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Lunes 18.05.2020 - Última actualización - 7:29
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Agudizar el ingenio en la pandemia

Una santafesina en Israel convirtió su hogar en un jardín de infantes

Dorita Sirosky vive en ese país desde hace 30 años y tuvo que cerrar su institución educativa por la cuarentena. Para paliar el duro momento económico, transformó su casa en un mundo colorido y educativo para los chicos. Cuando se autorizaron actividades, comenzó a recibir a los pequeños para que los padres puedan trabajar tranquilos.

Jardín, dulce jardín. Como siempre pero en casa. Dorita Sirosky adaptó su hogar para que los chicos se sientan cómodos y trabajen como lo solían hacer en la institución educativa. Crédito: GentilezaJardín, dulce jardín. Como siempre pero en casa. Dorita Sirosky adaptó su hogar para que los chicos se sientan cómodos y trabajen como lo solían hacer en la institución educativa.
Crédito: Gentileza

Jardín, dulce jardín. Como siempre pero en casa. Dorita Sirosky adaptó su hogar para que los chicos se sientan cómodos y trabajen como lo solían hacer en la institución educativa. Crédito: Gentileza



Agudizar el ingenio en la pandemia Una santafesina en Israel convirtió su hogar en un jardín de infantes Dorita Sirosky vive en ese país desde hace 30 años y tuvo que cerrar su institución educativa por la cuarentena. Para paliar el duro momento económico, transformó su casa en un mundo colorido y educativo para los chicos. Cuando se autorizaron actividades, comenzó a recibir a los pequeños para que los padres puedan trabajar tranquilos. Dorita Sirosky vive en ese país desde hace 30 años y tuvo que cerrar su institución educativa por la cuarentena. Para paliar el duro momento económico, transformó su casa en un mundo colorido y educativo para los chicos. Cuando se autorizaron actividades, comenzó a recibir a los pequeños para que los padres puedan trabajar tranquilos.

Más allá de los notorios cambios que la pandemia y la cuarentena han generado en la cotidianeidad de todo el planeta, las adaptaciones sociales que hicieron las comunidades para defenderse del coronavirus motivaron agudizar el ingenio para poder sobrevivir. Si bien es cierto que son millones los ejemplos distribuidos por todo el mundo, los casos argentinos son lo que más nos atraen como compatriotas, y mucho más si los protagonistas de estas historias son los locales, los nuestros. Es el caso de Dorita Sirosky, una santafesina de 57 años nacida en la capital provincial pero criada en Santo Tomé, que se encuentra radicada en Israel desde hace unos 30 años (se fue en julio de 1990, cuando tenía 27 años). Hoy vive en la ciudad Kfar Saba, situada a media hora de Tel Aviv. 

 

Por el aislamiento preventivo, social y obligatorio de aquel país, la profesora de música y maestra jardinera tuvo que cerrar su Jardín de Infantes “Chico” (“Gan Chico” en hebreo) el 15 de marzo. Se quedó confinada en su casa, pero no con los brazos cruzados: ni bien el gobierno del Primer Ministro Benjamín Netanyahu empezó a habilitar lentamente algunas actividades, Dorita convirtió su hogar en todo un jardín de infantes.

 

“Permitieron que una familia pueda recibir a otras dos en su casa y así los padres turnarse en el cuidado de los chicos; entonces, se me ocurrió ofrecerles a los padres ser yo la que me encargue directamente de los pequeños, para que ellos puedan ir a trabajar o bien hacerlo desde su casa, pero más tranquilos”, comentó Sirosky a El Litoral, en una comunicación realizada vía Skype.

 

Sirosky es santafesina, nació en la capital provincial pero se crió en Santo Tomé. Está radicada en Israel desde hace unos 30 años, en una ciudad cercana a Tel Aviv.Foto: Gentileza Dorita Sirosky

 

Con protocolo

 

 

Así fue que la casa de Sirosky se transformó en un espacio imaginario didáctico lleno de colores, muñecos, papeles, juegos, libros y educación. “Hablé con mi personal y las chicas comenzaron a hacer los mismo, de manera tal de empezar a tener algún ingreso; arranqué con tres nenes que recibía a las 8 de la mañana. Me los dejaban afuera los padres, entraban, inmediatamente nos lavábamos bien las manos y trabajábamos desde un principio en el tema”, contó sobre los pasos a cumplir para poder ejercer esa actividad.

 

El secreto estuvo en mantener un orden del día lo más parecido posible a cuando los pequeños iban al jardín. “Luego de jugar, a las 9 nos volvíamos a lavar las manos y desayunábamos, tal como lo hacíamos en tiempos normales, hasta la comida era exactamente la misma que comían en el Jardín”, detalló. 

 

Dorita aseguró que la repercusión fue muy buena, porque esto permitió que las personas con hijos —sobre todo trabajadores “esenciales” en la lucha contra el Covid-19—, puedan ir a trabajar sin preocupaciones, prestando su mejor servicio y sabiendo que sus hijos estaban en buenas manos. “Al poco tiempo autorizaron hasta 6, entonces recibí algunos niños más; esta última semana volvimos abrir las puertas de los jardines, pero con pequeños hasta 3 años, y ahora permitieron el resto, pero con la mitad de los grupos; domingos, lunes y martes van 15 chicos, y miércoles, jueves y viernes otros 15”, precisó. “Fue una gran experiencia que sin lugar a dudas posibilitó que mucha gente pueda ayudar en medio de este problema”, concluyó Dorita Sirosky.


 
Controlado

 

Sobre el impacto que tuvo la pandemia en Israel, Sirosky sostuvo que desde el principio estuvo controlado y se trabajó muy bien. “Acá diariamente se están haciendo 10 mil análisis por coronavirus, lo que permite detectar casos rápidamente en buena parte de la población; los hospitales no estuvieron nunca desbordados, incluso ya hay salas que se habían preparado para los infectados y que ahora se están cerrando”, describió.

 

Con relación al retorno de las clases, indicó que el gobierno israelí autorizó que se retomen con normalidad a partir de la semana que comienza, cosa que sucederá con todas las actividades en general.

 

“Ahora volvemos todo a como era antes de que suceda la pandemia por Covid-19, lo que es una gran noticia”, expresó. 

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Luis Amsler


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