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Martes 24.03.2020 - Última actualización - 17:19
17:06

Por Dra. Lucía Fargnoli y Dra. Leila M. Passerino

Ciencia, historia y memoria

El Equipo de Antropología Forense trabajando en una fosa común en la provincia de Tucumán.  Crédito: Archivo El LitoralEl Equipo de Antropología Forense trabajando en una fosa común en la provincia de Tucumán.
Crédito: Archivo El Litoral

El Equipo de Antropología Forense trabajando en una fosa común en la provincia de Tucumán. Crédito: Archivo El Litoral



Por Dra. Lucía Fargnoli y Dra. Leila M. Passerino Ciencia, historia y memoria El 24 de marzo nos exige recuperar las complejidades de pensarnos como sociedad y la memoria colectiva como sendero posible para un porvenir más justo.

Por Dra. Lucía Fargnoli (*) y Dra. Leila M. Passerino (**)

 

Como sabemos, desde el año 2002 el 24 de marzo es el “Día Nacional de la memoria, por la verdad y justicia”. Quisiéramos aquí reflexionar con la comunidad a 44 años del golpe cívico militar de 1976 que no se trata sólo una fecha del calendario para repudiar la violencia sistemática por parte del Estado ni para eliminar todo atisbo de oposición y encauzar una política genocida de reordenamiento social, económico, cultural. Este día, que rememora una dolorosa experiencia que persiste hasta nuestros días, nos exige recuperar las complejidades de pensarnos como sociedad y la memoria colectiva como sendero posible para un porvenir más justo.

 

En nuestro país, contamos con un sistema científico tecnológico nacional que ha realizado y continúa produciendo investigaciones, materiales de estudio y discusión, promoviendo miradas problematizadoras y revisitando la memoria, como expresión inquieta que nos interpela a seguir explorándola. Por ello, hoy quisiéremos reconocer a quienes trabajan y contribuyen de manera exhaustiva y cuidadosa a repensar nuestra historia, sus huellas presentes y los debates que habilitan. 

 

Las Ciencias Naturales

 

Desde 1984 ayudan a la identificación de restos óseos, de huellas digitales y otras técnicas de comparación de ADN como los análisis de parentesco, de personas forzosamente desaparecidas. Desde el simple análisis de filiación, y posterior confección del árbol filogenético realizado por genetistas hasta la comparación de ADN de restos óseos por parte de los antropólogos forenses, la biología siempre ha estado presente acompañando y llevando a cabo diferentes investigaciones con la finalidad única de develar la identidad (y el parentesco) de personas desaparecidas durante la atroz dictadura militar. Argentina posee un banco de sangre y una base de datos de personas desaparecidas, perteneciente al Programa de Desarrollo Científico del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). La base de datos contiene información diversa recogida mediante entrevistas y testimonios a familiares, supervivientes y en ocasiones perpetradores, recortes de prensa, archivo de seguridad, registros civiles y de cementerios, entre otros. Por otro lado, no nos olvidamos de la restitución de los hijos y nietos, nacidos en cautiverio, esto también gracias a técnicas moleculares de detección y desarrollo científico constante. Además, la psicología y medicina trabajando continuamente con estas personas, iniciando el reconocimiento de su identidad, y todo lo que conlleva este renacimiento, y en colaboración articulada con organizaciones de derechos humanos, ONGs, voluntarios de la sociedad civil, entre otros.

 

Las Ciencias Sociales

 

En este caso, no sólo han trabajado en las diversas expresiones que se sucedieran en el período hasta la “vuelta” democrática en 1983, sino que han problematizado y revisitado sus consecuencias y transformaciones en diversos órdenes sociales, culturales, políticos, educativos, económicos. A su vez, vale la pena dar cuenta del enorme esfuerzo por narrar, por apelar a los dilemas de la subjetividad y el lenguaje, por simbolizar y (re)construir experiencias. La historia y la enorme participación de los organismos de Derechos Humanos y su rol incluso durante el período de dictadura, para la memoria y la exigencia de justicia frente al disciplinamiento represivo, la violencia y la desaparición forzada. Las indagaciones sobre las funciones políticas y económicas que cumplió el golpe cívico-militar con consecuencias presentes. Los efectos en las subjetividades y su participación para la instalación de un modelo neoliberal anclado en la desconfianza y el quiebre del lazo social. Los “lugares de la memoria”, su reconstrucción y también reflexión como espacios de circulación y materialidad de la violencia de Estado. La producción significante desde los medios de comunicación de la época hasta nuestros días. Las pedagogías de la memoria y la justicia, sus experiencias, abordajes y reflexiones, junto a los dilemas y debates acerca de cómo narrar y construir conocimiento. El lugar de la justicia, las legalidades y modos en que el sistema judicial participa; la cooperación internacional y su rol en delitos de “lesa humanidad”. Las diversas expresiones artísticas, culturales, los colectivos y su papel en la construcción de la memoria, como espacios de lucha y resistencia, en los modos de pensar narratividades y su articulación política. Las violencias sobre los cuerpos, el trauma y las discusiones en torno a figuraciones como desaparecido y persona. Las nuevas agendas políticas, las transformaciones en el campo de las luchas y las resistencias en contextos post genocidas. El lugar del testimonio, su papel y los modos de producción.

 

Más allá de la distinción de estas dos grandes disciplinas, vale la pena mencionar que ambas también funcionan y trabajan dialógicamente, retroalimentando dilemas y debates que se suscitan en los referidos campos investigativos.

 

En este 24 de marzo de 2020, nuestro reconocimiento a la labor académica, científica, artística, educativa y social que persiste y anhela una memoria viva, “libre como el viento” como grita León Gieco, movilizante y con la premisa de construir e imaginar futuros más justos.

 

Desde 1984, las Ciencias Naturales ayudan a la identificación de restos óseos, de huellas digitales y otras técnicas de comparación de ADN como los análisis de parentesco, de personas forzosamente desaparecidas.

Las Ciencias Sociales no sólo han trabajado en las diversas expresiones que se sucedieran en el período hasta la “vuelta” democrática en 1983, sino que han problematizado y revisitado sus consecuencias y transformaciones en diversos órdenes sociales, culturales, políticos, educativos, económicos.

 

(*) UNL-CONICET – Lic. en Genética (FCEQyN-UNaM) y Dra. en Ciencias Biológicas (FBioyF- UNR)

(**) UNRaf-CONICET – Lic. en Comunicación Social (FCEDU-UNER) y Dra. en Ciencias Sociales (FCS-UBA)

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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