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Sábado 21.03.2020 - Última actualización - 18:14
18:06

Seamos responsables

“Episodio de la fiebre amarilla” de Juan Manuel Blanes, donde se observa a los Dres. José Roque Pérez y Manuel Argerich llegar al inquilinato de calle Balcarce 348, donde acaba de morir una joven mujer. Crédito: Archivo El Litoral“Episodio de la fiebre amarilla” de Juan Manuel Blanes, donde se observa a los Dres. José Roque Pérez y Manuel Argerich llegar al inquilinato de calle Balcarce 348, donde acaba de morir una joven mujer.
Crédito: Archivo El Litoral

“Episodio de la fiebre amarilla” de Juan Manuel Blanes, donde se observa a los Dres. José Roque Pérez y Manuel Argerich llegar al inquilinato de calle Balcarce 348, donde acaba de morir una joven mujer. Crédito: Archivo El Litoral



Seamos responsables No tengo dudas de que el coronavirus será derrotado. Lo que en todo caso nos debemos interrogar es acerca de los costos que pagaremos por dar esta batalla. 

I

Lo que los argentinos debemos entender es que el problema más serio no es quedarse en casa durante dos semanas; el problema más serio es el virus, el contagio y la muerte probable en un porcentaje bajo, es verdad, pero un porcentaje que se debe reducir y no esperar que crezca para empezar a preocuparnos. Comparto la decisión del presidente de declarar la cuarentena y esperemos que todos, oficialistas y opositores, sepamos estar a la altura de las circunstancias. Todo parece indicar que la pandemia podrá controlarse, pero para que ello ocurra, entre otras cosas se debe empezar por hacer lo que se está haciendo.

 

II

Catorce días en casa con libros, internet, bibliotecas, música, televisión y películas es en el peor de los casos una molestia y no de las peores. El drama está en otro lado. En primer lugar, en la acechanza del virus; en las malas condiciones sociales que se está librando esta lucha en un país con altos porcentajes de desocupación e indigencia; y en la disponibilidad de recursos de un país que desde hace unos cuantos años arrastra problemas económicos estructurales que en estas circunstancias límites tarde o temprano se harán notar y exigirán por parte de los argentinos un singular esfuerzo.

 

III

Tan riesgoso como subestimar el problema es alentar el pánico. El único coraje real es el asistido por la serenidad y la lucidez. El coronavirus es serio, pero también son serias las disposiciones que la humanidad está tomando para derrotarlo. El conocimiento científico y el capital intelectual creado por los hombres en los últimos tiempos están puestos al servicio de la causa de la humanidad. Yo no tengo dudas de que el coronavirus será derrotado. Lo que en todo caso nos debemos interrogar es acerca de los costos que pagaremos por dar esta batalla. Por lo pronto, no serán pocos, pero todo lo que se haga y se pague siempre será un precio módico si lo comparamos con el peligro que nos acecha. 

 

IV

El coronavirus coloca al mundo en una situación excepcional. Debemos entender que estamos viviendo un tiempo histórico. ¿Como testigos o como protagonistas? Como las dos cosas. La lucha del coronavirus se libra en este mundo y con los recursos que los hombres somos o seremos capaces de crear en este mundo. Quienes quieran elevar oraciones al cielo que lo hagan porque todo ayuda, pero lo que jamás se debe perder de vista es que al mundo tal como lo conocemos y lo hemos vivido lo salvamos nosotros o no lo salva nadie. La historia nos dirá cual es la intensidad de la tragedia que estamos viviendo. Lo que parece estar fuera de discusión es que el momento es difícil, pero que al mismo tiempo disponemos de todos los recursos para afrontarlo. 

 

V

Los argentinos en particular debemos vigilar de cerca nuestro peor enemigo cotidiano: la viveza criolla. En tiempos como los que nos toca vivir esta costumbre puede resultarnos letal. La viveza de los que suponen que podrán violar la cuarentena; la viveza de los comerciantes que se frotan las manos especulando con los beneficios que podrían obtener de la tragedia colectiva; la viveza de los políticos, oficialistas y opositores, que aguardan ventajas privadas o de grupo por lo sucedido. Que una de las primeras noticias de la emergencia hayan sido los argentinos que supusieron que lo sucedido era una buena oportunidad para salir de vacaciones, revela en términos patéticos hasta dónde el virus de la viveza criolla está internalizado en nuestro subconsciente colectivo.

 

VI

En homenaje a la historia, el acontecimiento que padecimos los argentinos en esta escala fue la fiebre amarilla padecida en las ciudades de Corrientes y Buenos Aires en 1871. Fue muy duro. Durísimo, para ser más preciso. En la ciudad de Buenos Aires, en menos de tres meses murió un cuarto de la población y hubo días en los que en una ciudad de 170.000 habitante murieron más de 500 personas, datos que marcan una diferencia significativa con la actualidad. La otra diferencia, es que los médicos de entones no tenían la menor idea de cuál era el factor (se descubrió diez años después) que había desencadenado la peste. O sea, que se debió dar una lucha de vida o muerte casi a ciegas. Nada de esto ocurre hoy. 

 

VII

Queda como recuerdo honroso de aquellas aciagas jornadas, el coraje de políticos, médicos y religiosos enfrentando a un enemigo desconocido que no perdonaba. Como se recordará, se convocó a una asamblea de vecinos y se constituyó una Comisión Popular integrada por hombres cuyo recuerdo honra a la condición humana, entre otras cosas porque cada uno de ellos supo desde el primer momento los riesgos personales que corrían, al punto que a ese coraje civil muchos de ellos lo pagaron con su vida. La peste por definición no perdona a nadie, no distingue ricos y pobres, hombres y mujeres, ancianos y niños. Pero al mismo tiempo, como las estadísticas se encargaron de probarlo, el costo más alto lo pagaron los pobres, los negros que vivían hacinados en los barriadas más humildes, los inmigrantes recién llegados de Europa y el mundo del trabajo en general. A los ricos tampoco les fue bien. Pudieron, eso sí, trasladarse del barrio sur de la ciudad al barrio norte. Desde entonces ese barrio norte de Buenos Aires se identifica con las clases de mayor ingreso económico. También la fiebre amarilla dio origen al cementerio de la Chacarita. Y movilizó a la clase dirigente para iniciar la construcción de cloacas y servicios sanitarios. Ya para 1871 se estimó que el Riachuelo era un factor peligroso de contaminación. Un siglo y medio después se sigue diciendo lo mismo. 

 

VIII

Circunstancias particulares hicieron que a esta pandemia yo la deba vivir en la ciudad de Granada, España. Aquí la cuarentena se cumple rigurosamente desde hace casi diez días. Por lo que he podido observar y leer, la sociedad acompaña la decisión de las autoridades. Y la oposición, con los rezongos del caso, acompaña al gobierno. El mayor reproche de la derecha al gobierno socialista de Pedro Sánchez, es haber permitido la manifestación de mujeres “progres” el 8 de marzo, cuando ya era evidente la acechanza del coronavirus. Lo que la derecha omite en este caso es que el sábado 7 de marzo, ellos y ellas salieron a la calle y ocuparon la Puerta del Sol oponiéndose a las reformas educativas del gobierno socialista.

 

IX

En nuestro país, hasta el momento las relaciones entre el oficialismo y la oposición parecen ser inusualmente respetuosas. La oposición ha decidido cerrar filas detrás del presidente, lo cual es sin dudas una decisión justa. El presidente, por su parte, parece haberse hecho cargo de que es el presidente de todos los argentinos y no de una facción, lo cual es una muy buena noticia. Sería deseable eso sí, que Alberto Fernández no caiga en la emboscada política del oportunismo o la obtención de ventajas retóricas menores. Digo esto, porque no es justo ni verdadero que un presidente peronista acuse al pasado gobierno de haberse desentendido de la salud pública. La observación no solo que no es verificable sino que, además, el presidente no puede o no debe desconocer que en provincia de Buenos Aires y en La Matanza en particular, el peronismo desde 1983 a la fecha fue gobierno el noventa por ciento del tiempo. ¿Y Cristina? Se fue a Cuba a visitar a la hija. Todas las opiniones previsibles ya se han dado. No voy agregar mucho más, salvo la observación de que, atendiendo los rigores que nos amenazan, las decisiones de esta señora son un episodio absolutamente menor. 

 

El conocimiento científico y el capital intelectual creado por los hombres en los últimos tiempos están puestos al servicio de la causa de la humanidad. Yo no tengo dudas de que el coronavirus será derrotado. Lo que en todo caso nos debemos interrogar es acerca de los costos que pagaremos por dar esta batalla. 

Queda como recuerdo honroso de aquellas aciagas jornadas, el coraje de políticos, médicos y religiosos enfrentando a un enemigo desconocido que no perdonaba. Como se recordará, se convocó a una asamblea de vecinos y se constituyó una Comisión Popular integrada por hombres cuyo recuerdo honra a la condición humana.

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