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Miércoles 27.05.2020 - Última actualización - 20:21
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La peste en mi pago

Ciudades sin ciudadanos

 Crédito: Fernando Nicola
Crédito: Fernando Nicola

Crédito: Fernando Nicola



La peste en mi pago Ciudades sin ciudadanos Es interesante en este encierro el concepto de Patria. Es una atadura. Remite al concepto de libertad. No nos damos cuenta pero somos ciudadanos sin ciudad o bien, hay una ciudad que no tiene ciudadanos sino personas encerradas, que no es lo mismo.

Ha pasado una de las fechas con más costo histórico de Argentina. La semana de Mayo que, más allá del almanaque, culmina el 25.

 

Cerrar y abrir esos días, que cada tanto se revisan, implica encontrarse con “La máscara de Fernando VII” y ubicar a don Cornelio Judas Tadeo de Saavedra y Rodríguez (Cornelio Saavedra), Presidente y Capitán General de Armas de la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias Unidas del Río de la Plata a nombre del Señor Fernando VII.

 

La historia argentina, embarcada en esa añagaza, entiende desde entonces a un pueblo en formación con una característica ejemplar: decir una cosa pero hacer otra. No nos poníamos a defender al “Ferdi” del borracho José Bonaparte sino a liberarnos (un decir, compréndalo) y de allí las “guerras de la independencia” tan diferentes según generales que no eran generales y campos de batalla que no eran semejantes. Ni propicios o favorables.

 

Decir una cosa y hacer otra es esto que nos embarca en una canoita de living y balcón. La peste nos dejó encerrados y ni siquiera pudimos mostrar la escarapela. Yo sigo usando la frase de Leopoldo Marechal: “la patria es un dolor que se lleva en el costado”.

 

Podría citar a Julia: “Se nace en cualquier parte. Es el misterio -es el primer misterio inapelable- pero se ama a una tierra como propia y se quiere volver a sus entrañas. Allí donde partir es imposible, donde permanecer es necesario, donde el barro es más fuerte que el deseo de seguir caminando. Donde las manos caen bruscamente y estar arrodillado es el descanso, donde se mira al cielo con soberbia desesperada y áspera, donde nunca se está del todo solo, donde cualquier umbral es la morada. Donde se quiere arar. Y dar un hijo. Y se quiere morir, está la patria”.

 

El Poema es, como cité, de Julia Prilutzky Farny. La música de Julio Lacarra le dio otra amplitud. El poema se sostiene solo, la música lo exhibe en una dimensión diferente, donde la voz que lo canta le pone distintos acentos. Aspiro que alguien lo lea del mismo modo que lo hice, sin juicios previos.

 

Es interesante en este encierro el concepto de Patria. Es una atadura. Remite al concepto de libertad. No nos damos cuenta pero somos ciudadanos sin ciudad o bien, hay una ciudad que no tiene ciudadanos sino personas encerradas, que no es lo mismo. Es sorprendente, en este encierro, encontrarse con personas que buscaron otros cielos. Como la poeta mencionada.

 

Julia Prilutzky Farny fue una poeta ucraniana naturalizada argentina, nacida en Kiev en 1912 y fallecida en Buenos Aires el 8 de marzo del 2002, en un geriátrico. Desarrolló su carrera literaria en la Argentina. Su padrino fue Alfredo Palacios y su afinidad con Evita y el peronismo sirvió para proscribirla. Cuestiones locas vive Argentina, es Alberto Migré, con la lectura de algunos de sus poemas en una telenovela (Arturo Puig protagonista) quien lleva a 100.000 ejemplares de venta real un libro con sus poesías.

 

Este es un país tan loco que estamos encerrados y queremos libertad para salir sabiendo que, si salimos en mitad de la peste, la misma peste nos toma como vehículos para crecer… y matarnos.

 

Este es un país tan loco que aceptamos generales en la guerra a la peste (intendentes, gobernadores, presidentes de un cogobierno) pero, a la vez, objetamos su crecimiento mediático.

 

Este es un país tan loco (todos dentro, claro) que leemos con fruición la posible cura de la peste. Todos los días en algún medio una proximidad de una cura (milagrosa, que no científica) es leída con la vana esperanza de la certeza. “Música porque sí, música vana, como la vana música del grillo” dice Conrado Nalé Roxlo.

 

En este sitio donde vivo nadie ubica a Richard Matheson (Soy Leyenda), el creador de Robert Neville, un brillante científico, que es el único sobreviviente de una plaga creada por el hombre que transforma a los humanos en mutantes sedientos de sangre. Él vaga solitario por Nueva York, buscando a posibles sobrevivientes, y trabaja para hallar una cura para la plaga usando su propia sangre… (Eslogan de campaña sobre la fiebre hemorrágica: “si usted  se curó… ¡tiene el remedio!…”) vamos, el suero de supervivientes es un tema en estudio. Tampoco se ubica a Theodore Sturgeon (Más que humano) la Gestalt de la supervivencia y ya abandonamos a Bioy Casares, cada vez más acertado.

 

Ser ciudadanos en mitad de la peste que aisla y nos quita de las ciudades, tiene costados medicinales, pero también socio económicos. Alguna vez, además de faltar el transporte público –hoy en ausencia absoluta– faltará el azúcar, los fideos y la yerba. El tabaco no. Todas las drogas se mantienen en producción. Es presunción sin certeza, pero también es pregunta ¿la cuarentena cura las adicciones? Categórica respuesta. No. Pregunta abierta: ¿entonces…?

 

La información pura y dura sostiene que hay más de 4.000 villas de emergencia, rebautizadas villas de miseria, re calificadas como barrios populares, con un abuso de “popular” donde el hacinamiento y la suciedad son visibles.

 

El 40 % del país está debajo de una línea mínima de dinero mensual, indispensable para cubrir las compras elementales. Estadística previa a la peste.

 

Buena parte de tales compatriotas viven en esos sitios poco sanos, totalmente insalubres. No aparecieron con la peste, el coronavirus quitó la sábana mediática que ocultaba su existencia porque no eran fuente de contagio. Si esos sitios explotan de COVID 19, es racional pensar que la peste irá creciendo por la ciudad a la que rodean estas villas de miseria con personas en estado de miserabilidad (neologismo que explica todo)

 

Desde el 24 de mayo han decidido que a estos sitios conviene cerrarlos. A la fecha con fuerzas policiales. No quiero, no debo, no deseo analogía histórica alguna. No cedo a la tentación. Se la regalo.

 

Tengo para mí que algo pasa. Con nosotros y nuestra locura interminable…. “donde nunca se está del todo solo, donde cualquier umbral es la morada. Donde se quiere arar. Y dar un hijo. Y se quiere morir, está la patria”. Somos ciudadanos sin ciudades y el 40 % de los que viven cerca de nuestro pago amurallado ni siquiera tienen patria; con o sin máscara de Fernando VII.




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