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Domingo 31.05.2020 - Última actualización - 18:24
13:20

Víctor Alfredo Bottaniz, el capitán de Unión que fue a la selección...

"Yo me siento campeón del mundo"

Lito se quedó afuera días antes de empezar el Mundial de 1978, pero se quedó como si fuera uno más. No se le caen los anillos y cuenta que “le sacaba el barro de los botines a los compañeros en el entretiempo y era uno de los pocos que sabía prender los leños para no morirnos de frio en la concentración de José C. Paz”. Dice que Pipo Ferreiro fue clave en Unión y al poco tiempo lo convocaron. Le robaron de su casa la medalla de campeón.

Lito Bottaniz, uno de los jugadores con mayor cantidad de partidos jugados en Unión, detrás del Chango Cárdenas. Siendo capitán tatengue, fue a la selección de Menotti. Crédito: Juan VittoriLito Bottaniz, uno de los jugadores con mayor cantidad de partidos jugados en Unión, detrás del Chango Cárdenas. Siendo capitán tatengue, fue a la selección de Menotti.
Crédito: Juan Vittori

Lito Bottaniz, uno de los jugadores con mayor cantidad de partidos jugados en Unión, detrás del Chango Cárdenas. Siendo capitán tatengue, fue a la selección de Menotti. Crédito: Juan Vittori



Víctor Alfredo Bottaniz, el capitán de Unión que fue a la selección... "Yo me siento campeón del mundo" Lito se quedó afuera días antes de empezar el Mundial de 1978, pero se quedó como si fuera uno más. No se le caen los anillos y cuenta que “le sacaba el barro de los botines a los compañeros en el entretiempo y era uno de los pocos que sabía prender los leños para no morirnos de frio en la concentración de José C. Paz”. Dice que Pipo Ferreiro fue clave en Unión y al poco tiempo lo convocaron. Le robaron de su casa la medalla de campeón. Lito se quedó afuera días antes de empezar el Mundial de 1978, pero se quedó como si fuera uno más. No se le caen los anillos y cuenta que “le sacaba el barro de los botines a los compañeros en el entretiempo y era uno de los pocos que sabía prender los leños para no morirnos de frio en la concentración de José C. Paz”. Dice que Pipo Ferreiro fue clave en Unión y al poco tiempo lo convocaron. Le robaron de su casa la medalla de campeón.

“Confieso que he vivido”, es el título de aquella obra de Pablo Neruda que, ¡oh casualidad!, aparece en 1974, el último año de Víctor Alfredo Bottaniz en River y justamente la antesala de la primera gran decisión que luego lo llevó a vivir todo lo que ha vivido. Hoy, con todo este tiempo transcurrido y a sus 67 años recién cumplidos, tranquilamente puede dar fe de aquello que la vida es una sucesión de lecciones que deben vivirse para ser comprendidas. Y Lito las vivió, las enfrentó, las sufrió, las disfrutó y las capitalizó. Esas experiencias y enseñanzas le han dado sabiduría y temple. Tiene para contar lo que muy pocos pueden contar. Y es un placer escucharlo.

 

—¿Cómo era jugar en River, cuando River hacía 18 años que no salía campeón?

—Era difícil, pero, ¿sabés una cosa?. En esa etapa de pibe no la pensás tanto, la pensás luego, ya de grande. Había una gran presión, pero River fue el club de mi formación. Yo arranqué ahí en la prenovena... ¡Imagináte!... Toda una vida. De todos modos, no jugué mucho... Un Nacional completo y algunos partidos del Metropolitano.

 

—Y llegó la posibilidad de Unión en 1975 a tus 21 años...

—Era un riesgo, salía de River para venir al interior, a un equipo recién ascendido... Fue una buena elección y ahí empecé el recorrido.

 

—En River lo tuviste a Didí y a Delem. ¿Didí era un sabio del fútbol?

—Didí era un sabio... A muchos nos seleccionó con edad de sexta. Ahí jugábamos Mario Finarolli, Avanzi, el Beto Alonso, Landaburu... Nos llevaba una o dos veces al mes a hacer fútbol con la Primera. Delem le daba los datos y él miraba. Yo lo tuve tres o cuatro meses. Nos hacía sentir bien por el fútbol que intentaba jugar.

 

 

 

 

—¿Súper ofensivo?

 

—El tenía una idea clara de los laterales, al ser brasileño. En Brasil siempre fue igual con el tema de los marcadores de punta. Y yo atacaba, iba al frente... Y eso, a él, le gustaba.

 

—¿Era imposible llegar a la selección siendo jugador de Unión?

—¡No!.... No... El Flaco Menotti miraba mucho el interior y lo tenía al Gitano de “puntero”. Yo sabía que me estaban siguiendo porque tenía un amigo en común con Rogelio Poncini, el ayudante de campo de Menotti. Me ayudaba el rendimiento mío, en el 77 estaba bien... Muy bien te diría. ¿Sabés quién me hizo sentir bien en ese tiempo en Unión?

 

—¿Quién?

—¡Pipo Ferreiro!... Me dio el brazalete de capitán en Unión y una vez lo encontré en Mar del Plata y me dijo que me iban a citar, cuando ya se había ido del club.

 

 

—Quedaste afuera del Mundial unos días antes del comienzo. ¿Te la veías venir?

—Fue un trago amargo, lo reconozco, pero me sentí parte... Yo me siento campeón del mundo... Conocí otras cosas, un entrenador distinto y un grupo maravilloso... No me veía venir la decisión porque la estaba peleando... Mirá, Diego peleaba un lugar con Villa, Larrosa, Valencia, el Beto Alonso, el propio Kempes que podía arrancar de “10”... El Beto llegó al final cuando ya estábamos en José C. Paz... Villa había tenido un problema, se le abrió la pierna y ahí lo citaron al Beto.

 

—Ahí se dijo que había sido una imposición de uno de los integrantes de la Junta Militar...

—¡Uff.... se dijeron tantas cosas!... Y después, en el puesto de centrodelantero estaban Leopoldo y Mario, pero había varios delanteros. A veces jugaba con Leo de 9 y con Housemann de un lado y Ortiz del otro, o Bertoni, había variantes y el que terciaba era Humberto Bravo... Y después estaba yo...

 

—Y te quedás afuera...

—Es que entendí que los tres —Maradona, Bravo y yo— éramos los que menos experiencia internacional teníamos. Había jugado los dos partidos con Uruguay, con Perú y los partidos en el interior. Esa serie del 77 en la cancha de Boca no la jugué. Tarantini estaba lesionado y ahí me citaron. Ya era el 78, era el final de la preparación. Passarella podía jugar de 3, en River lo hizo, y le aceptó al Flaco que lo use como alternativa. Oviedo era polifuncional. Y yo le podía jugar en los dos laterales, pero el Cata Oviedo era un comodín bárbaro. Y del otro lado estaban Olguín y Pagnanini...

 

—¿Te enojaste en ese momento?

—No, enojado no... Agradecido. Y no me arrepiento de haberme quedado con ellos durante todo el proceso... ¡Me sentí campeón... Me siento campeón!... Mirá, la plata era muy poca, pero la cobramos los 25.

 

—¿Cómo?

—Se hizo una charla, antes de que el Flaco tome la decisión. El premio era para 22, pero éramos 25. El Flaco dijo que si alguno se lesionaba, nosotros, los que luego quedábamos afuera, éramos el recambio. Se decidió que el premio se repartía entre los 25. Y salimos campeones... Ahí me pregunté: y a mí, ¿quién me va a pagar?... Ya estaba de vuelta en Unión. Ahí pensé: “sonamos, a la plata no la veo más”. Al premio lo fueron pagando de a pedazos...

 

—¿Y entonces?

—El profesor Pizzarotti venía a Santa Fe a darme la plata. Cobré todo el premio aún estando afuera de la lista final de 22...

 

Arranca Bottaniz por el costado izquierdo en el amistoso con Perú, jugado en la Bombonera a pocas semanas del arranque del Mundial. Antes, Argentina le había ganado a los peruanos en Lima.Foto: Archivo

 

—¿Plata para qué era lo que cobraron?, ¿qué te podías comprar con lo que ganaron por ser campeones del mundo?

 


(Risas) —Un auto mediano, con mucha suerte... Otros tiempos, otro fútbol.

 

—¿Es cierto que te quedaste con un saco de Maradona?

—Con un saco no, ¡con un traje!... Fuimos a jugar a Cipolletti un amistoso y cuando volvemos, en Aeroparque, me venía a buscar mi tío, porque yo no tenía auto. A Diego lo vino a buscar el hermano y un amigo. Se cambió, se puso un jean y me dio el traje. “Tomá Lito, llevámelo”. Después, no se lo devolví, se lo afané (risas)... A mi me fue a buscar mi tio, me fui a la casa de mi mamá y el traje quedó ahí... Para siempre... En realidad, no me acuerdo bien qué pasó, pero la cuestión es que lo tengo yo... Un traje marrón, con el escudo de Afa... Ahí está, impecable... Alguna vez irá a parar a algún museo de Diego... Era de Thompson y Williams, una marca recontra conocida de ese momento, con camisa y corbata. Tengo todo...

 

—¿También te dieron la medalla de campeón del mundo?

—La medalla me la dio el Flaco y me la robaron de acá, de mi casa en Santa Fe...

 

—¡¿Cómo?!

—Si, si... También estaba en la casa de mi mamá la medalla, igual que el traje de Diego,y una vez la traje para acá y me la robaron... Averigüé, porque era de oro, linda, pesada. Pero ya la habían vendido y andá a saber adónde fue a parar o qué hicieron...

 

—¿Te molestó que se dijera que el partido del 6 a 0 con Perú en Rosario estuvo “arreglado”?

—Mucho... Y más me molesta que haya jugadores que dudan, como escuché que se peleaban el otro día en un programa... ¿Sabés por qué?, porque un mes antes, Perú presenta todas las figuras contra nosotros, en el estadio Nacional de Lima. Estaban Chumpitaz, la Cobra Muñante, Oblitas, Teófilo Cubilllas... Yo jugué ese partido y te juro que le pegamos un baile bárbaro. Fue 3 o 4 a 1, no me acuerdo bien, Leopoldo hizo un gol (N. de R: el partido se jugó el 23 de marzo de 1978, Argentina ganó 3 a 1, Bottaniz jugó de titular y los goles argentinos fueron marcados por Housemann, Luque y Passarella de penal). La cancha era una caldera. Me da fastidio porque uno o dos meses después jugamos ese partido en Rosario que nos permitió jugar la final con Holanda. Y se dicen pavadas, como que le dieron un barco con café a los peruanos... ¡Qué se yo...! Ensuciaron la imagen de una selección inolvidable.

 

—O cuando se decía que vos eras el encargado de orinar en el antidóping...

—¡Barbaridades...! Mirá, no tengo vergüenza de decirlo: yo tenía afinidad con Leopoldo, con Kempes con el Loco Lavolpe. Con todos me llevaba bien, pero como en todo grupo, algunos son amigos-amigos... En los entretiempos, se ponían las piernas arriba del banco, te ponían una toalla para que apoyaras la espalda, porque el piso era de mosaico y duro, y quedabas con las piernas arriba del banco y no sólo yo, varios más, les sacábamos el barro que tenían pegado en los tapones... Varias veces me dijeron: “¡¿Vos le limpiabas los botines a tus compañeros?!”... ¡Pero claro!... ¡Si eran los que me defendían adentro de la cancha! El otro día me mandaron mensajes, todos, para mi cumpleaños. Hacía un montón que no hablaba con el Negro Ortiz y me llamó. Una gran alegría... También Ardiles, que está en Inglaterra. ¿Sabés cómo le decía a Ardiles?

 

—No..

—Pipita... ¿Viste la nariz que tiene?... Yo le agarraba la nariz y le decía “cuac, cuac”... Fue maravilloso...

 

—¿Dónde viste la final con Holanda?

—¡Adentro...! Sacando el partido con Brasil, siempre en el banco, éramos como un suplente más. Por eso intercambiaba la camiseta con los rivales. Cuando terminó el partido nos abrazamos, en el banco, con el doctor Oliva, que lo tenía al lado. Era ensordecedor... El Flaco había tomado una pastilla para tranquilizarse.

 

—¿Estaba sedado Menotti?

—¡Sí!... Nos enteramos después, en la fiesta de clausura... Por eso da una imagen de tanta tranquilidad en el partido y en el final (risas).

 

—Salvo cuando lo puteó a Saporiti cuando entró Naninga...

(Risas) —En ese partido había tenido la duda hasta último momento, lo quería poner a Killer. Había información en ese entonces, pero no como ahora. La duda era ponerlo a Oviedo o a Killer entre los suplentes, en la lista. Killer tenía muy buen juego aéreo y Naninga ni hablar. Oviedo era más polifuncional. Cuando vio que Naninga hacía el calentamiento se quería morir... ¿Querés que te cuente otra?

 

—Dale...

—En José C. Paz, yo era el que prendía el fuego con los leños, porque era uno de los pocos que sabía... ¡Estábamos en el medio del campo! Era todo humilde, sencillo... ¡Hoy, ni un jugador del Nacional B te acepta ir ahí!... Hacía un frío bárbaro...

 

—Caso parecido a los del ‘86, en esa concentración en el América donde hasta dormían en el suelo y apenas tenían un teléfono público para comunicarse con su familia...

—¿Los del ‘86?... ¡Unos guerreros bárbaros!... ¡Mamita!... Unos fenómenos, con Diego en su máximo esplendor... Y bueno, nosotros lo tuvimos a Mario que apareció en la segunda parte, Leo en la primera, el Pato, Passarella...

 

—Y la historia de Luis Galván, que juega esa final contra Holanda como los dioses, Lito...

—Cuando Osvaldo Piazza viene de Francia, nosotros estábamos en Moreno en ese momento. Yo tengo una muy buena relación y me acuerdo que él, cuando llegó para sumarse al grupo, decía que estaba muy lejos, que se tenía que poner a tono con nosotros... ¡Y justo pasa lo del accidente de la señora!. Pero el Flaco lo quería a Luis Galván... ¿Sabías que Luis era el más rápido de todos?... Se tomaba test en 20, 40 y 60 metros. En las tres, un avión. Ortiz era el más rápido en la primera y Mario en la más larga. Pero éste era un avión.

 

—¿Y el más sereno de todos?

—El Pato, Mario Kempes... El Loco Housemann era un crack, jugaba como en Huracán, enganchaba, frenaba, no cambió nadaà El que te daba la sensación de paz era el Pato Fillol, en la arenga previa... Y a mí, si me tocaba jugar, temblaban las patitas (risas). Yo era tranquilo, pero cuando te tocan el himno se te caen los pantalones... Me tocó jugar en la Bombonera... ¡Es verdad lo que dicen! Tiembla, se mueve el piso... Ese que jugué contra Perú fue tremendo... La de Central también era una caldera. No se escuchaba nada.

 

—Con todo lo que me decís, no te arrepentís para nada de haberte quedado encerrado con el grupo cuando días antes el Flaco te dejó afuera del Mundial...

—Para nada... Y por eso, te lo vuelvo a decir: Yo no jugué adentro de la cancha, pero estoy seguro que aporté lo mío, que ayudé y que me siento campeón del mundo.

 

“La medalla de oro de campeón del mundo me la robaron de mi casa. Me la había dado el Flaco Menotti. Hice averiguaciones, pero ya había desaparecido”. Víctor Alfredo Bottaniz, Ex jugador de Unión y de la selección

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Autor:

Enrique Cruz


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