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Sábado 02.05.2020 - Última actualización - 20:37
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Peisadillas

Exceso de seso

La peatonal vacía durante la cuarentena. Crédito: Manuel FabatíaLa peatonal vacía durante la cuarentena.
Crédito: Manuel Fabatía

La peatonal vacía durante la cuarentena. Crédito: Manuel Fabatía



Peisadillas Exceso de seso Arremete nostálgica nuestra peatonal, tan bella, tan hermoseada por nuestros/as conciudadanos/as, tan colorida y cándida... Hoy tan solitaria, silenciosa y gris, esa hermosa arteria sufrió un A.C.V. (Actualidad de Calles Vacías).  

Me puse a dieta, juré que no volvería a beber ni a comer con exceso y en catorce días había perdido dos semanas”, Joe E. Lewis - Comediante estadounidense.
 

 

Preso en mis pensamientos, privado de la libertad de movimientos, mis días siguen transcurriendo con su exasperante monotonía. Deambulo por el departamento como un fantasma que olvidó el camino hacia la redención, flotando en mis reflexiones de confinado, esperando la amnistía que no llega, me acerco a la ventana para mirar el aletargado movimiento del barrio; salgo al parque de uso común del complejo para mirar el cielo, observando a la gente con sus barbijos que entran y salen levemente despreocupadas. Yo aprovecho y tomo el último despojo de los rayos de sol de estos solitarios y melancólicos días otoñales. Siento la melancolía del paseo diario, del desayuno con medialunas calentitas y esa privilegiada vista al puerto, ahora paralizado de almas; me embarga la añoranza de poder encontrarme cada sábado con los amigos de toda la vida, hasta el recuerdo de esas filas interminables y lerdas de los bancos -donde todos nos conocemos y con muchos nos reconocemos-, se torna en melancolía. Arremete nostálgica nuestra peatonal, tan bella, tan hermoseada por nuestros/as conciudadanos/as, tan colorida y cándida, con los escaparates rebosantes de productos y ofertas eternas, y claro, de gente. Hoy tan solitaria, silenciosa y gris, esa hermosa arteria sufrió un A.C.V (Actualidad de Calles Vacías).
 

Las noticias y los canales de noticias se parecen tanto que ya uno no sabe si está haciendo zapping o si la pantalla nos muestra siempre lo mismo. El desfile de opinólogos y “sabetodólogos” es incesante, en un momento y en determinado canal se lo ve hablando por “Skype”, al minuto siguiente el mismo personaje, en misma posición y plano, se pavonea en otra emisión. Es comprensible y por suerte la gran mayoría esta concientizada de la difícil situación que estamos viviendo y la tele es una parte representativa de ésta. Entonces aparecen los cronistas callejeros de los medios capitalinos con un micrófono envuelto en celofán o bolsita plástica, con un pie de micrófono largo para llegar a distancias imposibles, tratando de sacar el testimonio de las filas en los supermercados, en las paradas de colectivos, en los balcones o en donde alguien pueda expresar esas ganas de decirles a todos que ya está cansado de todo esto, y que toma las medidas precautorias aunque sin percatarse que el micrófono del empático cronista se posó en una gran cantidad de bocas que tenían las mismas ganas de hablar, diría un amigo ¡me cago en la seguridad! Se entiende, aquellos programas que tienen un formato de invitados o con varios panelistas se lo están viendo bastante complicado, entonces el recurso que se utiliza es tratar de mantener y reflotar la atención exponiendo temas que tratan de concientizar y debatir la problemática actual de la pandemia; a mi entender, caen irreversiblemente en la repetición y en algo mucho peor, la sobreinformación, mucho de lo mismo termina confundiendo al receptor. En todo este tráfico de información mucho de lo que se dice termina siendo contraproducente, ambiguo y potenciador de sofismas.

 

La intensidad de la información que nos llega por diferentes vías y canales informativos roza la desmesura, muchas veces he dicho que yo me considero un animal de radio, de hecho, si la radio no está encendida, no puedo dormirme, costumbre que llevo conmigo desde que tengo uso de corazón y desuso de razón. Convencido que la información es formación, intento desde mi lugar ser receptivo con lo que nos llega en la muy antifederal televisión argentina, y federalizo las noticias locales para reconfortar mi innata inquietud de saber todo lo que pasa, de curioso nomás... 
 

Y bueno, la realidad está dura y no es fácil mantenerse cuerdo. Existe un tire y afloje que cada vez se hace más visible. Las preguntas se quedan sin respuestas; no hay ciencia cierta y las proyecciones solo proyectan deseos. Hoy tenemos que encontrarnos unidos, todo ese flujo informativo nos mueve el eje. Dicen algunos expertos en sociología y psicología que es preciso dejar de mirar y escuchar tanta noticia y enfocar nuestras horas a satisfacernos con lo que más nos gusta, aprovechando tanto tiempo libre, tratando de maximizar en calidad el tiempo que tenemos para hacer cosas positivas para el cuerpo y la mente. Apenas empezó la cuarentena les conté que empecé a releer aquellos libros olvidados en la memoria y en los anaqueles; refloté viejas revistas, verdaderas obras de arte del humor y la política; redescubrí viejos y nuevos recuerdos de mis re-locos años jóvenes; de sepia se fundieron mis pensamientos y reminiscencias. Los pequeños “souvenirs” que la memoria y las cajas rotuladas tenían escondidos se hicieron presentes para futuras anécdotas que nuestros nietos van a querer escuchar.

 

Entre tanto vago recuerdo y tantas horas que vago en la memoria, me recuesto a pensar en cómo serán aquellos tiempos que vendrán.
 

Es tan sólo un día más, y por suerte, un día menos.

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