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Sábado 28.03.2020 - Última actualización - 19:22
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"Anclao en París"

París en tiempos de coronavirus.  Crédito: Agencia XinhuaParís en tiempos de coronavirus.
Crédito: Agencia Xinhua

París en tiempos de coronavirus. Crédito: Agencia Xinhua



"Anclao en París" Está claro que entre la economía y la salud hay que elegir la salud. El problema es que la vida social es un poco más complicada que esas opciones. Una economía que se derrumba puede ser, es, el anticipo de una tragedia sanitaria. 

I

Soy argentino, estoy estudiando en España y por el momento no pienso regresar a mis pagos porque entre aburrirme en Santa Fe y aburrirme en Granada con García Lorca y el cantejondo, prefiero -ante la ausencia de alternativas- aburrirme en Granada. Hecho el descargo, digo a continuación que la mayoría de los argentinos en Europa están por razones laborales y de estudios. Si el gobierno nacional los quiere cagar que los cague, pero es una canallada que además los infame alentando en una sociedad empobrecida el resentimiento de que los que viajan a Europa son millonarios o irresponsables. No sería tan difícil averiguar cuando viajaron los argentinos al extranjero. Por lo que sé, la gran mayoría lo hizo en febrero y la primera semana de marzo. Me parece una reverenda vileza que un gobierno argentino se solace perjudicando a los argentinos y maltratándolos. Sinceramente, no sé de ningún país en el mundo cuya clase gobernante disfrute perjudicando a sus paisanos impidiéndoles regresar a su país. Eso es grieta y no joda. 

 

II

Me han acusado de muchas cosas en mi vida, menos de cheto. Hacía falta que llegara el señor Marcelo Sain a Santa Fe, para súbitamente incluirme en un colectivo con el que no tengo nada en particular salvo la certeza de que nunca estuve allí. No es esta la única torpeza cometida por el señor Sain desde que aterrizó en esta provincia a la que hay motivos para suponer que solo la conoce por fotografía. Pregunto con el mayor de los sigilos y respeto: ¿Qué motivos tiene Omar Perotti para sostener a este señor de manifiesta incompetencia en la función pública? ¿No hay otro? ¿Es lo que hay? 

 

III

Está claro que entre la economía y la salud hay que elegir la salud. Chocolate por la noticia, tío Alberto. El problema es que la vida social es un poco más complicada que esas opciones. No jodamos. Una economía que se derrumba puede ser, es, el anticipo de una tragedia sanitaria. Acto seguido, pregunto: ¿En el Conurbano profundo se cumplirá la cuarentena? Un barrabrava, un narco, un rufián, pero también un tipo con hambre, o un señor o una señora obligados a salir a la calle para ganarse los garbanzos... ¿por qué van a cumplir una cuarentena que en términos inmediatos y vitales los perjudica? ¿Riesgo de contagio? Muchos de ellos a la vida -en un porcentaje mucho más elevado- la arriesgan todos los días. Nunca perdamos de vista que las cuarentenas también tienen un perfil de clase. Y en una Argentina con altos índices de pobreza e indigencia, esa diferencia se registra con tonos más nítidos y patéticos. 

 

IV

Comparto las cuarentenas. Entiendo su razonabilidad y me resigno a ella. Trump, Bolsonaro, Johnson y López Obrador pagarán un precio político alto por subestimarla. Pero no perdamos de vista que una economía paralizada o semiparalizada también puede ser una tragedia. La contradicción no es fácil resolverla, pero está y es grave. Y puede ser trágica. Palabras más, palabras menos, tratemos como argentinos de hacer las cosas bien, porque desde el arranque no disponemos de las mejores condiciones estructurales para dar esta batalla. Las consideraciones son muy simples e inquietantes: si países como Italia, España, Francia, con sistemas de salud más avanzados y calidad de vida superior, la están pasando mal, ¿qué nos espera a nosotros?

 

V

No deja de llamar la atención que presidentes de visibles diferencias políticas, pero marcados perfiles populistas, se hayan equivocado a la hora de diagnosticar la estrategia a seguir ante la pandemia. Hablo de Trump, Bolsonaro, Johnson y López Obrador. A Trump el error le puede costar la reelección, pero el mundo está tan “loco” que adelantar pronósticos incluye altas posibilidades de equivocarse. A favor de los presidentes populistas debe decirse que no toman esas decisiones por insensibles o perversos, sino porque tuvieron en cuenta los formidables y temibles costos económicos que representa una cuarentena. 

 

VI

¿Hay alguna relación entre la pandemia que azota al mundo y la evidencia escandalosa de que el régimen chavista venezolano más que marxista, populista o bolivariano es en realidad, lisa y llanamente, una narcodictadura? En el futuro los historiadores seguramente estudiarán las conexiones entre un fenómeno y otro. Pero por lo pronto, adelanto que no fuimos pocos los que advertimos que más allá de la retórica populista el sustento real y efectivo de poder del régimen era el narcotráfico, algo que dicho sea de paso, los revolucionarios cubanos, los militantes sandinistas o los guerrilleros de la Farc nunca le hicieron asco porque, ya se sabe, el objetivo de la revolución social es tan virtuoso y el imperialismo yanqui es tan repulsivo, que todo lo que hagamos, incluso inundar a Estados Unidos de cocaína, vale y está moralmente justificado. Sobre todo si, además, nos hacemos multimillonarios. 

 

VII

El liderazgo ejercido por el presidente Alberto Fernández está -en términos generales- a la altura de las circunstancias. Serenidad, moderación, capacidad para tomar decisiones. Sus “méritos” están en relación proporcional inversa a la distancia que toma de la Señora. Ya está visto que un dato consistente de nuestra realidad política que el consenso del presidente crece cuando se aleja de Cristina y baja cuando se acerca a ella. Lo novedoso en este caso, es que la distancia o el acercamiento del presidente a la Jefa proviene más del imperativo de las circunstancias que de iniciativas propias. Por lo menos hasta el momento así parecen ser las cosas.

 

VIII

Es lógico que ante los rigores de la pandemia los argentinos nos unamos. Luego advierto con el tono de tía Cata: una cosa es estar unidos y otra mezclados. O confundidos. Y mucho menos, manoseados. Tío Alberto debe saber que el razonable imperativo de unidad no significa un cheque en blanco. Todo lo contrario. Ginés González García por su parte debería dar algunas explicaciones, entre otras, sus relaciones con los laboratorios Roemmers. También debemos saber que con la epidemia llega tiempos de paradojas. Sabemos o sospechamos que si el voto de Cambiemos estuviera hecho de la misma madera que el voto peronista, el país estaría incendiado. La otra paradoja, es que en la crisis a tío Alberto los opositores le serán institucionalmente más leales que el voto kirchnerista.

 

IX

Vivo la cuarentena en soledad y a muchos kilómetros de la Argentina. No digo que soy feliz, pero tampoco me muero de tristeza. A veces me aburro, pero en general me mantengo activo. Me acompañan mis libros, mi música y mis películas. Leo, escribo y corrijo. Además dispongo de mi ventana: el cielo azul de Granada y las nieves de la sierra; hacia la derecha, las torres de dos iglesias y el coro de campanadas a las doce en punto; más allá, una colina con árboles y hacia el horizonte el perfil de la Alhambra. Digan lo que digan, vivir es una buena cosa.

 

El liderazgo ejercido por el presidente Alberto Fernández está -en términos generales- a la altura de las circunstancias. Serenidad, moderación, capacidad para tomar decisiones. Sus “méritos” están en relación inversamente proporcional a la distancia que toma de la Señora. 

Me han acusado de muchas cosas en mi vida, menos de cheto. Hacía falta que llegara el señor Marcelo Sain a Santa Fe, para súbitamente incluirme en un colectivo con el que no tengo nada en particular salvo la certeza de que nunca estuve allí. No es esta la única torpeza cometida desde que aterrizó en esta provincia.

 

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