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Lunes 23.03.2020 - Última actualización - 20:42
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Mirada desde el sur

La pesadilla de Perotti es mundial

Alberto Ángel Fernández es el Jefe. El escenario de su discurso del jueves es elocuente. En el escenario Rodríguez Larreta, Perotti, Kicillof y Morales. Crédito: Agencia XinhuaAlberto Ángel Fernández es el Jefe. El escenario de su discurso del jueves es elocuente. En el escenario Rodríguez Larreta, Perotti, Kicillof y Morales.
Crédito: Agencia Xinhua

Alberto Ángel Fernández es el Jefe. El escenario de su discurso del jueves es elocuente. En el escenario Rodríguez Larreta, Perotti, Kicillof y Morales. Crédito: Agencia Xinhua



Mirada desde el sur La pesadilla de Perotti es mundial La imagen es clara. No hay dos Jefes. Dependemos de sus decisiones y en la guerra las órdenes se acatan, porque dependemos los unos de los otros con una verticalidad.

Se agolpan las frases. Sueños de una Noche de Verano. La guerra y la paz. La política es la guerra por otros medios. Territorio que uno no ocupa lo ocupa el enemigo. Quien elige el enemigo gana la batalla (ésta, de Sun Tzu, es jodida, porque el virus eligió los humanos). La doctrina amigo / enemigo asegura aliados y un frente de batalla (Carl Schmitt y después Laclau).

 

Podríamos seguir porque lo cierto es que estamos en guerra de un modo rápido, sigiloso y frustrante. Contra un enemigo silencioso, avasallador, que nos usa como sus aliados inconcientes, a veces inocentes, no siempre, y que nos pone del mismo lado y con la misma bandera ante un escenario, un campo de batalla que no tiene límites. Tampoco explicación porque, veamos, qué se puede explicar de esto que nos pasa...

 

El señor Gobernador de Santa Fe, que allá, sobre el 16 de junio del 2019 fue electo Gobernador, no soñó este escenario, verdadera pesadilla que no por internacional es menos dura.

 

Se discutirá, ya con el mero afán histórico, si esos meses hasta el 10 de diciembre vagabundeó y, también, si el gobernador saliente le dejó todo el terreno minado desde el 17 de junio hasta el mismísimo 10 de diciembre y aún después. Joyitas del delirio como el ENAPRO, la Autopista, sus multas, las deudas, las leyes demoradas, la obra pública ensartada y enhebrada con amigos y planes de obras que acotan el margen del uso de los dineros públicos, pasan a ser eso, anécdotas de un afán historicista.

 

De una parte alguien como Lifschitz, de pocas palabras y del otro, Perotti, un Piamontés del sector menos mano suelta que se conozca del Piemonte, y lo obvio ante esos perfiles, la polca que debían bailar dos no la bailaba nadie. Un Ingeniero con años de mutismo y “tiempista” enfrentándose con alguien como el Contador Perotti, que desconfía de muchos y no gasta ni en boletos de tranvía, dan, en conjura, conjurados, una provincia que debía acomodar el cuerpo.

 

Una provincia rica, grande, donde no entraron “los K” en el gobierno provincial y los PRO menos que menos, aún cuando sus representantes para las cámaras legislativas nacionales los den como ganadores. Eso, todo eso saltó por los aires. Fin de febrero. Marzo, antes de los Idus y nada era igual y más, nada será como se imaginaban.

 

PATAPÚFETE Y PATAPÚFETE


La onomatopeya de Pepe Biondi, legendario cómico de la inocencia, el que decía “tengo una suerte para la desgracia”... explica lo inexplicable con eso, un sonido, un “patapúfete”. Como suelen suceder estas cosas, de un día para otro y para otro, acomodando el cuerpo al “no puede ser”, el coronavirus indicó que sí, que puede ser que estemos en mitad de una pandemia con etiología conocida pero inatajable. Pandemia.

 

En los primeros comentarios los voceros del socialismo se alegraban que Perotti (por intermedio del ministro de Salud) invitase a los que precedieron a Parola en el cargo. Usaban, para la noticia, un tuit del Ingeniero Lifschitz vanagloriándose del tema. El error de enfoque, el “desenfoque” era doble. Creer que los llamaban por funcionarios y lo más grave, creer que el tema daba para usar políticamente, como chicana partidaria y coyuntural una pandemia. El día que decían / escribían eso ya estaba Europa en Estado de Alarma. Era, visto con distancia, como fanfarronear que Hermes Juan Binner, médico anestesista en tiempos de Reviglio, fuese considerado un funcionario del peronismo. No. Era médico hospitalario. Médico. Uboldi y Capiello (este último santafesino, con el paisaje del Mercado de Abasto de Avenida Freyre y Mendoza en sus ojos) fueron convocados como Médicos, por quien ejerció el cargo antes que los socialistas y que, herrumbrado por 12 años de sosiego, volvía al mismo sitio y llamaba a sus colegas. Pronto callaron esos comentarios. No daba, no da para el refrito político. La onomatopeya los atropelló.

 

El coronavirus hizo retroceder las conductas sesgadas de los muchachos socialistas pero ay, ay, ay, no indicó que se reuniesen los peronistas alrededor de Perotti ni, tampoco, que éste se fotografiase con los peronistas que, desde la provincia han viajado a la administración nacional, para integrarla legislativa o ejecutivamente. Falta esa foto.

 

ABANDERADOS ANTE LOS PROBLEMAS

 

Puede ser cruel, pero es tan exacto que es difícil correrse de este punto. Alberto Ángel Fernández es el Jefe. El escenario de su discurso del jueves es elocuente. En el escenario Kicillof (Súper K) Rodríguez Larreta (Súper Macri) Perotti (Peronista, pero no K, nada K) y Morales el mismo que avisó: “’péguenme’ un tiro si la sueltan a Milagro Sala”.

 

No hay modo de yerro, de equivocación, la imagen es clara. No hay dos Jefes. Dependemos de sus decisiones y en la guerra las órdenes se acatan, porque dependemos los unos de los otros con una verticalidad que asegura (aseguraría) más eficazmente la sobrevida.

 

En la provincia no hay cuestiones erráticas. Llamados tardíos de legisladores, definiciones confusas de los fiscales, rien de rien, diría la Piaf. Hay una Jefatura unívoca. Omar Ángel Perotti. Es el que habla y el que ejecuta.
 

 

En Región Rosario es Pablo Lautaro Javkin. Sus discursos diarios lo ponen en el centro de la información y eso, información, es seguridad y esperanza. Poco más.
 

 

Nada pueden hacer, en oposición o en confirmación, desde el Concejo Deliberante, desde las Cámaras Legislativas Provinciales, desde las Cámaras Legislativas Nacionales. Nada “ejecutivo” porque lo dice su nombre, son deliberativas, disuasorias, ampliatorias, reformuladoras.

 

Cuando esto pase (tengo para mi que aún no ha comenzado el pico) y se aplaque la polvareda de la Peste Mundial estas Jefaturas Sociales, estas banderas que levantan los Ejecutivos, los dejará distanciados de los opositores.

 

No parece difícil entenderlo así. Es un clásico de los comportamientos de los pueblos ante las catástrofes. También es un clásico que el fracaso se lleva puestas las mejores intenciones.

El saldo de los abanderados es sencillo, si la batalla resulta exitosa (en este caso pocos muertos, nada de caos) tendrán que sacarnos del fondo donde vamos, ya que una “economía de guerra” fijará prioridades de la posguerra. ¿Se entiende que estaremos fundidos?


 

El señor Gobernador pensaba una cosa de su gobernación y todo se fue, ya es otra la realidad, el almanaque, el porvenir. En un punto específico es una pesadilla. En un punto más cercano es una pesadilla que azota el mundo. En cierta forma hay un “Aleph” que irá a desliarse cuando todo se calme.

 

No será sencillo el amanecer en la provincia. En la Región Rosario menos ya que el conglomerado urbano será el más castigado (las estadísticas son contundentes) por las mismas razones precedentes (peste y urbanismo), más los antecedentes: economía estancada.
Santa Fe tendrá un amanecer más allá del invierno. Un solo Jefe responsable. Perotti. Para bien o para mal, las coyunturas definen dónde estamos parados. Como dice el literato ruso Anton Chéjov: “un trágico a pesar suyo”. Pasó en el mundo. Pasa aquí. Es así. Y listo.

 

No hay modo de yerro, de equivocación, la imagen es clara. No hay dos Jefes. Dependemos de sus decisiones y en la guerra las órdenes se acatan, porque dependemos los unos de los otros con una verticalidad que asegura (aseguraría) más eficazmente la sobrevida.

El saldo de los abanderados es sencillo, si la batalla resulta exitosa (en este caso pocos muertos, nada de caos) tendrán que sacarnos del fondo donde vamos, ya que una “economía de guerra” fijará prioridades de la posguerra. ¿Se entiende que estaremos fundidos?

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