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Miércoles 20.05.2020 - Última actualización - 21:07
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Por Ricardo R. Benavides

Pedro Pablo, el hijo santafesino del general Belgrano (1)

Fotografía del Coronel Pedro Pablo Rosas y Belgrano, hijo del General Manuel Belgrano. Crédito: Archivo General de la NaciónFotografía del Coronel Pedro Pablo Rosas y Belgrano, hijo del General Manuel Belgrano.
Crédito: Archivo General de la Nación

Fotografía del Coronel Pedro Pablo Rosas y Belgrano, hijo del General Manuel Belgrano. Crédito: Archivo General de la Nación



Por Ricardo R. Benavides Pedro Pablo, el hijo santafesino del general Belgrano (1) Bicentenario del fallecimiento de Manuel Belgrano (VII)*

Por Ricardo R. Benavides
 

Luego de concluir Manuel Belgrano sus estudios de nivel medio en el Real Colegio de San Carlos de Buenos Aires, y de finalizar los universitarios en España, siendo Secretario del Consulado desde 1794, conoció a la muy joven María Josefa Ezcurra. Nacida en Buenos Aires el 26 de noviembre de 1785, era integrante de una familia tradicional de la Gran Aldea, compuesta por sus padres, Juan Ignacio Ezcurra, de origen navarro de Pamplona, y la criolla Teodora Arguibel. De entre sus hermanos Encarnación, futura esposa de Juan Manuel de Rosas, tendría vital participación en esta poco conocida historia de afectos, sentimientos encontrados y separaciones.

 

En el año 1802, cuando Manuel se encontraba en plena juventud con sus 32 años, comenzó a frecuentar cada vez más asiduamente a María Josefa, en tertulias y saraos en casas de familias amigas, o en encuentros furtivos, cultivando un ardiente e irrefrenable amor, que perduró muchos años a pesar de los contratiempos que impidieron su continuidad y cristalización definitiva.

 

Oposición familiar

 

Pero al tomar conocimiento los padres de María Josefa de la incipiente relación amorosa que involucraba a su hija con Manuel Belgrano -cuyas pretensiones no aceptaban-, dispusieron, según costumbres de la época, que se celebrara prontamente su matrimonio con un primo de origen navarro, recién llegado del reino de España. Se llamaba Juan Esteban Ezcurra, y efectivamente se concretó, prolongándose la relación durante nueve años. Con posterioridad, por razones de índole política vinculadas con la Revolución de Mayo, y otras de carácter personal que se mantienen ocultas para la historia, se produjo la separación de los cónyuges, ya que Juan Esteban se trasladó a España de donde no regresó.

 

Tales circunstancias llevaron a Manuel a reanudar, aunque en el mayor de los secretos, su relación con María Josefa, quien no había tenido hijos en el matrimonio con su primo.

 

Cuando en 1812, luego de enarbolar la bandera en Rosario, Belgrano debió marchar a hacerse cargo de la conducción del Ejército del Norte o, más propiamente, del Ejército Auxiliar del Perú, María Josefa, en una actitud inusual para esa época de rigurosos principios sociales, abandonó a sus padres y viajó en carruaje hasta San Salvador de Jujuy para encontrarse con su amado, asumiendo los riesgos e inconvenientes de un periplo de esa naturaleza, dado lo inhóspito del trayecto y la ausencia mínima de comodidades y ámbitos propicios para descansar con alguna seguridad.

 

Embarazo en Tucumán, nacimiento en Santa Fe

 

Por fin, luego de 45 días de un fatigoso viaje cubierto de vicisitudes desagradables e inesperadas situaciones de peligro, María Josefa y Manuel se encontraron en San Salvador de Jujuy a mediados de 1812, aunque pronto debieron trasladarse a San Miguel de Tucumán, en medio del éxodo jujeño ocurrido en agosto por determinación táctica del general. Allí vivieron sus momentos de máxima felicidad, quedando María Josefa embarazada hacia el mes de octubre, mientras Manuel se aprestaba a dar la gran batalla que detendría el avance español el 24 de noviembre.

 

En razón de las circunstancias personales de la futura madre y la vigencia del vínculo conyugal que la unía a Juan Esteban Ezcurra, ambos decidieron que lo mejor sería que el parto se produjera en un lugar alejado de Buenos Aires con el fin de evitar un previsible y fuerte reproche social. Así fue que se eligió la estancia de unos amigos, muy cercana a la ciudad de Santa Fe; probablemente una propiedad de Francisco Antonio Candioti o de Gregoria Pérez de Denis, aunque algunos historiadores sostienen que podría tratarse de un establecimiento rural de Juan Manuel de Rosas ubicado en cercanías de la Villa del Rosario. Lo cierto es que el 29 de julio de 1813 nació el niño que fue anotado y bautizado en la iglesia Matriz (Catedral) de Santa Fe como huérfano o expósito, partida en la que su madre figura como madrina de bautismo.

 

El niño vivió en Santa Fe algunos meses con su madre, y luego fue adoptado por una hermana de ésta, la ya mencionada Encarnación, quien recientemente había contraído nupcias con Juan Manuel de Rosas. Por eso, el futuro gobernador de Buenos Aires aparecerá como padre de la criatura, en tanto que el niño se llamará Pedro Pablo Rosas, hasta la edad de veinte años. En ese momento, Rosas revelará que su verdadero padre había sido el General Manuel Belgrano y que su madre era María Josefa Ezcurra, a quien Pedro Pablo llamaba tía.

 

Pedro Pablo Rosas reivindica su apellido “Belgrano”

 

Al conocer tales hechos, el joven Rosas decidirá adicionar a su apellido el de su padre biológico, pasando a llamarse Pedro Pablo Rosas y Belgrano, nombre con el que fue conocido en el transcurso de su larga carrera militar, en sus relaciones sociales y en sus negocios relacionados con la cría y engorde de ganado vacuno, que fue su principal actividad civil.

 

En el plano personal, primero será secretario de Rosas, a quien acompañará en su campaña al desierto y luego se incorporará al Ejército, donde alcanzará el grado de coronel, participando activamente en luchas contra los indios y los caudillos que combatían al Restaurador.

 

Luego de la caída de Rosas, al no contar con su apoyo, y habiendo el nuevo gobierno confiscado todos sus bienes, marchará a fines de 1855 a Santa Fe (antes había estado viviendo un tiempo en la ciudad de Rosario), donde las autoridades de esta provincia le habrán de encomendar tareas de defensa de las fronteras norte y oeste, acosadas de continuo por distintas tribus indígenas.

 

Transcurridos cuatro años en la zona del Litoral, regresará a Buenos Aires, y en 1859 será designado por el General Justo J. de Urquiza comandante de las fuerzas con asiento en Azul, sitio en el que concluirá su carrera militar.

 

Pero no fueron ésas sus únicas actividades; también se había desempeñado como juez de Paz en Azul, donde el 29 de octubre de 1851 contrajo matrimonio con Juana Rodríguez, iniciando una familia en la que nacieron sus 16 hijos. Por otra parte, en Azul ejercía su actividad ganadera, llegando a poblar once estancias, lo que lo convirtió en uno de los más importantes estancieros de esa provincia. Todas ellas le habían sido confiscadas luego de la caída del gobierno de Rosas.

 

Por fin, luego de una vida azarosa, el niño nacido en la provincia de Santa Fe en 1813 murió en Buenos Aires el 27 de septiembre de 1863. Su padre, el General Manuel Belgrano, había fallecido mucho tiempo antes, el 20 de junio de 1820; y su madre, el 6 de septiembre de 1856, ambos en la ciudad de Buenos Aires.

 

* Serie producida para El Litoral por la Junta Provincial de Estudios Históricos.

(1) Una primera versión de este artículo se publicó en El litoral del Viernes 12 de junio de 2015.

 

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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