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Lunes 01.06.2020 - Última actualización - 14:32
14:29

Una cosa era adentro y otra afuera de la cancha...

La pelota como alegría en un país hecho pelota

El balón rodaba en medio de sospechas de confabulaciones e intriga sobre la real situación de la Argentina. Esto no puede ni debe manchar lo que aquél equipo de Menotti hizo adentro de la cancha: jugar bien al fútbol y ser un inolvidable campeón.

 Crédito: Archivo El Litoral
Crédito: Archivo El Litoral

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Una cosa era adentro y otra afuera de la cancha... La pelota como alegría en un país hecho pelota El balón rodaba en medio de sospechas de confabulaciones e intriga sobre la real situación de la Argentina. Esto no puede ni debe manchar lo que aquél equipo de Menotti hizo adentro de la cancha: jugar bien al fútbol y ser un inolvidable campeón. El balón rodaba en medio de sospechas de confabulaciones e intriga sobre la real situación de la Argentina. Esto no puede ni debe manchar lo que aquél equipo de Menotti hizo adentro de la cancha: jugar bien al fútbol y ser un inolvidable campeón.

En ese junio de 1978, Argentina iba a tener la tasa de inflación más alta del mundo con el 172,9 por ciento anual. Ernesto Sábato, el autor de la famosa frase: “Señor presidente, NUNCA MÁS” en el juicio a aquella Junta Militar que gobernó el país desde 1976, escribía: “Prefiero no polemizar con Borges. El tendrá sus motivos para pensar como piensa. Yo, por el contrario, pienso que se equivoca. Sin ir más lejos, yo no me considero un imbécil y me apasiona el fútbol. Me he preguntado reiteradas veces si era lícito gastar o invertir (no sabemos cuál es la expresión adecuada) 700 millones de dólares o más en un campeonato, cuando se cierran hospitales y hay muchísimas escuelitas, aquí nomás, sin ir más lejos, en que los chicos reciben clases en una tapera de techos agujereados. No soy patriotero pero debo confesar que este hecho del Mundial me emocionó. En medio de tantas tristezas, cuando la vida es más dura, me conmueve la reserva de pasión nacional que hay en nuestro pueblo. ¡Lo que se podría hacer de nuestro país si tuviéramos un gran proyecto, un gran proyecto nacional!”.


Ese 1 de junio se decretó asueto nacional a partir del mediodía. En la cancha de River, Alemania Federal y Polonia —el campeón y el tercero de cuatro años antes— brindaron un agrio y desteñido empate con el argentino Angel Norberto Coerezza como juez. El 12 de mayo, César Luis Menotti, ya en ese momento concentrado con su plantel en José C. Paz, en habitaciones humildes a las que había que ponerle leño caliente para tornarlas confortables, sin lujo, sin estridencias y en las que “ni un jugador del Nacional B, hoy, aceptaría ir”, como dijo el Lito Bottaniz en una entrevista que se publicó ayer en El Litoral, declaraba en la revista Somos: “En Europa tuve la desgracia de ver cómo se repartían volantes contra el Mundial y contra la Argentina y tuve una discusión con un periodista holandés a causa de esto. Le hice entender que el Mundial de fútbol es un hecho deportivo, que nadie tiene que entorpecerlo porque su protagonista exclusivo es el público. Es inútil mezclar política y deporte en esta circunstancia. En incontables oportunidades se hicieron olimpíadas con la participación de norteamericanos y rusos, de alemanes del este y del oeste y nadie dijo nada. Que nadie pretenda usar el Mundial como arma política, porque es un método o una maniobra aborrecible. El Mundial es la fiesta del pueblo y, como tal, permanece al margen de cualquier manipuleo político, venga de donde venga”.


Todos se encargaron, en la euforia, de destacar la supuesta campaña de desprestigio que desde el exterior se hacía del régimen militar que gobernaba al país. Videla, unos días antes, había sido ratificado en el poder hasta 1981. Pero mientras tanto, desde 1974, Menotti había armado tres selecciones. Una de ellas la hizo con jugadores de Santa Fe. En 1975, Colón, Unión, Newell’s y Central estaban en Primera. Newell’s había sido campeón en 1974 y Central en 1973. Unión y Colón tenían dos muy buenos equipos. Se hizo el Sudamericano (luego devenido en Copa América) y el Flaco armó el equipo con jugadores que estaban en la provincia. Y agregó a los del interior. Por eso, ¿ a quién puede sorprender que Galván (Talleres), Ardiles (Instituto), Gallego (Newell’s), Valencia (Talleres), Luque (Unión) y Kempes (Instituto) hayan formado la base titular de ese equipo?. Y a quién puede sorprender que Killer (Central), Oviedo (Talleres), Baley (Colón), Villa (Atlético Tucumán), entre otros, también hayan estado formando parte de ese recordado plantel, que dejó afuera a Bottaniz (Unión), Bravo (Talleres) y nada menos que a un purrete de 17 años, en ese momento, llamado Diego Armando Maradona, que un año y medio antes del Mundial había debutado ya en ese recordado partido con Hungría en la Bombonera, reemplazando a Leopoldo Jacinto Luque.


“Los argentinos somos derechos y humanos”, una de las grandes frases que se acuñaron en aquéllos tiempos sórdidos y oscuros. “Ahora el mundo sabe que Argentina, cuando quiere, puede”, otra frase. “La verdadera Argentina también es noticia”, fue la campaña coordinada por la Cámara Argentina de Anunciantes y en la que 300 entidades de diversos carácter resolvían aunar una acción que contrarrestre la denominada “insidiosa campaña que contra nuestro país llevan al exterior sectores vinculados con el extremismo que hallan un eco inusitado en algunos medios de difusión”.


Rubén Rossi, quien al año siguiente, en 1979, fue protagonista de otra gesta gloriosa con la obtención del título mundial juvenil en Japón, alguna vez escribió: “Fuimos partícipes voluntarios, junto a los campeones mundiales de 1978 y a los integrantes del cuerpo técnico, de una alegría para una parte del pueblo argentino; e involuntarios ante la infamia e ignominia que sufría otra parte de ese mismo pueblo. Cada tanto recuerdo un párrafo de Osvaldo Bayer, que en parte me tranquiliza: ‘No se podrá comprender íntegramente al Hombre si no se comprende primero la época en la que le tocó vivir’. En esas sabias palabras me refugio, para poder gritar que sólo jugamos de jugadores, que representamos de la mejor forma que pudimos los principios e ideales del viejo y querido fútbol argentino, que encarnamos el espíritu del potrero, ése de los barrios pobres”.


Se iniciaba el camino en aquél junio argentino de mucho frio, de gente en las calles, de algarabía, de dramas escondidos o desconocidos. Se iniciaba un camino de gloria deportiva que no debe mancharse, mancillarse o ensombrecerse por ser víctima de un contexto de tragedia o desunión nacional. Esa selección se preparó y adentro de la cancha demostró que, por fin, Argentina dejaba de ser el mejor de la boca para afuera para convertirse en el mejor de la línea de cal para adentro. Ese 1 de junio de 1978 el país estaba hecho pelota, pero su única alegría se la daba la pelota.

 

Cifras: 8 partidos fueron a los que asistió el entonces presidente de la Nación, Jorge Rafael Videla. Hizo algo —ir a la cancha— que no acostumbraba, “pero no puedo estar ajeno a esta expresión popular”, había señalado en su momento.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Enrique Cruz


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