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El Litoral
Lunes 01.06.2020
8:27

Martín Buscaglia

Del aquelarre al río

"Basta de Música" se titula el álbum del artista montevideano que abre un nuevo portal, luego de la trilogía involuntaria compuesta por “Plácido domingo” (2000), “El evangelio según mi jardinero” (2006) y “Temporada de conejos” (2010).

“La relevancia que le doy a las letras es crucial”, afirma Buscaglia. Crédito: Gentileza Matías De León“La relevancia que le doy a las letras es crucial”, afirma Buscaglia.
Crédito: Gentileza Matías De León

“La relevancia que le doy a las letras es crucial”, afirma Buscaglia. Crédito: Gentileza Matías De León



Martín Buscaglia Del aquelarre al río "Basta de Música" se titula el álbum del artista montevideano que abre un nuevo portal, luego de la trilogía involuntaria compuesta por “Plácido domingo” (2000), “El evangelio según mi jardinero” (2006) y “Temporada de conejos” (2010).   "Basta de Música" se titula el álbum del artista montevideano que abre un nuevo portal, luego de la trilogía involuntaria compuesta por “Plácido domingo” (2000), “El evangelio según mi jardinero” (2006) y “Temporada de conejos” (2010).

 

Martín Buscaglia lanzó “Basta de Música”, su nuevo álbum solista luego de diez años. Aunque la palabra solista debería sostenerse entre muchas comillas, más en la obra de Buscaglia, hay que reconocer que los años transcurrridos entre 2011 y 2019 se caracterizaron por el agrupamiento. Además de los álbumes junto a Kiko Veneno (“El pimiento indomable”, 2012) y Antolín (“Experiencias musicales”, 2015), el músico uruguayo retomó el colectivo Cantacuentos, realizó proyectos con Fernando Cabrera, Julieta Venegas, Lisandro Aristimuño, Nicolás Ibarburu y Yusa, entre otros. Para avanzar sobre este nuevo disco, el polifacético artista dialogó con El Litoral.

 

 

El vértigo del trapecio

 

¿A qué le dice “basta”, Martín Buscaglia? “A nada”, responde. Antes, se preguntó “¿A nada?” para darle más fuerza a la posterior contestación. La estirpe Buscaglia muestra uno de sus lados: el coloquio entre las palabras, el interrogante, el cambio en el orden de los factores, la experimentación. “Nada más conozco un modo”, cantaba en “El Evangelio según mi jardinero” (2006), para dar paso al método: “Ante la duda, todo”. 

 

En una de las canciones de “Basta de música” (2020), “Dos patos”, el cantautor esparce: “hablar es traducir, traducir es componer, componer es improvisar, improvisar es pensar”. La memoria, antojadiza, recupera la escena final del documental “Charco: Canciones del Río de la Plata” (2017). En una canoa flotando en el Tigre, Buscaglia y Pablo Dacal protagonizaban un histórico duelo verbal lanzando apellidos claves en la cultura popular rioplatense. Entendiendo el arte de improvisar como “alterar la velocidad de la composición al modo instantaneidad”, el músico advierte que es uno de los elementos más importantes, “pero hay que tener sumo cuidado con romantizarlo: únicamente tiene sentido cuando tenés todo un andamiaje para que se manifieste. Conozco, disfruto y venero el vértigo del trapecio en las alturas, pero dediqué años a tejer, tramar y expandir la red, allá abajo”.
Invitado a participar de la travesía por El Litoral, Dacal describe a su par como “un tipo generoso, amable y cálido”, un “espíritu noble y despierto, con el niño siempre presente en sus ojos y la magia en sus manos para encontrar la música”. Sobre la payada contemporánea, esa “improvisación en tiempo diferido con los amigos tirando data y metiendo púa”, el músico argentino la contextualiza como “un encuentro centenario” acompañado por “un silencio muy particular en la canoa, con la modorra después del almuerzo y el sol de un invierno abrigando nuestros arpegios, melodías que entregamos al río y allí seguirán andando”.

 

Marca de nacimiento

 

Martín nació en el seno de una familia impregnada por el arte y gestora cultural del hermano país. Los caminos de sus padres, Horacio “Corto” Buscaglia y Nancy Guguich, supieron coincidir en la actuación y la música, con bifurcaciones en ambos casos. En los trayectos del hijo, tales recorridos dejaron huellas. El colectivo musical Canciones para no Dormir la Siesta, fundado por Nancy, resuena de una forma diáfana en el grupo Cantacuentos. Y el humor del programa de TV “Cortocircuito” (que en el episodio 14 emitido en 2002, habla de hombres conejos) parece llegar de algún modo a “Temporada de conejos”. Por no hablar, del abrazo entre la formación pedagógica de la madre y el bagaje por usinas poéticas y publicitarias del padre. Buscaglia admite que en su más reciente obra, “todo Uruguay está. Es una escotilla que puedo decidir cuándo abrir o cerrar, sólo que inclusive cuando no le doy pelota está ahí. Es una marca de nacimiento”. En los dos candombes del disco (“Me enamoré” y “Los barcos”), “supongo que el tratamiento de guitarras y piano es uruguayo full, pero no son cosas que me detenga en general a pensar, ¡no lo necesito!”

 

Luego, desagrega: las “más evidentes, la música con la que me hice músico” (Eduardo Mateo, Rubén Rada, Urbano Moraes, Pippo Spera, Mandrake Wolf, El Príncipe), la enorme influencia del “vínculo con colegas que tocan otros instrumentos y que ni componen” (Martín Ibarburu, Cheche Echenique, Cachi Bacchetta, Diego Bartaburu, Osvaldo Fattoruso) y “corrientes que no son tan obvias, pero que sin duda están, porque las curtí mucho en su momento... o por ósmosis, también”. Además, amplía que “con el rock uruguayo ochentero que conocí en tiempo real, hace poco escuché un compilado mítico de la época y no resistía el paso del tiempo; la relación ahora era sólo de cariño, pero ya no de relevancia musical. Al contrario de eso, me pasó con el disco de Las Tres, que en la época no me hablaba a mí, pero que lo disfruté horrores hace unos días”.

 

El espíritu multiforme del álbum admite, principalmente, el influjo de artistas y proyectos con los que se juntó Buscaglia. Un gesto contemporáneo a otro refundador del lenguaje rioplatense como Gabo Ferro (¿alguna vez se dará esa alianza?). “No te miento si te digo que de todos aprendí y aprendo; de hecho, no le veo sentido a tocar con alguien que no te enseñe algo”. Pero, “si tuviera que ver señalizaciones en el sendero noto como rotunda influencia en el aire los tres años de radio en Gladys Palmera (Madrid). Y, en el sonido puntual, el disco que hice con Antolín (‘Experiencias Musicales’, 2015) y uno que produje de Y. Gallo (‘Encrucijado’, 2016)”. Además, “las andanzas con Kiko Veneno y Fernando Cabrera influenciaron la forja de este disco, de un modo más inasible, pero quizá por eso más indeleble (ambos tan diferentes en apariencia y tan similares en calibre)”.

 

Implota

 

“Basta de Música” está urdido por aliteraciones, citas, alusiones, uruguayismos, refranes y recitados que abren el universo hacia tópicos como el amor y el oficio y se internan en tiernas historias mínimas, al mejor estilo “Nadador salvador”, como sucede en “Leroy”. ¿Y si “Basta de Música” fuera un viaje en tren? ¿Qué me cuenta, Buscaglia? “Arrancamos en un aquelarre y terminamos junto a un río al amanecer. En el medio, un ratito antes de llegar, paramos en un poblado donde hay una fiesta. Nos convidan ponche. El trayecto es oscuro y tiene misterio, pero no nos da miedo, de algún modo intuimos que vamos protegidos”.

 

¿Protegidos por los instrumentos, tal vez? Por la hermandad, palabra que destaca Buscaglia, entre un sinfín de sonoridades, capitaneados por el martilleo del piano, la percusión y los sonidos imaginarios. Y la voz. Y el lenguaje. “De los dones más preciados es el don de lenguas. Me gustaría hablarlas todas. Lo mismo con los instrumentos. Incluida la glosolalia”.

 

Entiende Martín que “Basta de Música” es un disco que implota, a diferencia de “Temporada de Conejos”, que explota. “No estamos exagerando, estamos musicalizando”, se podía oír en el hipertextual álbum nacido en 2010 y en cuyo comienzo se escuchaba como grito de guerra: improvisation. Allí, el artista encuentra un “enlace con la poesía concreta de E. E.Cummings” (en canciones como “Spam”, “Cortocircuito” y “Si no está roto no lo arregles”) que, diez años después, se trastoca en “un proceso de destripamiento de los arreglos y, esto no es menor, de las armonías. Ese mismo bisturí se aplicó en las letras”. 

 

Artilugio ancestral

 

“La relevancia que le doy a las letras es crucial”. Entre los letristas, Buscaglia asume no tener “ningún referente concreto”, aunque menciona como superlativos a Gilberto Gil y Hugo Fattoruso. “Gilberto es, probablemente, el mayor compositor de canciones filosóficas, sin por ello perder ni un ápice de swing; al contrario, quizás el swing es condición para la hondura. Siguiendo la tradición de Mateo”, en Fatorusso, “las palabras son pura música y la filosofía profunda está en la relación con las notas que toca y cómo se cantan”.

 

A lo largo de la obra de Buscaglia, el acto de componer funciona como “un artilugio ancestral que incluye el zurcido invisible”. En este sentido, Martín precisa que “hay un error, a mi entender común, que es considerar a ciertos compositores como ‘poetas’. Pienso que, en realidad, nunca una letra de canción es poesía, sino que, si es verdaderamente buena, es antes que nada música. Si primero que nada es poesía, no funciona en una canción”. Si fuera posible, un buen ejercicio consistiría en preguntarles a las palabras por Buscaglia. Quizá, ellas responderían con el título de una de las canciones del álbum: “Mírennos bailar”.

Para escuchar ver aquí

Autor:

Leonardo Pez


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