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Lunes 01.06.2020 - Última actualización - 20:42
20:41

En la zona oeste

"Mis hijos gritaban y de los nervios que tenían no me reconocieron"

El rotisero Leonardo Báez sufrió en la misma noche un doble asalto. Primero, su comercio de barrio Barranquitas fue blanco de dos ladrones, uno de los cuales terminó baleado y detenido. Luego, conocidos de los delincuentes decidieron “vengarse” y atacaron la casa del comerciante, en San Pantaleón, donde agredieron salvajemente y amenazaron a sus hijos.

Los delincuentes barretearon un portón y una puerta para entrar a la casa del comerciante, donde se ensañaron con sus pequeños hijos, que estaban solos. Crédito: Manuel FabatiaLos delincuentes barretearon un portón y una puerta para entrar a la casa del comerciante, donde se ensañaron con sus pequeños hijos, que estaban solos.
Crédito: Manuel Fabatia

Los delincuentes barretearon un portón y una puerta para entrar a la casa del comerciante, donde se ensañaron con sus pequeños hijos, que estaban solos. Crédito: Manuel Fabatia



En la zona oeste "Mis hijos gritaban y de los nervios que tenían no me reconocieron" El rotisero Leonardo Báez sufrió en la misma noche un doble asalto. Primero, su comercio de barrio Barranquitas fue blanco de dos ladrones, uno de los cuales terminó baleado y detenido. Luego, conocidos de los delincuentes decidieron “vengarse” y atacaron la casa del comerciante, en San Pantaleón, donde agredieron salvajemente y amenazaron a sus hijos. El rotisero Leonardo Báez sufrió en la misma noche un doble asalto. Primero, su comercio de barrio Barranquitas fue blanco de dos ladrones, uno de los cuales terminó baleado y detenido. Luego, conocidos de los delincuentes decidieron “vengarse” y atacaron la casa del comerciante, en San Pantaleón, donde agredieron salvajemente y amenazaron a sus hijos.

A sus 34 años, Leonardo Báez es un hombre de trabajo con mucha experiencia en el rubro gastronómico. Al principio fue empleado, pero cuando todavía era muy joven puso su propio local en barrio Barranquitas, en avenida Fray Cayetano Rodríguez al 3700, a pocas cuadras de donde se domicilia y vivió casi toda su vida, en San Pantaleón, detrás del Cementerio Municipal. Este fin de semana, él y sus hijos se vieron envueltos en una historia aterradora que los mantiene shockeados.


“Todavía era chico cuando abrí la Rotisería Riquísimo, en 2011. Entonces ya era papá de mi hija, que hoy tiene 14, y ese año nació mi nene, que ya cumplió 10. No fue fácil, pero con ese trabajo logré sobrellevar mi vida, construí mi casa, formé una familia. Se complicó un poco con la pandemia, pero seguí trabajando. Yo necesito trabajar. Una sola vez nos habían asaltado, en 2012. En cuanto a mi barrio, San Pantaleón, nunca tuve ningún problema. Todos mis vecinos son gente de trabajo. Nunca imaginé que podía pasarme lo que sucedió este fin de semana”, relató Leonardo.


Robo frustrado


Poco antes de las 23 del sábado pasado y cuando él atendía a dos clientes, aparecieron dos delincuentes armados. Afortunadamente, uno de los presentes era policía, que estaba fuera de servicio, pero portaba su pistola reglamentaria. El agente se identificó como policía y les dio varias veces la voz de alto. Los ladrones escaparon y comenzó entonces una persecución que terminó a unas cuadras, luego de un breve tiroteo. Uno de los malvivientes pudo escabullirse, pero su cómplice fue alcanzado por un balazo en la cola y fue atrapado. En su poder tenía un arma de fuego y su teléfono celular.


“Yo me acerqué al lugar del arresto porque estaba preocupado por mi repartidor, que había desaparecido y pensé que le podía haber pasado algo. Luego, volví al negocio y terminé la jornada después de la medianoche. Cerré y me fui para la Comisaría 6a para que me tomen declaración. Había mucha actividad. Tenían mucho trabajo, porque había pasado de todo en esa zona. Entonces me llaman de mi casa y eso fue lo peor”, recordó el rotisero.

 

 

 


Venganza

 


Leonardo no lo sabía, pero mientras él estaba sentado en la seccional y esperaba ser atendido, cinco violentos delincuentes irrumpieron en su casa, donde estaban solos sus pequeños hijos. “Sólo me dijeron que vaya urgente para mi domicilio, detrás del Cementerio Municipal, porque había un problema. Cuando llegué, había personal policial por todos lados y una ambulancia. Mis hijos estaban gritando y de los nervios que tenían ni siquiera me reconocían. La nena tenía muchos golpes. Son chicos inocentes que nunca pasaron por una situación violenta como esa. Me da mucha bronca que se hayan metido en mi casa. No haber estado ahí para defenderlos”, se lamentó el comerciante, con vos quebrada.


“Todo fue por venganza -aseguró-. Los tipos me rompieron el portón y después barretearon una puerta para entrar. Le dijeron a mi hija que yo había matado a un chico en Barranquitas y que por eso me iban a matar a mí. Los golpearon a los dos y se robaron todo lo que se podían llevar. Afortunadamente, pudimos recuperar las cosas, porque mi hermana llamó rápido al 911 y la policía llegó enseguida. Esa situación en mi casa duró poco, pero fue eterna para mis hijos”.


Justicia


“Le quiero agradecer mucho a la fiscal (María Lucila) Nuzzo, que está encargada del caso y me brindó su apoyo. También a todo el personal policial, que actuó con mis hijos como si fueran suyos. Cuando yo llegué, uniformados los estaban conteniendo, los estaban abrazando. Una doctora me asistió, porque yo me descompensé”, puntualizó.


Báez espera que todos los santafesinos se enteren de lo ocurrido. “Quiero que la noticia se difunda, que atrapen a los prófugos, porque nosotros no quedamos como personas normales después de esto. No vamos a seguir trabajando de la misma manera. Mis hijos son personas que nunca le van a hacer mal a nadie. Y pensar en irte de donde vivís, con el esfuerzo que hiciste... por una cosa así. Quiero que se haga justicia. Se tiene que hacer justicia. Eso quiero”, enfatizó.


“Todo el mundo tiene que valorar a la policía que trabaja bien. Esa noche, todos los que participaron hicieron bien su trabajo. Les tengo que agradecer, porque de no ser por ellos podría haber pasado cualquier cosa. Estos delincuentes no tienen miramiento por nada ni por nadie. No les importa matar. Ni siquiera al menor, que le hizo de todo a mi hija dentro de la casa, fue detenido y el juez lo liberó.


El juez “tapado”


“Yo a mis hijos los saqué del barrio ese mismo día, porque no voy a esperar que pase algo más grave. Además, a la hora de que mis hijos fueron atacados y cuando yo todavía esperaba en la comisaría para hacer la denuncia me enteré de que el juez de Menores ya había liberado a uno de los que estuvieron dentro de mi casa. Fue el que más le pegó a mi hija, el que estaba armado, el que decía que me iba a matar. Yo voy a denunciar a ese juez, porque ni siquiera se levantó, ni se destapó de la cama para leer todo lo que había pasado. Lo largó porque ya había adultos detenidos”, se quejó el comerciante.

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