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Domingo 22.03.2020 - Última actualización - 20:59
20:35

La peste en mi pago. Domingo 22

 Crédito: Captura de Internet
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La peste en mi pago. Domingo 22 La peste está llegando. Ojalá venga con pocos contagios, haya sanidad pública para contenernos, se resuelva el pico de contagio, disminuyan, se “amesete” y aparezca una vacuna. Todos anhelos.

En este mes de marzo y en este día, oficialmente, comienza el otoño. La peste en mi pago trocó las cosas. Chau al asadito, al paseo dominguero, a la jornada de fútbol y la fiesta con amigos. Ya no se si más tristes, desasosegados o asustados. Estamos viviendo una peste. El enemigo vienen de aquel lado y como dijo un colega: cada humano que se descuida puede ser una bomba de “ellos”. Quienes son “ellos”, “ellos”, los virus. Asusta ser tan elemental, pero así viene la guerra contra la peste.

 

En este domingo se esperaba que hablase nuevamente el presidente Alberto Ángel Fernández. Ya lo había hecho el viernes, con gobernadores que estaban políticamente enfrentados a su derecha e izquierda, pero todos unidos triunfaremos decía la foto y sostuvo, el Presidente, que se levantarían medidas restrictivas cuando anunció la cuarentena rara en la que vivimos, porque algunas cosas, tal vez demasiadas, están permitidas y todo, al final, se refiere al 31 de marzo, fecha en la que sostienen que se levantarán las restricciones, pero todos sabemos que no, porque la peste viene llegando y ese gerundio de llegar (los gerundios son el verbo en movimiento) es cierto y catastrófico. La peste está llegando. Ojalá venga con pocos contagios, haya sanidad pública para contenernos, se resuelva el pico de contagio, disminuyan, se “amesete” y aparezca una vacuna. Todos anhelos.

 

Estoy en cuarentena preventiva. No salgo. Este es un domingo raro sin familia cerca y con informaciones cruzadas, informaciones reales pero tan, tan diferentes que dan cuenta que estamos perdidos y necesitamos una brújula social que indique: vamos hacia allá, ese es el imantado norte de la raza. No apareció todavía.

 

Un hijo está en el campo, vive con su pareja y cuenta que llevan pienso y avena a los caballos que crían, vigilan la huerta que los alimenta en parte, los frutales de los que sacan para comer y hacer dulces que reparten en el grupo familiar y esta tardecita degollarán una gallina, que ya no pone huevos, para unos fideos con estofado de gallina. Las plumas irán al lienzo donde se juntan para el “plumón”. Preguntaron si eran malvados los de la estación de colectivos de la ciudad. Contestamos que sí.

 

En la estación de colectivos, este  sábado que recién pasó, llegaron dos unidades de transporte de pasajeros que volvían, por tierra, de un viaje a Camboriú, población brasileña que muchos aprecian. Largo viaje. Varios bajaron con sus bolsos y se fueron. Dispararon. Eso no solo que no es cuarentena sino que es maldad. Desde el campo, en el sosiego de la arboleda, resuelven entender mejor y con más conciencia social que en sitios urbanos y súper vulnerables esto que nos pasa. Los miembros de mi familia preguntaban por la persecución, detención y castigo. Lo pedían. Hay más de 20.000 santafesinos volviendo.

 

La conducta social es un alambicado jueguito de los tiempos que, de a poco y sin detenerse, define a los pueblos. Nuestra conducta social es pésima. Por detrás de eso, que es el respeto por las cuestiones  comunes, la conciencia social que resume, según los estudiosos de estos asuntos, el qué y el para qué de la existencia de una sociedad.

 

Otros hijos se han dedicado a la jardinería de interiores y la pintura. Una lee. Todos han adoptado el encierro como una posibilidad de mirarse y ese es el asunto.

 

La sociedad, en este domingo de otoño, está mirándose. De acuerdo a lo que mire será lo que se resuelva como sociedad. Vamos, estoy hablando de los 350.000 que no tienen asistencia sanitaria ni sueldo a fin de mes en el Gran Rosario. Son 350.000 sobre 1.200.000 y ese es un número inapelable.

 

El Gran Santa Fe, el conurbano Bonaerense, el Gran Córdoba, uff, todos los centros urbanos tienen su proporcional, el 40% del país sin trabajo cierto y el 12% de miseria extrema.

 

Están acá. Mirarán su día y su día por venir de un modo diferente porque algo está claro: el que vive de las ocasiones, el jornalero ocasional no es el que mejor la pasa ni el que mejor la pasará. Negarlos no los quita del medio. Estamos con el resto de los habitantes en el mismo ejército y contra el mismo enemigo pero ay, no se qué hará el Estado con ellos.

 

La peste en mi pago está llevando a dos pensamientos diferentes que confluirán. La familia, el diálogo, la unidad. El desvalido y suelto. La peste confronta a los Estados y los llevará, se insiste en algunos casos ya sucede, a confrontar Orden o Libertad, no sumados, simplemente enfrentados. Y preguntarnos una y otra vez: qué hizo, qué hará el Estado en este otoño del hemisferio sur cuando el almanaque lleve al frío como destino general. En este mes de marzo y en este día, oficialmente, comienza el otoño. La peste en mi pago trocó las cosas. Pocos creen que para bien, todos creemos que, con los sobrevivientes advertidos de nuestros yerros como sociedad, muchas cosas cambiarán. No lo sé. Yo no lo sé. Por suerte no soy dirigente. Solo hago caso. Soy un dirigido que cree en el Estado, la Nación jurídicamente organizada. Educación, Seguridad y Salud. Por contrato.




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