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Jueves 04.06.2020 - Última actualización - 21:26
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La peste en mi pago

Coronavirus y Revolución Tardía

Alberto Fernández es recibido por el gobernador de Formosa, Gildo Insfrán Crédito: Noticias ArgentinasAlberto Fernández es recibido por el gobernador de Formosa, Gildo Insfrán
Crédito: Noticias Argentinas

Alberto Fernández es recibido por el gobernador de Formosa, Gildo Insfrán Crédito: Noticias Argentinas



La peste en mi pago Coronavirus y Revolución Tardía Un caso típico de las contradicciones entre economía, sociedad y enfermedades, que esta peste ha puesto con otro foco, es el de un gobernador, Insfrán su apellido, un veterinario que gobierna la provincia de Formosa hace muchos, realmente muchos años. Desde el siglo pasado.

Hay un mundo trasnochado que la peste en mi pago dejó en duerme vela y piensa habitar el día.

 

Está hecho el cálculo, la economía quedará resentida en más del 50% de los puestos de trabajo.

 

No resistirán los convenios laborales, la carga horaria y las pequeñas empresas familiares o con pocos empleados (el 75% del movimiento económico del sector industrial) ya quebraron o quedarán muy debilitadas. Con deudas al Estado y convenios incumplidos.

 

No podrá, un Estado que tiene el 40% de sus pobladores asistidos (asistencialismo) y el 30% sin cumplir totalmente con las cargas impositivas, salariales, previstas todas en los presupuestos aceptar a este, el presupuesto, y la relación que los empleados estatales tienen con la economía, la vida social y el confort. El Estado quebrará. Los Estados no quiebran. Bueno, déjame ver cómo nos acomodamos…

 

Un caso típico de las contradicciones entre economía, sociedad y enfermedades, que esta peste ha puesto con otro foco, es el de un gobernador, Insfrán su apellido, un veterinario que gobierna la provincia de Formosa hace muchos, realmente muchos años. Desde el siglo pasado. Este gobernador de una provincia que expulsa habitantes y que, además, tiene una relación económica dependiente de remesas del Estado Nacional posee, a la fecha, un récord que se destaca. Ni un solo formoseño infectado. El Coronavirus “esquiva” a Formosa. Tiene a Paraguay, Brasil, Chaco en un mismo paisaje de “Chaco Boreal”.

 

Las manifestaciones de los militantes de aquella izquierda rosada y soñadora, tan urbana como trasnochada no menciona el caso Insfrán como un “disruptivo”, una “articulación” o una “infectadura”. Insfrán existe.

 

Insfrán ha cerrado sus fronteras interiores. Nadie entra ni sale sin cumplir la cuarentena y el Estado formoseño es parte de un olvido, distracción, guiño nacional. Allí está. El colofón es la foto de Alberto Ángel Fernández, el porteño, sin barbijo y con abrazos junto al gobernador en mitad del encierro y la peste.

 

Muchos hicieron notar el barbijo olvidado. Nadie menciona que una democracia, con el mismo gobernante por 25 años, con esos grados de pobreza, de expulsión, de dependencia económica tienen otras tipificaciones y hasta podría discutirse la palabra Democracia sin en esta se encierra “alternancia”. Formosa está lejos… a quién le importa. A la intelectualidad sin ninguna duda que no, para nada.

 

Los modos de producción, las relaciones Capital / Trabajo / Estado están cambiando en el Siglo XXI, al que Argentina no había entrado. Al 20 de marzo del 2020 no había entrado y llegó la cuarentena, que continúa.

 

Provincia Pos Pandemia es la sugerencia. Lo que Vendrá, análisis y proyecciones. El pedido implorante. Cultura y lo que vendrá. Delito y lo que vendrá. Trabajo y lo que vendrá. La miseria que vendrá.

 

Más claro: no sabíamos que llegaba el coronavirus y quitaría la sábana dejándonos con nuestras miserias. Sabemos que está, no podemos decir “No sabíamos que se iba y quedaba esto”. Lo dije. Es “Abandono de persona”.

 

La izquierda mencionada, sin votos pero con entusiasmo. Sin votos pero con muchos colegas que, de modo entusiasta, los divulgan, proyectan, los extienden en ese, el entusiasmo, están advertidos: hay una creciente queja social. Pongamos un punto.

 

Hay una creciente queja social. Hay injusticias sociales muy visibles. No hay sábana que oculte la relación económica de las diversas clases, de los diversos grupos sociales, de las diversas sociedades. Los actores políticos no están distraídos. Pretenden nuestra distracción, que es diferente.

 

Muchos esquivan a Insfrán pero hay otras palabras mágicas como Bolsonaro, también Trump. Por los anatemas y las pancartas los conoceréis.

 

Las menciones a los impuestos, al grado de incidencia sobre las ganancias, el punto de ebullición o de quiebre, la sábana que no está y nada queda cubierto, expone absolutamente las diferencias. Riqueza, propiedades.

 

Hay una queja sobre vacunas para ricos, hospitales para ricos y guetos para pobres. No es cierto ni es el punto. Pero puede serlo.

 

Por ahora el mensaje es este: “morirán los viejos y donde hay hacinamiento habrá más contagio”. ¿Qué impide pasar al siguiente mensaje: “la tierra para el que la trabaja”, “la propiedad privada es la injusticia absoluta”, “las ganancias con el sudor del trabajador es esclavitud urbana”? Se repite: ¿qué impide “agudizar las contradicciones”? El sueño de los trasnochados es siempre una mañana libertaria.

 

Nunca, en la historia argentina, estas ideas estuvieron tan cerca del poder. La corruptela que este tiene como endémica (el poder, endémicamente, corrompe) técnicamente no la impide, tal vez contribuya a “malgastar” la oportunidad. Charlamos con todos y todos los pueblos se acomodan. Corea y China son ejemplos claros. Más claros que Fellner, Bolsonaro, Trump. Y nada impide comerciar con ellos. Nada.

 

La democracia se preserva con una sola vacuna. Más transparencia, más democracia. Barbijo, lavate las manos, quedate en casa, no son válidos a esa defensa, no son anticuerpos. Son textos referenciales de salud, ni denotativos ni muchos menos connotativos de libertad y democracia. Si es que se me permite, en tiempos de Peste y Decretos Sanitarios, usar tan malas palabras. 




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