https://static.ellitoral.com/img/logo-litoral.png El Litoral
El Litoral
Viernes 03.04.2020 - Última actualización - 20:05
19:56

En la mira

Encerrona

Desde el aislamiento en sus hogares, muchos ciudadanos viven con incertidumbre el futuro económico.  Crédito: Agencia XinhuaDesde el aislamiento en sus hogares, muchos ciudadanos viven con incertidumbre el futuro económico.
Crédito: Agencia Xinhua

Desde el aislamiento en sus hogares, muchos ciudadanos viven con incertidumbre el futuro económico. Crédito: Agencia Xinhua



En la mira Encerrona Las consecuencias prácticas del confinamiento se hacen sentir. Las actividades se paralizan, pero la vida sigue, y sus necesidades deben ser atendidas. 

El paso de los días agudiza su efecto erosivo sobre el ánimo de los argentinos. Las consecuencias prácticas del confinamiento se hacen sentir. Las actividades se paralizan, pero la vida sigue, y sus necesidades deben ser atendidas. El encierro legal empieza a sentirse como una encerrona peligrosa.

 

El cacerolazo del pasado lunes a la noche, más allá de cierta carga política opositora, marca el inicio de un cambio de percepción de la política, hasta ese momento valorada por haber dejado de lado sus antagonismos en aras de un objetivo superior: mitigar al máximo los efectos del coronavirus que circula entre nosotros.

 

Apurados por las reacciones negativas de la gente, algunos dirigentes políticos importantes han comenzado a decidir o sugerir hacer lo que tendrían que haber hecho en el pasado mes de diciembre, momento del cambio de gobierno: incluirse a través de un gesto explícito en los sacrificios que se le piden al grueso de la población para sobrellevar la ruina económica.

 

En este sentido, el que picó en punta es el gobernador de San Juan, Sergio Uñac, quien dispuso la donación voluntaria del 30 por ciento de los sueldos de la planta política con destino a un fondo para atender la problemática del COVID-19 en esa provincia. Poco después, Roberto Gattoni, vicegobernador y presidente de la Cámara de Diputados de esa provincia cuyana, se alineó con el Ejecutivo provincial adhiriendo a la reducción del 30 por ciento en los sueldos de los legisladores. Y en la vecina Mendoza se establecieron topes de 50.000 pesos para los funcionarios políticos.

 

En Entre Ríos, el Superior Tribunal de Justicia subió la apuesta. La reducción voluntaria de las remuneraciones de los ministros del cuerpo, y los magistrados en general -que también expresaron su acuerdo- alcanzará el 50 por ciento.

 

A nivel nacional, el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, ha diseñado un recorte del 40 por ciento en sueldos de la planta política, activar el remate de autos y aplicar restricciones para pasajes y viajes, con el propósito de reunir en cinco meses 200 millones de pesos que serán destinados a hospitales. Lo de los autos y los viajes, dicho sea de paso, son concesiones decorativas, porque por ahora no se los pueden usar ni realizar.

 

La reacción se disparó luego de que el interbloque de Juntos por el Cambio le enviara una carta al presidente de la Nación, Alberto Fernández, en la que se le solicita que los funcionarios de los tres poderes del Estado, del Ministerio Público Fiscal, de organismos descentralizados y de empresas públicas destinen un 30 por ciento de sus sueldos a paliar los efectos de la pandemia del coronavirus.

 

En medio del vértigo impuesto por la urgida conciencia que despertaran el sonido de las cacerolas y el recuerdo vivo del clamor “Que se vayan todos, que no quede ni uno sólo”, en la crisis de 2002, las reacciones políticas empiezan a aparecer.

 

Por ahora son casos aislados, pero resulta obvio que los reflectores de la mirada pública apuntan a todos los comprendidos dentro de los sectores bajo observación, y que los que no ofrezcan la respuesta esperada quedarán fijados sobre el escenario por la luz potente del escrutinio ciudadano. Por eso, es seguro que, en los días siguientes a la redacción de esta nota, muchos se agreguen a la lista.

 

A propósito de esta cuestión, el que patinó en escena, después de acreditar su liderazgo con una actitud abierta y palabras sensatas, fue Alberto Fernández, quien, contrariado por los devastadores índices de la economía, habló de la conducta miserable de empresarios en la coyuntura. Y si bien el blanco no explicitado de su crítica era Paolo Rocca, CEO del Grupo Techint, la calificación irritó aún más la piel de un empresariado que se encuentra entre la espada y la pared, acosado por impuestos que se mantienen como en tiempos normales, la abrupta caída de los ingresos y compromisos salariales que en estas circunstancias superan sus posibilidades. Es una tenaza terrible para quienes están a un paso de perder su capital -incluido el que representan sus trabajadores especializados- y, por ende, el esfuerzo de su vida. Ocurre aquí y en todos los países afectados. La diferencia es que el Estado argentino carece de recursos para establecer políticas de sostenimiento más significativas. Los créditos ofrecidos a las Pymes son limitados y caros, porque, aunque la tasa especial del Banco Nación se coloca por debajo del 30 por ciento anual, y el Banco Central ha autorizado a las entidades financieras una reducción de los encajes para prestar a la tasa negativa del 24 por ciento, lo cierto es que estos créditos no son accesibles para quienes registran ingresos próximos al cero. Los REPRO, por otra parte, cuando se otorgan, ayudan, pero no cualquiera está en condiciones de recibirlos. Para eso hay que estar en blanco y con la nómina de empleados en orden, y sabemos que en nuestro país la actividad informal escala a cerca del 40 por ciento. Eso significa que las carpetas para acreditar el pedido no existen, o si existen no se pueden mostrar. 

 

En este punto se podrían hacer observaciones legales y morales que son formalmente válidas, pero que se atenúan cuando se visualiza el panorama completo de décadas de decadencia que han empujado a millones de argentinos a las orillas de la ley. Es cierto que en ese amasijo de anomia han florecido las fortunas de muchos marginados, cuya clave competitiva ha sido, precisamente, la violación de la ley (prestanombres de la política corrupta, lavadores de activos, tratantes de distinto tipo, contrabandistas, narcotraficantes, piratas del asfalto, recaudadores de la mafia, apretadores profesionales, etc., etc.). Pero la gran mayoría está compuesta por trabajadores en negro y cuentapropistas que se las rebuscan como pueden.

 

Este es el trasfondo explosivo que se busca atenuar con medidas de emergencia que les sacan a unos -los que están en blanco y pagan impuestos- para darles a otros, que amenazan por sus carencias con hacer volar todo por los aires. Es una realidad triste, moldeada a través de las décadas, que debe ser atendida por razones de solidaridad básica, pero que deja intacto el fondo del desequilibrio.

 

Hace doce años que el empleo privado no crece, dato incontrastable de la estadística económica. Sí lo ha hecho el empleo público, de modo sostenido, para pagar en cada turno electoral cuentas partidarias. La acumulación en el tiempo largo de estas capas de compromisos políticos se ha hecho tan grande, que se traduce a la fecha en un desbalance sistémico que no se puede revertir en el corto plazo. Sólo el crecimiento puede resolver el problema, pero para eso se necesita tiempo, financiamiento y la consistencia de los programas que a ese efecto se propongan. Y aquí estamos, de nuevo, en una encerrona mayor, porque los dogmas de las religiones ideológicas, similares en su cerrazón a la de los integrismos religiosos, impiden renovar el pensamiento en un tiempo de rampantes transformaciones.

 

Si algo faltaba, la pandemia lo agrega, y obliga a repensar numerosas cuestiones, entre ellas, nuevas estrategias sanitarias y nuevos equilibrios sociales, la mejora de la productividad del trabajo, la reducción de desplazamientos improductivos que complican la física de las ciudades y acumulan tiempos muertos, la profundización de las políticas ambientales (el planeta seguirá fabricando virus destructivos si acentuamos los desequilibrios de la naturaleza), y la reformulación de los mercados financieros, cuya lógica de casino destruye trabajo genuino en su incesante gimnasia de toma de ganancias, aun en las peores circunstancias y por las peores causas.

 

El cerco se estrecha cada día que pasa por el aumento de las necesidades insatisfechas. Es hora de comenzar a pensar en medidas de confinamiento más acotadas y precisas, con mayor aplicación de testeos de detección. Una información más rápida y confiable permitiría otro manejo de la cuarentena. Es valorable lo hecho hasta aquí en términos de conseguir tiempo para ampliar y mejorar la infraestructura de salud, pero no se puede mantener casi en cero la actividad económica, porque la sequía monetaria puede causar daños difíciles de prever y producir reacciones turbulentas.

 

Por fin, el presidente de la Nación debe recuperar su eje. Buscar culpables y amenazar con acciones duras a figuras simbólicas del poder empresario, han sido recursos típicos usados en la historia por los regímenes autoritarios para construir enemigos del pueblo. Esta opción activa a los fanáticos, que vuelven a excavar dentro de las grietas. Al rato de que Fernández hablara de miserabilidades, el “Cuervo” Larroque, salió a picotearlo a Rocca y a amedrentar empresarios que se necesitarán para recuperar la economía. Fernández no debe ceder a esta pueril tentación, que suele encenderse cuando las cosas se complican en extremo y el que gobierna no encuentra el camino adecuado para salir de la engorrosa situación. Y no lo debe hacer porque es fácil encender la mecha; lo difícil es apagarla antes de que produzca la explosión. 

 

El cerco se estrecha cada día que pasa por el aumento de las necesidades insatisfechas. Es hora de comenzar a pensar en medidas de confinamiento más acotadas y precisas, con mayor aplicación de testeos de detección. Una información más rápida y confiable permitiría otro manejo de la cuarentena. 

Es valorable lo hecho hasta aquí en términos de conseguir tiempo para ampliar y mejorar la infraestructura de salud, pero no se puede mantener casi en cero la actividad económica, porque la sequía monetaria puede causar daños difíciles de prever y producir reacciones turbulentas.

 

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
Ediciones Anteriores | Edición Impresa


Temas:


Un veto que suma desconfianza   -  -
Política
Covid: la provincia de Santa Fe suma 26 muertos y 1.574 contagios, 84 de la ciudad -  -
#Temas de HOY: Fondo Solidario de Empresarios por Santa Fe  La Educación Primero  Empresas Productivas  Clima en Santa Fe  

Recomendadas