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Miércoles 18.03.2020 - Última actualización - 15:27
11:24

Pandemia y salud mental

Ni negación ni pánico: recomiendan un manejo responsable de la información

Marisa Mántaras, psicóloga y psicoanalista, hace hincapié en la importancia de abordar esta perspectiva en el manejo de la actual situación sanitaria. Y de sumar medidas que contemplen a sectores más vulnerables.

Poca gente en la terminal de colectivos de Santa Fe.  Crédito: Guillermo Di SalvatorePoca gente en la terminal de colectivos de Santa Fe.
Crédito: Guillermo Di Salvatore

Poca gente en la terminal de colectivos de Santa Fe. Crédito: Guillermo Di Salvatore



Pandemia y salud mental Ni negación ni pánico: recomiendan un manejo responsable de la información Marisa Mántaras, psicóloga y psicoanalista, hace hincapié en la importancia de abordar esta perspectiva en el manejo de la actual situación sanitaria. Y de sumar medidas que contemplen a sectores más vulnerables. Marisa Mántaras, psicóloga y psicoanalista, hace hincapié en la importancia de abordar esta perspectiva en el manejo de la actual situación sanitaria. Y de sumar medidas que contemplen a sectores más vulnerables.

Pandemia, coronavirus, COVID-19, casos importados, casos autóctonos, desabastecimiento, derrumbe de la economía, cuarentena, aislamiento social y, como consecuencia de estas últimas medidas -preventivas pero obligatorias-, la convivencia forzosa en ambientes familiares cuyos vínculos pueden resultar tóxicos o, en el otro extremo, la soledad más absoluta. ¿Cómo impacta el COVID-19 en la salud mental de la población? ¿Por qué es importante que este aspecto también sea considerado en la grilla de medidas?


Marisa Mántaras es Magister en Salud Mental, psicóloga, psicoanalista de profesión y experta en la vinculación de esta faceta sanitaria con la salud pública. Desde allí considera que, frente al bombardeo constante de noticias sobre la pandemia que preocupa y ocupa a todo el mundo, aparecen dos conductas claras: la negación defensiva de quien postula “esto no es para tanto”, y la gestión de temores infundados de aquellos que suponen que “todos nos vamos a contagiar” o “todos nos vamos a morir”. “Al virus lo conocemos desde 1971, está presente desde entonces, aunque éste es novedoso y particularmente contagioso; sin embargo, el año pasado en España hubo 6000 muertes por neumonía, y también hubo casos en la Argentina”, grafica.


Para Mántaras, es fundamental un “manejo racional de la información para bajar ansiedades”, sobre todo porque “estamos transitando la primera etapa” de la pandemia: “Una cosa es alertar sobre las poblaciones de riesgo y cómo se tienen que cuidar, y otra es generar estados de pánico o de terror”.


- Que se hayan acordado estrategias comunes entre distintos estamentos del gobierno para explicar claramente qué hay que hacer, ¿ayuda a la salud mental de la población?


- Lo podemos considerar positivo porque hay una respuesta unificada. (El presidente Alberto) Fernández estuvo bien en mostrar una imagen que habla de la suspensión de la grieta política (en la conferencia de prensa del domingo por la noche apareció en cámara junto con el gobernador bonaerense y el jefe de Gobierno de CABA, de un partido opositor). El mensaje es: “Acá estamos todos de acuerdo” o hay al menos una centralización de las políticas sanitarias públicas. Esto a la población le brinda seguridad y lo podemos cotejar en el alto acatamiento a las medidas que se dispusieron. Mucha gente entendió eso de que ayudamos quedándonos en casa, no porque es grave sino porque es la manera de que no lo sea.
Desde el punto de vista de salud mental, cuando hay alto acatamiento de una campaña, en general pensamos que es porque está bien hecha o ha tocado un punto sensible.


- ¿Qué pasa en aquellos casos en los que el autoaislamiento ocurre en una casa donde hay vínculos tóxicos o violentos, o la convivencia es difícil?


- Cuando pensamos en salud pública, en líneas muy generales se plantea para la clase media. Se imagina una familia, gente con plena actividad de trabajo, chicos en edad escolar. Eso es un porcentaje de la población y a veces tomamos medidas reales pensando que toda la República Argentina es así. Ahí si erramos, porque salud mental tiene más que ver con la especificidad del caso por caso, con micro sectores que muchas veces no son visibilizados.


Cuando decimos “quedémonos en casa”, las miles de personas que viven en la calle en Madrid, ¿están incluidas? Porque Europa viene de un colapso económico que deja un montón de población en riesgo. Cuando hablamos de quedarse en casa, le hablamos a quienes tienen casa; cuando suspendemos la actividad económica por 15 días, ¿qué mensaje le damos a la cantidad inmensa de cuentapropistas que viven al día, y si no laburan no comen? Y no comer deprime el sistema inmunológico, por más que se queden en sus casas.


- O sea que se deberían pensar en otras medidas que se sumen a las ya anunciadas.


- Trabajo en el Mira y López y estamos pensando en un dispositivo alternativo a esto. A los ancianos que les digo que se quede en sus casas, ¿qué red de contención tienen?, ¿tienen familia?, ¿quién le puede hacer los mandados? Freud nos habló de que amar y trabajar, que son dos actividades que se hacen en lazo colectivo, son la salud mental a la que aspiramos. Mantenernos positivos tiene que ver con lo que uno se nutre del lazo con el otro. Si durante las 24 horas no se habla de otra cosa en la televisión y se da una sensación de peligrosidad exagerada, es muy contraproducente. Además, al anciano le decimos que no complique los servicios de atención, entonces no nos puede llamar, ¿a quién recurre si tiene un ataque de angustia? Entonces, cuando pensamos, lo hacemos en clave de clase media, como si representáramos a la totalidad de la población. Y en el cordón oeste de la ciudad tenemos muchas personas que comen mal, que comen poco, que han estado sometidos a golpes de calor, que no tienen un saneamiento adecuado para prevenir el dengue, que es el principal peligro epidemiológico en estos momentos. Y a esa gente le tenemos que decir que se quede en su rancho, más expuesto a los mosquitos, pero para prevenirse del coronavirus.


- Insisto, ¿tendría que haber medidas complementarias para hacer hincapié en todos estos aspectos?


- Trabajé durante mucho tiempo en hospitales públicos y te diría que hay una fórmula que en estos momentos nos arrasa a los trabajadores de la salud mental y es “el cuerpo primero”. Lo biomédico se impone per se. Y en salud mental estamos siempre con mucha desventaja. Cuando se piensa en la lucha contra la infección no se piensa en psicólogos y psiquiatras ni en trabajadores de salud mental: se piensa en virólogos e infectólogos. Lo biomédico se impone por urgencia, porque tenemos una ciencia positivista que se basa en evidencia empírica.

 

Las otras epidemias


- ¿Se puede asimilar el proceso que se está viviendo actualmente con el coronavirus a otras situaciones que hayamos atravesado anteriormente?


- Tenemos que cuidarnos mucho de la psicosis general, la exclusión, el recrudecimiento de los prejuicios sociales que significó la llegada del HIV al universo: estaba la gente que se enfermaba con culpa, la gente que se enfermaba sin culpa, la idea de que a todos nos podía tocar. Sin embargo, hoy en Santa Fe las enfermedades de transmisión sexual están aumentando exponencialmente porque hemos relajado las barreras, es decir, el uso de profilácticos, con el que el temor al HIV nos había instruido.


El otro hito fue en 2009 con Gripe A, un virus mucho más mortal que el COVID-19 pero menos insidioso con el contagio. Sin embargo, a pesar de todo lo que se puede criticar a la salud pública argentina, hicimos un digno frente en aquel momento y nuestras estadísticas estuvieron más acordes al primer mundo.


Hay otras epidemias que estamos padeciendo y no están visibilizadas de este modo; con respecto a la violencia hacia la mujer es urgente actuar. Ahí lo biomédico se calla, se retrae y nos cuesta tomar medidas ante una epidemia que no tiene que ver con lo corporal, sino con la salud mental.

 

Lo colectivo se defiende en forma colectiva, la unión más que nunca hace la fuerza y tenemos que aprender la lección de una buena vez por todas: los recortes presupuestarios en determinados lugares son sentencias de muerte”. Marisa Mántaras. Psicóloga.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Nancy Balza


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