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Viernes 19.06.2020 - Última actualización - 19:44
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La educación post pandemia

"Dejar de explicar cómo hacer un currículum y enseñar a hacerse buenas preguntas"

El aislamiento trajo aparejado un torbellino de nuevos interrogantes a resolver. El encuentro obligado con niñas y niños generó incertidumbre sobre cómo resolver situaciones inéditas y qué sucederá cuando volvamos a una nueva "normalidad". Entrevistamos a la psicopedagoga Liliana González, sobre los desafíos de la pandemia en casa y fuera de ella.

 Crédito: Archivo El Litoral
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La educación post pandemia "Dejar de explicar cómo hacer un currículum y enseñar a hacerse buenas preguntas" El aislamiento trajo aparejado un torbellino de nuevos interrogantes a resolver. El encuentro obligado con niñas y niños generó incertidumbre sobre cómo resolver situaciones inéditas y qué sucederá cuando volvamos a una nueva "normalidad". Entrevistamos a la psicopedagoga Liliana González, sobre los desafíos de la pandemia en casa y fuera de ella. El aislamiento trajo aparejado un torbellino de nuevos interrogantes a resolver. El encuentro obligado con niñas y niños generó incertidumbre sobre cómo resolver situaciones inéditas y qué sucederá cuando volvamos a una nueva "normalidad". Entrevistamos a la psicopedagoga Liliana González, sobre los desafíos de la pandemia en casa y fuera de ella.

Ignacio Pellizzón

 

Liliana González nació en Córdoba donde vive hasta la actualidad. Se casó y tuvo tres hijos. Durante 30 años se dedicó a atender consultas, escribir y disertar para padres y docentes. Es profesora y licenciada en psicopedagogía, especialista en clínica de niños, niñas y adolescentes.


Tiene una mirada muy progresista sobre la educación y muy optimista sobre las implicancias de la cuarentena. Si bien entiende que el encierro es una circunstancia excepcional en la que uno no puede elegir, expone argumentos para encontrar en el aislamiento asuntos para atesorar y sostener, aún, después de la pandemia.


-¿Creés que el encierro puede afectar a las niñas y niños?


-No, no, no, yo creo que afecta más a los grandes que a los chicos. A los chicos les afecta a medida que les afecta a los grandes. Yo vivo rodeada de chicos, nietos que están muy bien sin ningún síntoma. Hay algunos síntomas que son esperables como miedos, pesadillas, problemas a la noche, algún tipo de regresión pero que son temporales. Igualmente es un síntoma de salud.


No creo en absoluto en esta gente que está profetizando epidemias de salud mental. Si alguien se enferma por haber estado 50 o 60 días encerrado en su casa es porque venía mal de antes. Cuando vos venís bien, tenés un montón de recursos para seguir bien. Porque sino todo va a ser culpa de la pandemia, la depresión, las carpetas psiquiátricas. Cuando la gente dice de volver a una normalidad una se pregunta de qué normalidad hablan si teníamos una crisis brutal tanto económica como social. La pandemia puso una lupa en la realidad en la que estábamos inmersos.


De hecho, ya hemos visto como se han caído países del primer mundo que nosotros creíamos que estaban divinos, pero no era así. Ni siquiera con equipos de salud acorde a la pandemia. La verdad que no sé a qué normalidad queremos volver. Yo quisiera que, cuando esto termine, que haya cosas nuevas. Espero que nos haya servido de algo.


-¿Le da temor que durante la cuarentena se haya dado un abuso de pantallas y celulares?


-No, porque es poco tiempo el encierro, incluso en la vida de un sujeto. Que haya abuso de pantalla durante tres meses era obvio, porque no quedaba otra, todo lo relacionado al colegio está viniendo con las pantallas así que tenés mucho más de lo que recomienda la Organización Mundial de Salud (OMS) que son dos horas y los chicos pueden estar hasta tres o cuatro horas resolviendo las cuestiones escolares.


Y, por supuesto, después lo que falta es la pata social de chatear con amigos, amores adolescentes. Es decir, en este momento va a haber más pantallas, pero cuando esto vuelva a un funcionamiento social activo con juegos, deportes, salidas dejarán las pantallas. De todos modos, lo que yo vengo viendo en mis pacientes es un agotamiento de las pantallas, porque después de tanto uso quiere hacen otras cosas, se cansaron la vista, se cansaron de estar sentados.


Mirá yo tengo 72 años y te puedo decir que cada cosa que nos pasa en la vida la mirás, la analizás desde tu concepción, tu ideología, de cómo te va en la vida, de las decisiones que tomaste en sus momentos; yo creo, personalmente, ver algunos cambios positivos tales como padres que me digan estoy disfrutando de mis hijos y antes no tenía tiempo, otros que trabajaban diez horas y ahora trabajan cinco entonces tienen más tiempo, los que trabajan en sus casas -con todas las dificultades que esto implica- y pueden estar más cerca de sus hijos.


Creo que vamos a una mixtura de trabajo presencial con teletrabajo, vamos a una mixtura en las escuelas de clases presenciales y clases virtuales, porque se ha usado tanto la tecnología ahora y le vimos tantos lados que no creo que la abandonemos. Iremos construyendo el mundo que viene.


-Si bien pareciera poco tiempo de encierro, ¿podría haber generado estrés en los chicos?


-En mis más de 50 años de trabajo nunca encontré que una causa generara un efecto. Es una historia. La pandemia, la sequía, la muerte de la abuela, la muerte del padre, cuando algo pasa en una familia depende de en qué terreno se instala eso que sería el factor desencadenante para que aparezca o no una enfermedad. No podemos pensar en un sujeto tan lábil, tan maleable que cualquier situación lo enferma. La verdad que los chicos tienen un poder de resiliencia y de adaptabilidad enorme.


Miremos la situación de chicos con familias ensambladas que, pese a lo que muchos digan, vos ves cómo los chicos van haciendo vínculos, es decir, en el terreno del humano ninguna generalización es posible, ni la pandemia los va a enfermar, ni que el hijo único tiene problemas, es caso por caso.


Yo estoy viendo chicos que están muy bien, que disfrutan de la tarea del colegio y de su casa, pero son chicos que tienen computadora, una casa con patio, tienen la heladera llena, y sabemos que el 50% de los chicos del país no están así. Entonces, cómo hacemos para generalizar qué lo estresó, los enfermó, porque depende de muchos factores que influyen en ese sentido. Es más, en los medios de comunicación no deberíamos decirlo, porque pareciera que estamos provocando que eso suceda, cuando en realidad los padres tienen que ver en este momento cosas buenas de sus hijos, las cosas lindas que surgen de esto.


Por ejemplo, me pasa que muchos padres me dicen en este contexto de que pensaban que sus hijos eran unos vagos, que no estudiaban, pero ahora que lo veo me doy cuenta de que realmente le cuesta. Entonces no se trata de que es un vago que no tiene ganas, sino que le cuesta matemática, por ejemplo, y cuántos de nosotros nos costaba matemáticas; lo están descubriendo ahora gracias a que la pandemia los obligó a estar con las clases de los chicos. No todo es negativo y no sirve pensar mal, porque no nos quedaba otra tampoco. Sabemos que la escuela en casa no es perfecta y es casi imposible, pero no nos quedaba otra opción.


Nueva "normalidad"


-Esta suerte de escuela virtual que puede incluirse en la nueva "normalidad" y combinar la mixtura entre presencial y vía online, ¿es realmente un avance?


-¿Cómo hacemos para saberlo? Yo creo que no hay marcha atrás. A veces siento que no hay nada que nos venga bien. Veníamos -antes de la pandemia- hablando de cuándo se iba a aggiornar la escuela, cuándo se iban a implementar las nuevas tecnologías, que para qué instalar computadoras en los colegios si los docentes no sabían computación. Ahora, en este contexto, todos hemos hecho un curso acelerado de tecnología. Me incluyo, por supuesto.


Hoy en día los docentes no le van a poder decir que no a las nuevas plataformas y aplicaciones digitales, pero además es el idioma de los chicos, les gusta algunas cosas interesantes como documentales, innovaciones, entre otras. Yo calculo que todo eso va a seguir, lo van a incorporar. Excepto el motivo de no aplicar esto tendría que ser que en muchos lugares del país no hay conectividad segur. La tecnología también tiene sus límites. Yo quiero que la escuela que vuelva sea una en la que los chicos sientan que vale la pena, que no se aburran, que no sea insoportable.


-Esto expone de sobremanera que siempre el problema fue de los adultos y no de los chicos, ¿no?


-Siempre fue así. Los adultos son nuestros reflejos. Cuando los padres vienen y me dicen que no pueden alejar a sus hijos de las pantallas, que son unos adictos, pero logran confesar que ellos están pegados con los celulares al punto que no los pueden dejar ni para comer, ¿quiénes son los adictos?; es más fácil ver los problemas en lo ajeno que en lo propio. Tenemos una necesidad de volver a mirarnos en esta sociedad, porque habíamos entrado en esto de que la culpa es siempre del otro, no hay una mirada introspectiva para que algo cambie. No somos perfectos, nos equivocamos, pero cuando no hay autocrítica siempre la culpa es del otro.


Acá no hay culpa de los padres, hay responsabilidad, porque no hay mala intención. Los bebés no nacen nativos digitales, nosotros los hacemos nativos digitales. Es raro como todo lo tecnológico impregnado en nuestro discurso para justificar el uso de las pantallas. Ojalá que pos pandemia no venga una escuela que nos diga que todo está en los software y que los docentes no hacen falta. Estoy convencida de que puede haber mucha tecnología, pero hace falta la pata humana, el encuentro, la mirada, la transmisión de los valores, de la cultura, el poder salir de casa y encontrarse con otros mundos. Todo esto es la función de la escuela.


Replanteos


-Venimos de tener un colegio digno del siglo pasado, ¿habría que cambiarlo por completo o hay cuestiones que se pueden sostener?


-Estamos viendo Finlandia como modelo de educación del mundo y los chicos ya van grandes, a partir de los seis años, mientras que nosotros ya los enviamos a partir de los dos años a la salita y, encima, ellos van cuatro horas y no diez u ocho como nosotros. Ellos tienen aulas móviles, laboratorios, trabajan en proyectos. Yo creo que sí se puede y debe cambiar el colegio. Por supuesto que no es de un día para el otro, pero ojalá esta pandemia nos haya dado las ganas de querer escuchar a los chicos.


En este tiempo llamamos a los infectólogos, a los psicólogos, a los psicopedagogos, digo por qué no hacemos lo mismo con los chicos para saber qué escuela quieren, qué rescatan del colegio. De hecho, ya empezamos a ver que hay escuelas Waldor, las Montessori, tratando de hacer algo diferente. Hay que tener en cuenta que una cosa es mover el tablero y otra es patearlo, porque si lo pateás se caen todas las piezas y yo no creo en eso, pero que algunas caigan no me parece mal. Ni hablar que necesitamos una revolución pedagógica, porque hay que volver a pensar qué necesitan los chicos. Nos debemos un debate pedagógico nacional importante.


-Y también habría que discutir qué hacer con la formación de los chicos en el colegio para trabajos que cuando terminen no existan más...


-Yo vengo diciendo que la función de las escuelas es acercar el mundo a los chicos a medida que el mundo se va modificando, pero sobre todo que nos tenemos que olvidar de los curriculum pesados y enseñarles a que se hagan buenas preguntas. La escuela nuestra es buscadora de respuestas con cuestionarios para que respondan y evalúen sus respuestas, pero pocas veces se les enseña a hacerse buenas preguntas. El investigador siempre va a andar bien, va a conseguir trabajo, porque tiene que ver con las buenas preguntas que se hace.


Yo creo que la escuela hoy debería provocar investigaciones, porque los contenidos ya están en Google por ende para qué los van a aprender de memoria. Creo que tiene que ser una escuela muy creativa, porque estos tecnócratas con tanta tecnología en el futuro el que va a hacer la diferencia laboral, profesional va a ser el original, el que le ponga su sello y no el que copia y pega. Es necesario que circule mucho la palabra, el debate, porque ahora están hipnotizados por la imagen y prefieren mirar. Hay mucho para hacer y hay que mantener el deseo de aprender.

 


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