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Martes 31.03.2020 - Última actualización - 15:36
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Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau...

Cinco genios incomparables

Formaron parte de la famosa “Maquina” de River. Pero lo que nadie sabe ni se imagina, es que apenas jugaron juntos ¡15 partidos!.

 Crédito: El Litoral
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Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau... Cinco genios incomparables Formaron parte de la famosa “Maquina” de River. Pero lo que nadie sabe ni se imagina, es que apenas jugaron juntos ¡15 partidos!. Formaron parte de la famosa “Maquina” de River. Pero lo que nadie sabe ni se imagina, es que apenas jugaron juntos ¡15 partidos!.

Tomás Rodríguez

 

Dentro de poco tiempo el día de la Primavera o de la Juventud Estudiantil- se cumplirá el septuagésimo noveno aniversario del surgimiento de la delantera más famosa que pisó las gramillas de las canchas de nuestro país convirtiéndose en una máquina de hacer fútbol.


Juan Carlos Muñoz, José Manuel Moreno, Adolfo Alfredo Pedernera, Angel Amadeo Labruna y Félix Loustau formaron en River Plate una línea de ataque inolvidable. Con Aristóbulo Luis Deambrosi, en un principio, como puntero izquierdo, ese quinteto vio la luz el 21 de septiembre de 1941 goleando a Independiente, en Avellaneda, 4 a 0, dirigidos por Renato Cesarini, el “tano” que llevaba el fútbol en la sangre.


Era la época de la “WM” sistema táctico patentado por los ingleses —creadores de esta disciplina— que disponía en el campo de juego al portero, tres defensores, cuatro volantes que formaba lo que se denominaba “cuadrado mágico” y tres atacantes.


El conjunto de River Plate que recorrió las canchas durante la primera parte de la década del 40’ del siglo pasado, sacudió todos los esquemas con la simple receta que muestra que el fútbol bien jugado se práctica sin moldes preestablecido.


El extremo derecho elegido por Cesarini, Juan Carlos Muñoz (en 12 años, 184 partidos, 39 goles) para reemplazar a Carlos Desiderio Peucelle (113 tantos) era un habilidoso que encarnaba la síntesis perfecta del extremo, desbordaba y siempre llegaba al fondo de la cancha para enviar el centro exacto para la entrada de sus compañeros.


Una de las figuras cumbres del fútbol argentino, José Manuel Moreno (321 encuentros, 179 conversiones, cinco títulos con River de los 12 conquistados: 1936, 1937, 1941, 1942 y 1947) subía y bajaba por el sector derecho para acoplarse con el “Maestro” Pedernera.

 

“El Charro”, tanguero y burrero, un prodigio de potencia física, hacía todo bien; gambeteaba, cabeceaba y marcaba goles, muchos de notable factura.


Pedernera, el “Maestro” o simplemente Adolfo (12 campeonatos, cinco con el club fundado en la Boca el 25 de mayo de 1901, a orillas del Riachuelo, en 1936, 1937, 1941, 1942 y 1945, 287 juegos y 131 gritos de gol) era el conductor, se retrasaba unos metros para arrancar con mayor panorama y desde allí armaba las delicadas combinaciones con los otros delanteros que, casi siempre terminaban en goles de Angel Amadeo Labruna (obtuvo 9 certámenes como futbolista 1941, 1942, 1945, 1947, 1952, 1953, 1955, 1956 y 1957, con 292 goles, el segundo artillero del balompié nacional a uno del fantástico saltarín paraguayo Arsenio Pastor Erico, 293 anotaciones), un definidor despiadado y talentoso a la vez con pique corto y temible.


Finalmente Félix Loustau (en los 365 partidos con la camiseta de la banda anotó 101 goles, ocho títulos 1942, 1945, 1947, 1952, 1953, 1955, 1956 y 1957), un artista del fútbol, intuitivo, inventor, improvisó siempre para la belleza y eficacia del juego, “Chaplin” (había sido dejado libre por Racing Club, como back izquierdo y también suplente de Enrique “Chueco” García, a quien admiraba) aportaba una impresionante velocidad, generosidad para recuperar la pelota y habilidad sin límites cuando el útil estaba en su poder.


Un puñado de partidos


Cabe consignar que el mágico quinteto compuesto por Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau se juntaron solamente 15 veces y marcó 38 goles durante el periodo 1941-1946. De esta manera, aparecieron distintas variantes con Deambrosi en cualquiera de las dos puntas, con Alberto Gallo en reemplazo de Moreno cuando el “Fanfa” se fue a México para regresar dos años después transformado en el famoso “Charro”, idolo de multituides.


Todas las versiones se caracterizaron por el mismo movimiento rápido de rotación, desmarque, toque sutil, preciso y aparición sorpresiva de cualquiera de los cinco para que cada obra de arte que organizaban terminaban indefectiblemente en el fondo del arco del equipo contrario.

 

El fin de “La Máquina”

 

Eso sucedió mientras el genial Pedernera se mantuvo como conductor de la línea delantera, cuando el “Maestro” se fue a Atlanta en 1947, por diferencias con los dirigentes, nada fue igual.


No sólo en la línea ofensiva el equipo sufrió modificaciones, el arquero titular uruguayo Julio Barrios (61 cotejos) le dejó el arco al peruano José Eusebio Soriano (71 juegos), además jugaron otros porteros que triunfarían en otras entidades como Héctor Grisetti, Antonio Rodríguez, Eduardo Lettieri y también actuó en tres encuentros un promisorio joven Amadeo Carrizo.


La defensa contó entre otros con Luis Ernesto Ferreyra (ex Excursionistas) y el zurdo Eduardo Antonio Rodríguez (llegó de Estudiantes de La Plata) y en el centro de la cancha Néstor Raúl Rossi (“La Voz de América”) y Manuel “Colorado” Giúdice (el cordobés arribó de Huracán).


La notable delantera de Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau jugaron el último partido juntos el 17 de noviembre de 1946, en un empate con Huracán 2-2.

 

Títulos y alegría
 

Allí concluyó un ciclo que incluyó tres títulos 1941, 1942 y 1945, con victorias formidables contra Boca, en el clásico barrial (5-1 en el ’41 y 4-0 en el ’42), Racing Club (5-1 en 1944 y 5-0 el año anterior), Banfield (6-1 en el ’43 como visitan te) y Newell’s Old Boys (en Rosario, 5-3 en 1944) y numerosas exhibiciones tan maravillosas como irrepetibles.

 

El mote
 

Como ocurrió con el recordado “Gallego” Gutiérrez y el “Cementerio de los Elefantes” para definir a la cancha de Colón, el mote de “La Máquina” fue creado por el periodista Borocotó a principios de aquella década del 40. También se denominaba a ese equipo como “Los Caballeros de la angustia”.

 

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