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Jueves 19.03.2020 - Última actualización - 21:28
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Por José María Chemes

Comercio, informalidad y desarrollo




Por José María Chemes Comercio, informalidad y desarrollo Pretender que la intermediación es la causa de los incrementos generalizados de precios en Argentina, es no comprender el fundamento económico de la existencia del comercio minorista.

Por José María Chemes (*)

 

“En todo el país comienzan a surgir ferias de la economía social y de la agricultura familiar, almacenes y comercios de barrio que ven cómo crecen sus ventas y ofrecen, de modo solidario, descuentos y promociones a los titulares de la tarjeta Alimentar.” (Fernández, Alberto discurso apertura de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación. Marzo 2020) 

“No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés”. (Smith, Adam. La Riqueza de las Naciones, Madrid: Alianza Editorial S.A.: 2002).

 

Algunas manifestaciones recientes del presidente Alberto Fernández reflejan una preocupante posición frente a la actividad comercial en al menos dos aspectos. Uno referido al funcionamiento de la economía en un sistema capitalista y otro sobre los problemas de la economía argentina en particular.

 

En el primer caso, suponer que el acceso de la población a los bienes de consumo en forma eficiente y en condiciones de seguridad podrá ser logrado por la acción solidaria de algunos actores sociales, es al menos una simplificación no verificada en ninguna de las sociedades occidentales que han logrado algún grado de bienestar.

 

El comercio, como actividad de distribución, es una actividad de servicios que pone a disposición de los consumidores una canasta de beneficios derivados de la disponibilidad espacial, temporal y de surtido de distintos tipos de bienes. Por la realización de estos servicios, el comerciante percibe una paga que refleja el mayor valor que el consumidor recibe, por acceder a los bienes en el lugar, momento y forma más conveniente a sus necesidades.

 

Por otra parte, pretender que la intermediación es la causa de los incrementos generalizados de precios en Argentina, es no comprender el fundamento económico de la existencia del comercio minorista, aunque esta creencia no sea exclusiva de este gobierno, y desde hace mucho tiempo se repita hasta convertirla en una “verdad de sentido común”.

 

Esta confusión conceptual lleva al Estado, a consolidar, deliberadamente o no, algunos de los problemas estructurales de la economía argentina. Entre ellos los problemas de crecimiento de la pymes, las altas tasas de empleo informal, la habitualidad de la evasión impositiva, la circulación ilegal de mercadería.

 

El fomento de las ferias y de otras formas alternativas de distribución, como el comercio a granel, ignora, peligrosamente, que el modelo de negocios de las ferias está basado, por lo general, en tres elementos principales: 

 

1. Informalidad: reflejada en evasión e ilegalidad, ambas en distintas categorizaciones.

2. Generación de empleo: de baja calidad, sin registración y generalmente para grupos sociales con baja empleabilidad.

3. Consumo: posibilita el acceso a un mayor consumo de grandes sectores sociales.

 

Los dos últimos aspectos, explican en alguna medida el interés, y aún el compromiso político, que posibilitó el crecimiento de esta modalidad. Esta tolerancia interesada del estado, en sus diversos niveles, permitió el surgimiento de un negocio alternativo acompañado, muchas veces, de un verdadero “sistema impositivo informal”. El sistema de ferias está desconectado de la economía formal y es, casi totalmente, una economía de dinero en efectivo.

 

La evolución de la distribución argentina de indumentaria es un espejo donde se podría aprender lo que no debería hacerse en otros sectores, por ejemplo en el de consumo masivo de alimentos, bebidas y artículos de limpieza.

 

En efecto, la reestructuración del sector de la indumentaria argentina, que se inició a mediados de los años 70 con una apertura abrupta acompañada de un peso sobrevaluado, provocó la desaparición o reconversión de muchas empresas de confección nacidas a la luz de la sustitución de importaciones de posguerra. Paralelamente surgieron y crecieron talleres clandestinos que absorbieron una población de costureros y cortadores despedidos de las empresas textiles reconvertidas o, en otros casos, cerradas. Estos talleres encontraron en las ferias populares sus centros de distribución emblemáticos.

 

El colapso de la convertibilidad, cristalizó la dualidad de la sociedad argentina y, por supuesto, de sus patrones de producción, distribución y consumo. Conviven desde entonces dos formas de producción, formal e informal, dos formas de distribución, Shopping y La Salada, y dos formas de consumo, marcas e imitaciones. De la misma manera la informalidad se ve reforzada por la existencia, como se dijo, de un sistema impositivo informal, mediante el cual distintos actores, dueño de ferias, policías, inspectores, etc., se benefician vendiendo protección a quienes integran la cadena de la indumentaria informal en sus distintos eslabones. 

 

Estas dos economías conviviendo con su propia lógica, se reflejan en el sector de la indumentaria. Se produce en la industria un fenómeno denominado “fuga hacia la calidad”. La caída de la demanda, la consecuente suba de costos, especialmente los de estructura o fijos, y el aumento de las importaciones, llevaron a la industria de la confección a tercerizar los procesos menos rentables de la cadena, por ejemplo corte y costura, reservándose los que permiten la diferenciación de los productos, por ejemplo diseño y distribución, buscando posicionarse en los clientes de mayor poder adquisitivo. 

 

Este posicionamiento de la industria supone concentrarse en el mercado “premiun” que representa sólo el 20% aproximadamente del mercado total, desatendiendo al resto de los segmentos masivos, el 80%, correspondientes a sectores medios y bajos, cuya demanda será abastecida por importaciones ilegales y por una producción y comercialización local con altos niveles de precariedad laboral y elevada evasión impositiva. Esta forma de cubrir la demanda de indumentaria a bajo precio se produce cuando en el resto del mundo, se organizan cadenas globales de producción y distribución que, en un ambiente de liberación del comercio internacional, generaron el fenómeno de la denominada “fast fashion”. 

 

Actualmente el reducido tamaño del mercado “premiun”, la falta de inversión y la migración de mano de obra especializada hacia talleres independientes, colocan al sector formalizado en una posición desventajosa. 

 

A esta situación deben sumarse los elevados costos de comercialización derivados, entre otros, del aumento de los valores de ocupación de las localizaciones requeridas por el segmento de ingresos altos, shopping centers y calles céntricas. Este panorama provoca un incremento en los márgenes necesarios para mantener una estructura de producción y comercialización formal, y la consecuente suba de precios finales, que restringe aún más la capacidad de competencia frente al sector de la indumentaria con origen en talleres y ferias informales.

 

El resultado de este proceso es la casi nula creación de empleo de calidad en el sector textil, la desaparición y falta de crecimiento de la industria, la no existencia de cadenas comerciales de indumentaria nacionales o internacionales. Estas últimas, grandes generadoras de empleos en otros países, prácticamente no ingresaron a la Argentina, o sólo lo hicieron en forma casi experimental, en gran medida por la competencia que representa la cadena informal de indumentaria.

 

Por todo esto, y para no repetir en otros sectores la experiencia reseñada, tal vez sea tiempo de confiar en los mecanismos de mercado para el desarrollo de las actividades comerciales y dejar crecer a nuestros empresarios, exigiéndoles, por medio de un Estado fuerte, capacitado y transparente, el cumplimiento estricto de la abundante legislación existente para regular la competencia, proteger al consumidor y velar por la lealtad comercial. Apelar a la benevolencia de los actores económicos como forma de mejorar el acceso de la población a los bienes de consumo nos llevará a una nueva desilusión, nuestra historia económica desde la segunda mitad del siglo XX así lo demuestra.

 

Pretender que la intermediación es la causa de los incrementos generalizados de precios en Argentina, es no comprender el fundamento económico de la existencia del comercio minorista, aunque esta creencia no sea exclusiva de este gobierno, y desde hace mucho tiempo se repita hasta convertirla en una “verdad de sentido común”.

Esta confusión conceptual lleva al Estado, a consolidar, deliberadamente o no, algunos de los problemas estructurales de la economía argentina. Entre ellos los problemas de crecimiento de la pymes, las altas tasas de empleo informal, la habitualidad de la evasión impositiva, la circulación ilegal de mercadería.

 


(*) Profesor Titular FCE UNL - Investigación CAI+D - ‘El comercial informal‘ - Ex integrante Gabinete Municipal Santa Fe 2007 - 2019

 

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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