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Domingo 05.04.2020 - Última actualización - 21:15
20:59

La peste en mi pago. Sábado 4 y domingo 5

Jubilados, desnudos y a los gritos

 Crédito: Flavio Raina
Crédito: Flavio Raina

Crédito: Flavio Raina



La peste en mi pago. Sábado 4 y domingo 5 Jubilados, desnudos y a los gritos Debían tener en claro que, ante la falta de efectivo -que es crónica- y las malas prácticas bancarias -que ya eran conocidas-, el desmadre se vendría. Se vino. Fue el 3 de abril.

La peste en mi pago (hablo de Argentina pero podemos achicar la historia a mi provincia, Santa Fe, y a mi ciudad de cobijo, Rosario) los dejó desnudos de pasado infiel, de espaldas sucias y por tanto de excusas, a todos los funcionarios, por algo visible e inatajable, por el desnudo público de los jubilados. Fue el viernes 3 de abril.

 

Cualquiera sabe, debería saberlo, que en los últimos 10 años (2010 a 2019) con la exactitud que dan los números, descendimos en plata en el bolsillo, que es lo más importante, en relación de ese sueldo con la moneda de oro, el dólar estadounidense (repito, los argentinos somos bilingües) en la cantidad de dinero que el país produce, en la relación del que gasta con el que junta. En pocas palabras: veníamos fundiéndonos.

 

En la ciudad de Rosario el default estaba consagrado, en la provincia hay poblaciones con varios años de atraso en los dineros que le daban para hacer obras y que, además, usaban para pagar gastos corrientes. La relación incestuosa con el FMI, más la plata que se fugaba (dólares, nadie se fuga con patacones o pesos Ley 18.188) nos dejaba en malísima posición. Malísima. El país, mi país, no tenía buen diagnóstico. No lo tiene y aclaremos: empeoró.

 

La cuestión se complicaba porque el liderazgo real, según todas las encuestas, lo tenía una dirigente política que oscilaba entre el 27 y el 32 de te quiero. Sola. Nadie ni cerca. El 32% del país le decía que SI en el mismo instante que el 68% restante le decía que NO.

 

Apareció entonces un funcionario del Estado Permanente, que desde 1996/98 gira por el poder burocrático que se sostiene en la única ciudad de Argentina: Buenos Aires. Un porteño. La idea de José Manuel de la Sota: “un peronismo unido la necesita, un peronismo con ella de jefa nunca será un peronismo unido, si la convencés que se quede un paso atrás el país es nuestro…” (nadie dirá que se lo dijo “al pibe máximo”, nadie lo dirá). Se murió De la Sota, los rumores son anécdotas y lo que no puede cambiar la interpretación de la historia, que siempre se re interpreta, lo único que no puede cambiar son las fechas. Por las dudas: Alberto Fernández el porteño es quien dice: “Cristina me acaba de ofertar…”. Lo dice en el 2019. Ella le ofertó el cargo de presidente de Argentina a ese abogado. Alberto Fernández, el porteño. Un funcionario que conoce todos los meandros del poder, todos. Conocer no significa dirigir y, por otra parte, uno debe preguntarse: ¿se pueden dirigir los pasillos del poder?  La respuesta es obvia.

 

Los votos consagraron a la fórmula “Fernández /Fernández” torciendo la cuadratura del círculo. La vicepresidenta eligió al presidente y el pueblo los eligió a los dos.  En diciembre del 2019 comenzó un recuento de días febriles. Los grupos irascibles, cuasi fanáticos, que acompañaban a CFK pidieron y obtuvieron lugares y más lugares. Al asalto del poder legislativo, a la carga con Ministerios y entes Autárquicos, a la toma del Ejército y la Policía y a cercar el Poder Judicial. La toma del sillón de los jueces, tan lejano, estaba a un tris para más allá de Semana Santa. De esta Semana Santa, de este abril del 2020.

 

De la película “El exorcista” una escena me acompaña. En una tumba excavada en un lugar remoto un pote se abre y un aliento se escapa. Poco en ese juego de una película que, al decir de un amigo, “estafaban si cobraban la entrada entera… porque estábamos en el borde del asiento, en menos de la mitad, con el alma en vilo” (Jorge del Luján Gutiérrez) poco en el filme, pero ese aliento que se escapó termina aposentándose en la chica; Max Von Sydow se juega la vida con misales y agua bendita y nada… ese aliento escapado de aquel pote define: es un misterio. Manda. Pone a los mortales en otra posición. No entienden. No pueden.

 

Alberto Fernández, el porteño, lleva años como hábil declarante y tenía, ya elegido presidente, una espalda fenomenal. “La herencia recibida”. Permítanmé usar las mayúsculas: “HERENCIA RECIBIDA”. Nada más exacto. Por si fuese poco, sus espaldas cubiertas por CFK. Dolorosas espaldas de puercoespín.

 

La provincia de Santa Fe con las cuentas oscurísimas en proveedores y obra pública. Rosario en Default silencioso pero real. Nada diferente. Argentina estaba en Default virtual y pidiendo que todo se acomodase y… ¡Páfate! ¡Patapum!

 

Una partícula, ni siquiera un organismo, una partícula de laboratorio que tiene un programa que altera las células y las vuelve bombas esclavas que reproducen la partícula, una partícula programada para quitarte la respiración se escapa de algún lugar. No está Max Von Sydow, que además no pudo… y el mapa cambia.

 

Está claro que nadie nace sabiendo cómo combatir una pandemia pero algo debemos tener en claro: no es un abogado porteño el que más sabe de esto, ni los chicos de La Cámpora, el Movimiento Evita y peor: el infatuado Grupo Callao. Nada. Ellos no lo tuvieron en claro. No vieron el día a las 11:59 de la mañana.

 

Lo que podrían tener en claro es que, ante la falta de efectivo, que es crónica, y las malas prácticas bancarias, que ya eran conocidas, se repite, ya eran conocidas las malas prácticas bancarias de los jubilados, conocidas por los bancarios, los especialistas y todos los antecedentes de los últimos pagos, ante la falta de efectivo el desmadre se vendría. Se vino. Fue el 3 de abril. En algunos casos desde la noche del 2 de abril.

 

Un general se conoce en el momento de la batalla. Antes es apenas un uniforme. Fernández es el General Pandemia. No puede haber dos. Debía saber, por años de burocracia, que la burocracia no resuelve sino que entorpece y documenta las torpezas. Fecha de formación del comité de emergencia… (Hum). Recordemos que este mismo General fue el que convocó a Marcelo Tinelli en un Comité contra el Hambre.

 

Los jubilados, que no debían salir, eso hicieron, salieron. Ahora se agrega, espero que solo sea lo que mejor saben, nada más que un título mediático, que la cuarentena se termina después de Pascuas, que serían, vaya broma, la Gran Pascua de Resurrección. Lo piden los Empresarios. Es Palabra de Dios. Y… sí.

 

No tenemos otro General y no es negocio cambiarlo en mitad del río. Debería entender que un abogado no entiende de Pandemia y aceptar que alguien debe dirigir una lucha que es de técnicos. Contrafactismo. Hay un ejemplo peor: “El Mauri” no entendía de estas cosas, de la economía y la pobreza, le hizo caso a sus amigos y aquí estamos…

 

Este viernes 3 de abril, muertos de hambre, ignorantes de un mundo digital (él debía saberlo, no puede sorprenderse, se sorprende porque su termo no atiende la calle, el barrio y el barro), los jubilados, desnudos y a los gritos le dijeron su mensaje: sálvenos General. Nadie pide un cambio de jinetas, todos piden, pedimos que el aprendizaje no sea con muchas muertes.

 

El año que viene, si Dios y Linda Blair quieren, si Max Von Sydow puede, Alberto Fernández el porteño podrá decir: “la herencia recibida… más el coronavirus…” y de tal frase entender la miseria en la que estaremos. No habrá que afligirse tanto, cualquier burro, cualquier cronista dominical desde la tribuna, como quien esto escribe, cualquier animalito de Dios sabe que nada quedará igual. Ni acá, ni en el jopo de Trump o la tumba de Mao. Alguna vez se atenuará el coronavirus este. Atenuará. Punto. Indicará, insisto: entramos en el Siglo XXI. Alberto lo hizo. Nosotros tras él.




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