archivo El Litoral



Recomendaciones sobre cómo actuar y adónde recurrir La palabra y la escucha, aliadas clave para prevenir un abuso sexual infantil Una especialista explica las señales a las que padres y educadores deben estar atentos -en forma preventiva- ante la eventualidad de un abuso contra un niño, niña o adolescente. El relato de ellos es central. También, advertir cambios de conductas repentinos, o el miedo de un pequeño hacia una persona o a lugar determinado. Una especialista explica las señales a las que padres y educadores deben estar atentos -en forma preventiva- ante la eventualidad de un abuso contra un niño, niña o adolescente. El relato de ellos es central. También, advertir cambios de conductas repentinos, o el miedo de un pequeño hacia una persona o a lugar determinado.

Un enojo y un berrinche repentino; el decaimiento anímico y la desconexión con el medio social; la solitaria introspección; las pesadillas, la ansiedad, un llanto inesperado. Todo esto, al igual que muchas otras conductas, puede estar diciendo algo en un niño, una niña o un adolescente. Y dentro de ese abanico de posibilidades de lo que las conductas dicen sin palabras, aparece un problema de implicancias dramáticas: el abuso sexual infantil.

 

¿Cómo deben actuar los padres y educadores? ¿A qué señales tienen que estar atentos, cómo detectarlas y de qué manera proceder preventivamente ante la sospecha de un eventual caso de abuso? Todas estas preguntas inquietan, quizás por falta de información pública que sirva como herramienta para saber con claridad de qué forma actuar.

 

El abuso sexual infantil contra niños, niñas y adolescentes (NNyA) se define desde Unicef como “una de las peores formas de violencia contra la niñez y adolescencia” (“Guía para tomar acciones y proteger sus derechos”, 2017). Se trata de prácticas sexuales que puede ir desde sacar fotos o tomar filmaciones y tocamientos, hasta la violación de un adulto a un NNyA. Aquél usa “medios” para alcanzar su “fin”: del abusador a la víctima, “la extorsión, la amenaza, la manipulación y el secreto aparecen como base. El secreto es la trampa del abuso sexual infantil, porque si no estuvieran ni el secreto ni el silencio, el abuso no podría perdurar”, le dice a El Litoral Paula Vessoni, psicóloga y especialista en la materia.

 

¿Qué es el secreto? Es el “no le cuentes a nadie lo que te estoy haciendo”, bajo amenaza o mediante manipulación. “Aquí el adulto abusador le dice a su víctima (niño, niña o adolescente) que todo se trata ‘un juego’. Puede invadir su cuerpo con caricias que llevan a confundir (a la víctima), o con cosquillas que son ‘especiales’ o ‘distintas’. El ‘método’ de manipulación va variando de acuerdo a la edad del niño y a las características del agresor”, añade la experta.

 

Para padres y educadores: estar atentos para prevenir

 

—En términos preventivos, ¿a qué señales hay que estar atentos ante un eventual caso de abuso sexual infantil, en un ámbito intrainstitucional, (dentro de una escuela) o intrafamiliar, es decir en un hogar?

—Existen indicadores específicos e inespecíficos. Entre los específicos aparecen el relato, la palabra y la voz del niño, niña o adolescente: lo que puedan contar. También están los indicadores biológicos (relacionados con el propio cuerpo). Y los indicadores inespecíficos (que varían de acuerdo a la edad, pues no es lo mismo un pequeño de nivel preescolar que un adolescente de la secundaria) tienen relación con situaciones estresantes, y que ellos las manifiestan de esa manera: con estrés en sus conductas.

 

Otro ejemplo puede ser el rechazo de un niño de ir a un determinado lugar, manifestaciones de miedo o mucha angustia por una determinada persona o lugar. Esto puede tener relación con una situación de abuso sexual o no, pero es necesario estar alertas a los signos, y consultar.

 

Otro ejemplo: en un adolescente se pueden encontrar conductas vinculadas con estados de tristeza o angustias inexplicables, bajo rendimiento escolar, autoagresiones, trastornos alimentarios e incluso intentos de suicidio. Esas son las alarmas, son las luces que se van prendiendo y sobre las cuales tenemos que estar atentos. Insisto en que la palabra del niño, niña o adolescente es el indicador más específico e importante. Hay que escucharlos y creerles.

 

Cómo actuar y adónde recurrir

 

—¿Cómo debe actuar un padre o una madre al advertir estas señales? ¿Qué se debe hacer, a qué instituciones recurrir?

—Cuando un adulto, cuidador o responsables puede escuchar un relato, por ejemplo cuando un niño cuenta algo en confianza y que abre la sospecha de un eventual abuso, se debe tomar registro en lo posible, contenerlo y dirigirse a las instituciones de referencia en infancia para tener un asesoramiento adecuado a las características de la situación planteada y realizar la denuncia para que se investigue y se proteja al niño, niña o adolescente.

 

Algunas instituciones de referencia son la Subsecretaria de Niños, Niñas y Adolescentes; Centro de Orientación a Víctimas —conocido como “comisaría de la mujer”—, Defensoría del Pueblo, Centro de Asistencia a Víctimas, y el Ministerio Público de la Acusación (MPA).

 

—En toda esta problemática, ¿qué importancia tienen la pedagogía en el aula y la Educación Sexual Integral (ESI)?

 —Creo que la base para la prevención es la comunicación, la palabra, con los alumnos, pacientes y familiares. Aparecen cosas muy chiquitas pero que son importantes, porque quizás se está diciendo algo. Que los chicos —por caso— puedan nombrar e identificar como corresponde las partes del cuerpo, ya es una medida para empezar a prevenir. Que ellos puedan empezar a ser autónomos (siempre dependiendo de la edad) en esto de cuidar su propio cuerpo, al momento de bañarse o de cambiarse, es prevención. También que el adulto habilite a que el niño o niña pueda decir que tal o cual tipo de abrazo no le gusta o lo incomoda, es muy importante. Esto debe ser respetado por el otro. Son modos para que los niños adquieran herramientas de cuidado desde edades tempranas.

 

Otra cuestión muy importante son los secretos: es necesario diferenciar aquellos secretos que son buenos o divertidos y que el niño disfruta, de aquellos que son malos y que le hacen mal a uno mismo o a terceros. Además, hay una gran cantidad de material bibliográfico y pedagógico que se puede trabajar en un hogar y por supuesto en el aula. Estos materiales ayudan mucho, pues enseñan a prevenir eventuales casos de abusos sexuales infantiles: son herramientas muy valiosas: algunos ejemplos son “La mochila de Iripina”, “Estela grita fuerte”, “Los secretos de Julieta”, “Diversidad y género en la escuela” de Gabriela Larralde.

 

Estos y otros libros sirven para habilitarles la palabra, romper los silencios y darles (a los niños) más información sobre hábitos saludables y sus derechos, por ejemplo. Además, creo que la ESI es algo central, transversal en el desarrollo de las infancias.

 

“Es importante aconsejar que el diálogo o intercambio con niños, niñas y adolescentes sea en un momento y espacio en donde éstos estén cómodos y dispuestos a escuchar y ser escuchados. Muchas veces solemos charlar de estos temas cuando el adulto está disponible, y quizás el niño, niña o adolescente no. Por lo tanto, se deben respetar los momentos, espacios y deseos. Esto es fundamental para intercambiar información, escuchar, aclarar inquietudes y brindar ayuda”, concluye Vessoni.

 

El libro está destinado a niños, niñas, adolescentes y a todo aquel que desee comprometerse con la problemática.Foto: Facebook

 

 

 

“Iripina” y los libros: herramienta central

 

“La Mochila de Iripina” es un libro con fines terapéuticos y preventivos que Paula Vessoni publicó en 2015 para el abordaje del abuso sexual infantil. Esta destinado a niños, niñas, adolescentes y a todo aquel que desee informarse o comprometerse con la problemática del abuso sexual infantil.

 

“La Mochila de Iripina” tiene como objetivo “visibilizar la problemática a través de las narrativas y el arte, que son expresiones más cálidas para trabajar en las escuelas y en los entornos familiares. Y busca romper el silencio: todo se trata de empezar a hablar. Este cuento anima a las personas que pasaron por una situación de abuso sexual a que puedan empezar a sanar. “Porque lo que no se puede hablar, tampoco se puede sanar” enfatiza la especialista.

 

El cuento se basa en una historia real, es decir, de una paciente que pasó por una situación de abuso sexual infantil. Iripina es el nombre ficticio. “El cuento anima y es muy esperanzador. Este recurso está llegando a muchas personas, niños, niñas e incluso adultos que padecieron abusos sexuales en su infancia. En Facebook puede buscarse como “La mochila de Iripina”, y allí cualquier persona que haya pasado por una situación tan traumática pueda escribir contando su historia.

 

Vessoni encabeza también la campaña Animate, desde 2016. En este proyecto trabajan profesionales voluntarios que hacen todo a pulmón, y llevan este dispositivo, el libro, a muchas escuelas provinciales. También los alumnos pueden conocer la historia de Iripina en formato audiovisual. “Estamos llegando muchísimas instituciones educativas, y es muy positivo. Los resultados son alentadores —se entusiasma la especialista—. Estamos muy comprometidos con la prevención de esta problemática que genera tanto sufrimiento y daño para las infancias”.

 

Además, se trabaja en la campaña “Animate”, que tiene como objetivo la promoción de hábitos saludables y la prevención del abuso sexual a niños, niñas y adolescentes. “Animate” y el libro de la mochila de Iripina participaron el año pasado en un concurso “Inspire” de red por la infancia en Buenos Aires: el proyecto salió seleccionado por la Comisión Bicameral de Defensorías del Niño. “Esto fue para nosotros un gran reconocimiento para una iniciativa que apunta a la prevención del abuso sexual infantil”, concluye Vessoni.

 

La relación de poder

 

La relación del poder entre el sujeto abusador y la víctima (niño, niña o adolescente) es desigual y asimétrica. El primero impone una fuerza coercitiva con la cual se aprovecha por detentar el poder sobre la segunda, que lo padece porque está en una condición de desvalimiento e indefensión. “Esta asimetría biológica, psicológico-cognitiva y hasta lingüística, pone al niño en un estado de vulnerabilidad”, expresa la especialista.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Luciano Andreychuk


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