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El Litoral
Miércoles 24.06.2020
8:34

Rodrigo

Las huellas del Potro

Cinco artistas argentinos, de procedencia heterogénea, reconstruyeron a través de recuerdos y canciones, la relevancia de un emblema para el cuarteto a nivel nacional a 20 años de su fallecimiento.

 

“Conozco muchos grandes artistas que no consiguieron nunca lo que tenía Rodrigo y que solamente lo tienen algunos elegidos: el amor incondicional del público”, sintetiza Paz Martínez. Crédito: Archivo El Litoral“Conozco muchos grandes artistas que no consiguieron nunca lo que tenía Rodrigo y que solamente lo tienen algunos elegidos: el amor incondicional del público”, sintetiza Paz Martínez.
Crédito: Archivo El Litoral

“Conozco muchos grandes artistas que no consiguieron nunca lo que tenía Rodrigo y que solamente lo tienen algunos elegidos: el amor incondicional del público”, sintetiza Paz Martínez. Crédito: Archivo El Litoral



Rodrigo Las huellas del Potro Cinco artistas argentinos, de procedencia heterogénea, reconstruyeron a través de recuerdos y canciones, la relevancia de un emblema para el cuarteto a nivel nacional a 20 años de su fallecimiento.   Cinco artistas argentinos, de procedencia heterogénea, reconstruyeron a través de recuerdos y canciones, la relevancia de un emblema para el cuarteto a nivel nacional a 20 años de su fallecimiento.  

 

El 24 de junio de 2000 será recordado como un día triste por la partida física de Rodrigo Bueno. “El chico cuartetero” (Andrés Calamaro, “Los chicos”, 2007), que supo hablar de Charly en una de sus canciones y forjó una amistad con Maradona, ingresaba a la eternidad, al mismo tiempo que al tristemente célebre “Club de los 27”. El Litoral recogió los testimonios de Paz Martínez, “Cabra” De Vega (Las Manos de Filippi), Juan Ingaramo, “Muñeco” Castro (Los Olestar) y Pablo Dacal sobre la relevancia de “El Potro” para la cultura popular argentina.

 

 

La hizo grande

 

“A Rodrigo lo conozco desde que tenía 14 años”, cuenta a El Litoral Paz Martínez. Reconocido por clásicos como “Una lágrima en el teléfono” y “Me das cada día más”, el popular cantante y compositor nacido en San Miguel de Tucumán también es autor de dos canciones que popularizó Rodrigo: “Puro fuego” y “Qué ironía”. “Son dos historias bien distintas”, aclara. Paz Martínez conocía a Eduardo Bueno, padre de “El Potro”. Pichín era productor de Epic, subsidiaria de CBS Columbia. “Un día me pidieron una canción estilo tropical, cha cha cha, bachata. Entonces, le envié al productor ‘Puro fuego’. Pasados los años, la grabé, porque me pareció que estaba muy linda la canción”.

 

“Con él, conmigo...” era el nombre original de “Qué ironía”. Incluso, con ese título se encuentra en el álbum “Preso de tu piel”, lanzado por Paz Martínez en 1989. Juanjo Novaira, oriundo de San Martín de las Escobas, es responsable de la primera parte de la historia. “Él me alcanzó una letra que hablaba del famoso blanco y negro sobre el que escribimos varias veces los artistas. Empecé a hacerle algunas modificaciones a la letra, pero faltaba el estribillo. Hasta que un día se me apareció, mientras iba por la autopista Riccheri para agarrar por el camino de cintura”. Varios años después, el cantautor se encontraba en Mar del Plata con su familia. En la televisión, pasaban un recital de Rodrigo.

 

“De repente, mi hijo Mariano me dice: ‘Che, Beto, ¿esa canción no es tuya?’ Paré la oreja y escuché la canción con ritmo de cuarteto. Pero, esa no fue la única sorpresa. El zócalo decía ‘Qué ironía’ (Paz Martínez). ‘Uia! Qué bien que queda’, pensé. A Rodrigo le gustaba como escribía. Después, tuve una conversación con él, invitándome a cantar al Luna Park. Lamentablemente, no podía ir. No me olvido más lo que me dijo: ‘te estoy preparando Amor pirata para hacerla en cuarteto’. Y dejamos el encuentro para cuando Dios decida”.
Pasaron los años y Paz Martínez decidió grabar una versión cuarteto, ya bajo el nombre “Qué ironía”, y con la colaboración del arreglador de Rodrigo. Pero ahí no termina la historia. La canción fue versionada por un joven cordobés, en pareja con Laura Bozzo (conductora de un popular talk show en Perú) y por el artista dominicano Andy Andy (residente en Nueva York). Este último la incluyó en su álbum con tres variantes: balada, bachata y cuarteto. “Recibí tres premios Billboard por ser la canción latinoamericana más irradiada en Estados Unidos. Realmente, fue una canción bendecida, a la que Rodrigo hizo grande”.

 

Hasta el final

 

A mediados de los 90, “Ojalá que lleva café” sonaba todo el tiempo en la radio. Jugando con el estribillo de la popular canción de Juan Luis Guerra, nació “El himno del cucumelo”, compuesto por Las Manos de Filippi y que integró el compilado “Alta Tensión” (1995) junto a piezas musicales de Actitud María Marta, Tintoreros, Las Plantas de Shiva y Virulana y sus Peztales. Hernán “Cabra” De Vega, vocalista de Las Manos, rememora el contexto. “Nosotros éramos muy desconocidos. Era un momento raro, porque entre la cumbia y el rock no había mucha onda. Lo loco es que el disco lo sacó DBN, un sello que laburaba más que nada con cumbia, pero como era un proyecto del manager de Todos Tus Muertos (Bocha Gutiérrez), le dejaron hacerlo rockero”.

 

Por medio de la discográfica, el álbum se fue distribuyendo como reguero de pólvora. “Cuando nos enteramos que le llegó a Rodrigo, nos flasheó”. Cabra sospecha que en esto tuvo que ver Ramiro, el dueño de DBN. “Él no esperaba nada del disco de rock... pero cuando vio que había una cumbia se interesó. Le tocamos el corazón”. Para el cantante, responsable además de Agrupación Mamanis, la composición original “era muy porteña y de rockeros”. Rodrigo “le dió el color del cuarteto y la fiesta cordobesa. Y fue la canción que lo acompañó desde el principio hasta el final”.

 

También brilla

 

La experiencia de Pablo Dacal con Rodrigo se remonta a “aquellos años” de furor. A través de un amigo en común y productor artístico del cantante cordobés (Jorge “Negro” Moreno), el trovador bonaerense pudo ver de cerca y en su juventud el fenómeno que representaba “El Potro”. “Lo he seguido, en la combi, por varios conciertos a lo largo de la provincia de Buenos Aires. Vivía los shows y la música como una auténtica batalla. Era buenísimo verlo salir a escena en lugares muy alejados. Era media hora, pero salía a matar... literalmente, como un boxeador. Eso que evidencia el Luna Park era la forma en la que él vivía cada uno de sus conciertos y giras”.

 

En las guitarreadas hogareñas que solía hacer Moreno, y de las que Rodrigo ha formado parte, se encuentra el germen de la novedosa relectura de “Amor clasificado” grabada por Pablo Dacal y la Orquesta de Salón en “13 Grandes Éxitos” (2004). “Es una versión cocinada durante mucho tiempo, que mezcla una línea más cercana al rock argentino, a la canción. Encontrarle un nuevo perfil a una canción y darse cuenta que también brilla en otros ámbitos, habla muy bien de ella. En ese momento, estábamos observando otras cosas que el rock había dejado afuera, y nosotros nos sentíamos afuera del rock. Por eso, nos pareció bueno romper el canon existente. ‘Amor clasificado’, además, es muy cordobesa, nombra muchos espacios y jergas. Y nos parecía bueno no dar una versión tan centrada en lo porteño”.

 

Las buenas canciones

 

Integrante del extenso lote de hits de Rodrigo, “Amor clasificado” ha pasado por el filtro de diversos artistas, entre ellos, Fabricio Rodríguez-David Bolzoni y Los Olestar. La particularidad que tiene esta última versión forma parte del ADN de la banda: los mashups con el linaje punk (en este caso, con una cita musical a “Espadas y serpientes”). Hernán “Muñeco” Castro, vocalista de Los Olestar, contó a El Litoral que “es una de las primeras canciones” que interpretó la banda y “es la que más me gusta por la historia”. Además, su trayecto incluye haber recreado “Qué ironía”, en un cruce con “Beat on the brat” (Ramones) y “Ramón” (Kapanga), y “Cómo olvidarla”. En cuanto al método, entre juego y tributo, lo describe como “un guiño para la gente que escucha la música que siempre escuchamos nosotros... que no es la mayoría. Complicidad es la palabra perfecta. Cuando empezamos a tocar, era un poco más duro porque los géneros chocaban entre sí. No sé por qué pasaba eso. Ahora, la gente se ríe más y lo acepta”.

 

Un coterráneo de Rodrigo, Juan Ingaramo, se encargó de expandir aún más el universo sonoro del cantante cuartetero. El tratamiento que le dió el joven cordobés a “Fuego y pasión”, aliado con Nico Cotton y Elsa y El Mar, encontró la veta reggaeton de la canción. Todo comenzó una vez que se sentó a tocar el piano, como de costumbre, libre, random. “Empecé a tocar y cantar la canción, jugando. Después, la fuimos transformando con Nico. Elsa le dio un toque internacional. Fue como poner a prueba doblemente a la canción. Ver si funcionaba con una voz extranjera, con otra forma de frasear y de decir la historia. Comprobé que las buenas canciones resisten los cambios de ritmo y de arreglos”.

 

De la familia

 

Pablo Dacal describe a Rodrigo como un “cantor muy poderoso y temperamental”. Alguien que “no era nada conservador en sus ideas y elecciones” y que, además, “buscaba abrir nuevos horizontes”. La palabra que elige Muñeco reverbera: rocker. “Vivió como tal y se fue joven. El cuarteto lo abrazó y él fue quien hizo el cuarteto más popular de toda la Argentina”. “Rodrigo se metió en nuestras casas”, resume Juan Ingaramo. “Si bien me gustaban La Mona (Jiménez), La Barra y Trulalá, Rodrigo vino de otra forma. Irrumpió con sus canciones y su carisma. Conquistó a todo el país”. 

 

El “Cabra” encuentra en la figura de Rodrigo la conjunción de, al menos, dos elementos: el sueño y la tragedia. “Estaba muy activo, que es lo mejor para la parte creativa de un músico. Cumplió el sueño de viajar y conocer lugares, montado en lo que le gustaba hacer. Pero sufrió la precarización. Lo que le pasó a Rodrigo es lo mismo que le pasó a Sergio Denis”.

 

Paz Martínez recuerda al Potro como un amigo del barrio. “Nosotros lo conocíamos como un pibe que estaba laburando con el viejo en el negocio. Era uno más de nosotros. Hizo lo que le mandaba el corazón, cantar la música de su lugar. Conozco muchos grandes artistas que no consiguieron nunca lo que tenía Rodrigo y que solamente lo tienen algunos elegidos: el amor incondicional del público. La gente lo consideraba parte de la familia”.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Leonardo Pez


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