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Domingo 31.05.2020 - Última actualización - 18:25
13:28

Lito Bottaniz lo admite con una “cuenta pendiente”...

"En Unión no me siento escuchado"

Contó cuando “llegamos a estar cinco meses sin cobrar e hicimos una colecta para comprarle leche al bebé del finadito Trossero”. Dice que el dirigente “cree poco en la formación porque el negocio es traer y vender jugadores”.

La imagen de Víctor Alfredo Bottaniz con la cancha llena en esos años de grandes éxitos en Unión. Crédito: Archivo El LitoralLa imagen de Víctor Alfredo Bottaniz con la cancha llena en esos años de grandes éxitos en Unión.
Crédito: Archivo El Litoral

La imagen de Víctor Alfredo Bottaniz con la cancha llena en esos años de grandes éxitos en Unión. Crédito: Archivo El Litoral



Lito Bottaniz lo admite con una “cuenta pendiente”... "En Unión no me siento escuchado" Contó cuando “llegamos a estar cinco meses sin cobrar e hicimos una colecta para comprarle leche al bebé del finadito Trossero”. Dice que el dirigente “cree poco en la formación porque el negocio es traer y vender jugadores”. Contó cuando “llegamos a estar cinco meses sin cobrar e hicimos una colecta para comprarle leche al bebé del finadito Trossero”. Dice que el dirigente “cree poco en la formación porque el negocio es traer y vender jugadores”.

Con 313 partidos en Unión, Lito Bottaniz es el quinto jugador con mayor cantidad de presencias, justamente detrás de cuatro ex compañeros: el Chango Cárdenas, el Turco Alí, Hugo López y Mario Alberto. Los recuerdos fluyen, pero también el reclamo por la falta de reconocimiento.

 

—Lito, ¿qué le faltó al equipo del ‘78 o el del ‘79 para ser campeón?

—Nada. Teníamos un convencimiento, una moral bárbara. Unión estaba en crisis, arruinado económicamente. Teníamos unas ganas tremenda y jugábamos por la gloria. Vos lo contás, lo decís así y, ¿sabés qué te contestan?, ¡que sos un vende humo!

 

—En el Metro del ‘78, en la última fecha, faltando medio tiempo eran campeones. Y en el ‘79 se perdió la final, ¿dónde está la venta de humo?

—Mirá, yo siempre cuento que el finadito Trossero, el delantero, no tenía plata para la leche de su bebé... ¡Cinco meses sin cobrar llevábamos!... Hicimos una colecta para comprarle la leche... En ese momento, el ingreso era la recaudación, sacaban unos mangos y nos daban. Hasta faltando quince minutos tuvimos la chance de ser campeones en el 78.

 

—Fue un plantel con continuidad, algo imposible en estos tiempos, Lito...

—Recordaba con Huguito López aquello, yo me fui a Racing, él y Nery a Vélez, El Turco a España, el Choclo también, Pitarch y Mazzoni a México... Venían los equipos acá y en la autopista dejaban los puntos... ¡Le comíamos el cogote a cualquiera!... Y Colón también, porque tenía un equipazo... Cococho, el “Burro” Coscia, Villita, el Bambi... ¡Los clásicos eran palo y palo!

 

—¿Qué diferencias notás entre aquéllos jugadores y los actuales?

—Los espacios son más chicos hoy, mejoraron los campos de juego, la pelota es más liviana, el jugador está mas cuidado, económicamente están mejor. Antes, también era táctico, había menos información, pero nos conocíamos. Desde lo físico, hoy están más estilizados, le mejoraron la alimentación. El que jugaba bien, jugaba bien antes y ahora.

 

—¿Me equivoco si digo que el de antes era más “futbolero” que el de ahora?

—Teníamos más gusto por jugar al fútbol... ¿Sabés qué otra diferencia veo?, que los jugadores no son hoy de un club sino de un intermediario, circulan más. Te llevan, te traen. Se perdió el sentido de pertenencia. Nosotros nos conocíamos la cara, porque estábamos cuatro o cinco años juntos. Hoy es todo más rápido... Pedile a un hincha que repita la formación y te apuesto a que no la sabe. El jugador va donde le conviene en lo económico. Si anda bien, te lo venden o te lo saca un empresario.

 

—El dirigente, ¿sabe de fútbol o tiene que saber quién sabe?

—El dirigente cree que sabe de fútbol, opina, contrata jugadores... Nosotros hacemos todo al revés, en Europa tienen entrenadores grandes y acá los corren. Acá vale que trabajés con drone, con avioneta, coches de carrera, ¡qué se yo!... Se lo ha renegado al entrenador grande. 

 

—Mirá Uruguay con Tabárez...

—¡En silla de ruedas dirige!... Y lo aman... ¡Somos unos bichos raros nosotros!... Acá te tiran una granada, te pegan en las costillas, perdés dos partidos y no existís más... A Lechuga Alfaro le pegaron a más no poder y salió campeón con Arsenal. Es bravo estar en Boca, te acostás y te levantás pensando que vas a tener que declarar y no te podés equivocar ni en media palabra... Fossati, Tabárez, son tipos respetados en otros lados. Acá, lo retiran a Falcioni y dirigen tipos que ni siquiera han jugado al fútbol... Lo que pasa es que están dentro del círculo, ¿entendés?

 

 

—¿El círculo de los buenos representantes o, al menos, de los influyentes?

—Siempre son del mismo grupo, hay técnico que fueron un desastre en seis o siete equipos y siguen teniendo chances.

 

—¿Qué sentís cuando escuchás hablar de proyecto?

—Que son unos mentirosos... El dirigente quiere ganar siempre, quiere ganar en inferiores y es un error, porque esa es una fabriquita... En Rafaela hicimos un proyecto: trabajamos diez años, llegamos a Primera, vendimos jugadores que fueron a Europa, se mejoraron las instalaciones.

 

—¿Le cuesta al dirigente apostar a las inferiores?

—El dirigente cree poco en la formación porque el negocio es traer y vender jugadores. Los que pelean desde abajo, sacando los grandes, tendrían que ser formadores... Pero no te pagan un mango, te dan el laburo como si te harían un favor. Los formadores deberían ganar bien, no digo que como el técnico de Primera, pero ganar bien... En Liga de Quito también hicimos un buen trabajo: el equipo campeón de América tenía cinco jugadores de las canteras. Lo llevé al Loco Stelhick, porque el Loco tiene buen ojo, es bicho para ver jugadores... Bueno, ahí lo sacamos a Alexander Domínguez, el que vino a Colón. ¡Qué lio se armó, porque nació en el límite con Colombia y había dudas de su nacionalidad! Al final, terminó siendo ecuatoriano.

 

—¿Y Unión?

—No me siento escuchado... Yo soy un agradecido a Unión, pero yo también le dí. A mí me tocó laburar en otros clubes que no jugué. El sentido de pertenencia lo vas armando y transmitiendo si estuviste en ese lugar. Hacerle ver a esos 20 que llegan de lo que nosotros disfrutamos cuando jugamos. Unión fue el lugar que me permitió crecer, me dio la gran posibilidad, de ir a la selección, de ser transferido.

 

—¿Cómo lo sentís?

—Como una cuenta pendiente... ¡Y ojo que no estoy pidiendo laburo!... Pero es el lugar en el que quisiera estar... El otro día me mandaron una foto y me emocioné: fue un festejo de un gol que le hice a Huracán, con las manos en alto y la Bomba atrás... Se me pasó la película por un ratito... A los de Rafaela les podía contar mi historia de vida, pero no lo viví ahí, sino en Unión.

 

—¿Qué te gustaría si pudieses volver el tiempo atrás?

—... ¡Volver a jugar un clásico con Colón!... Y jugar en la selección... Son cosas maravillosas. Es un lugar para pocos.

 

—A propósito, ¿te pesaba la camiseta en esos partidos?

—No me hago el superado, pero te admito algo: el día que jugué el amistoso contra Perú, el Flaco me avisó 15 minutos antes que iba a jugar. Es que el Conejo Tarantini estaba suspendido y había llegado la notificación en ese momento. “Nene, prepárese que entra usted!”, me dijo... ¿Sabés qué susto?... Y después, el himno... Se te acelera el “bobo”...

 

—¿Te arrepentís de algo?

—Estoy tranquilo con mi vida y con las decisiones que tomé... Pero siendo materialista, te digo que no haber agarrado el equipo superior de Liga de Quito cuando me ofrecieron quedarme ahí, antes de que llegue el Patón Bauza... Hubiese podido firmar el mismo contato que tenía Oblitas, un montón de plata, no me podía ir mal, yo había ganado los cuatro partidos, clasificamos, el Patón lo saca campeón y va a la Copa... Un mes del equipo superior eran los honorarios anuales míos... Te comprabas medio departamento por mes y en dólares.

 

—¿Cómo te trata la cuarentena?

—Estoy con Alfonso, mi hijo, mi señora, a veces viene Justina, mi nietita, la pasamos bien... Va a cambiar el mundo....

 

—¿Te quedaste con ganas de contar algo?

—.... No es que me guarde cosas, algunas las cuento en charlas de café, son muy simpáticas... Una vez, en Racing, llegamos al enternamiento y ví caras raras. Me tiraron el canasto de la ropa y había cosas adentro... “A este dale ropa”, dice alguien. Era el jefe de la barrabrava, tenía un revolver en una mesa larga... Después vino Marchetti y no lo dejaron cambiar. Los barras lo echaron... Se fue a Central y salió campeón.

 

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Autor:

Enrique Cruz


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