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Miércoles 24.06.2020 - Última actualización - 12:20
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Rugby

25 años después: Los Springboks y su mundial, más allá de lo deportivo

El 24 de junio de 1995, el seleccionado de Sudáfrica obtenía su primera Copa del Mundo, tras vencer en el partido decisivo a Nueva Zelanda por 15 a 12. la final se disputó en el mítico Ellis Park de Johannesburgo, ante más de 60 mil personas que festejaron, mucho más allá de lo deportivo. Nelson Mandela, sin dudas fue el gran protagonista y quien impuso la frase “Un equipo, un país”.

Minutos antes de la final. “Madiba” va al encuentro del capitán Pienaar, quien lo acompañará para saludar al resto de sus compañeros. Crédito: Archivo El LitoralMinutos antes de la final. “Madiba” va al encuentro del capitán Pienaar, quien lo acompañará para saludar al resto de sus compañeros.
Crédito: Archivo El Litoral

Minutos antes de la final. “Madiba” va al encuentro del capitán Pienaar, quien lo acompañará para saludar al resto de sus compañeros. Crédito: Archivo El Litoral



Rugby 25 años después: Los Springboks y su mundial, más allá de lo deportivo El 24 de junio de 1995, el seleccionado de Sudáfrica obtenía su primera Copa del Mundo, tras vencer en el partido decisivo a Nueva Zelanda por 15 a 12. la final se disputó en el mítico Ellis Park de Johannesburgo, ante más de 60 mil personas que festejaron, mucho más allá de lo deportivo. Nelson Mandela, sin dudas fue el gran protagonista y quien impuso la frase “Un equipo, un país”. El 24 de junio de 1995, el seleccionado de Sudáfrica obtenía su primera Copa del Mundo, tras vencer en el partido decisivo a Nueva Zelanda por 15 a 12. la final se disputó en el mítico Ellis Park de Johannesburgo, ante más de 60 mil personas que festejaron, mucho más allá de lo deportivo. Nelson Mandela, sin dudas fue el gran protagonista y quien impuso la frase “Un equipo, un país”.

Unos días atrás, hace exactamente veinticinco años, Sudáfrica era un hervidero de rugby. Los Springboks ya habían accedido a la semifinal y en todo el país no se hablaba de otra cosa que del Mundial. De los dieciséis equipos que habían iniciado la competencia, solo quedaban cuatro, que en los días siguientes iban a protagonizar cuatro partidos; semis, tercer puesto y final. Tres de esos choques, por diferentes motivos, quedarían para siempre entre los momentos mas impactantes de la historia del rugby internacional.

 

Sin embargo la gran figura del momento, el personaje al que todos los periodistas seguían, no era un jugador de rugby. Nelson Rolihlahla Mandela en ese momento tenía 76 años, veintisiete de ellos pasados en prisión. Cinco años antes del mundial había sido liberado, desde mayo de 1994 era el Presidente y en esos días de junio jugaba su propio mundial. La jugada era arriesgada. Convertir a los Springboks, uno de los emblemas de la Sudáfrica blanca y racista, en prenda de unión para toda la Nación. Mandela, como buen estadista, arriesgó y ganó. La Copa del 95 y el lema “Un equipo, un país” fueron un gran impulso en el proceso de integración luego del horror de la segregación racial. Un proceso que todavía continúa.

 

Por una vez el tan criticado matrimonio entre deporte y política pareció dar buenos frutos. Sin embargo nada puede borrar la tragedia que vivió Sudáfrica en los años previos y el rugby no fue ajeno a lo que sucedió en la época del nefasto Apartheid.

 

Hoy, en el aniversario de plata del Mundial de Sudáfrica, encuentran al mundo convulsionado por dos virus. Uno novedoso, el Covid- 19, y otro bien antiguo que se niega a desaparecer de la faz de la tierra, la segregación racial. Las protestas contra el racismo se multiplican en el mundo en este junio. Por eso es necesario revivir lo sucedido en aquel otro junio inolvidable sin olvidar las miserias que lo precedieron.

 

Las leyes de Apartheid fueron sancionadas a fines de la década del 40 pero la presión internacional contra el racismo sudafricano se hizo fuerte a partir de la masacre de Sharpeville en 1960. En el pueblo de ese nombre la policía abrió fuego contra una manifestación matando a 69 personas de raza negra. La matanza despertó al mundo y de a poco se fue organizando el boicot deportivo que unos años después fue avalado por la Asamblea de las Naciones Unidas. En los setenta al deportivo se sumaron los boicots académico, económico y de armamentos.

 

A partir de fines de la década del sesenta, progresivamente el poderoso rugby sudafricano se fue quedando sin competencia y cada uno de sus enfrentamientos de aquellos años estuvo teñido de fuertes polémicas. La gira de Nueva Zelanda en 1976 provocó el boicot de los países africanos a los Juegos Olímpicos de Montreal, la gira de los Springboks a Nueva Zelanda en 1981 se realizó en el marco de fuertes protestas y disturbios que tuvieron su pico en el partido de Auckland, cuando desde una avioneta piloteada por un tal Max Jones, “bombardearon” el Edén Park con bolsas de harina mientras se disputaba el test. Luego Jones sería condenado a dos años de prisión. Los Lions y Francia viajaron a Sudáfrica en 1980, Irlanda en 1982, Inglaterra en 1984 y los All Blacks disfrazados de Cavaliers en 1986. Cada una de estas giras estuvo rodeada de fuertes polémicas.

 

Por supuesto, no hay que dejar de lado los viajes de Sudamérica XV en 1980 (retribuidos ese año en Santiago de Chile y Montevideo) y 1982 y el de Hispanoamérica XV en 1984. Pero esas controversiales giras del equipo sudamericano serán recordadas en otro artículo de esta serie que iniciamos hoy.

 

El mundial de 1995 fue un gran paso para la integración de un país, pero para entender lo que sucedió hace 25 años es necesario conocer el trayecto que recorrió el rugby sudafricano en las décadas previas. Un oscuro camino marcado por el Apartheid.

 

 

Síntesis

 

Los campeones del mundo salieron a la cancha con Os du Randt, Chris Rossouw y Balie Swart; Kobus Wiese y Hannes Strydom; Francois Pienaar (Capitán), Ruben Kruger y Mark Andrews; Joost van der Westhuizen y Joel Stransky; Chester Williams, Hennie le Roux, Japie Mulder, James Small y André Joubert. También tuvieron sus minutos en cancha Brendan Venter, Rudolph Straeuli y Garry Pagel. Los otros suplentes fueron: Naka Drotské, Johan Roux y Gavin Johnson. El entrenador fue Kitch Christie.

 

Por su parte, los All Blacks formaron con: Craig Dowd, Sean Fitzpatrick (Capitán) y Olo Brown; Ian Jones y Robin Brooke; Mike Brewer, Josh Kronfeld y Zinzan Brooke; Graeme Bachop y Andrew Mehrtens; Jonah Lomu, Walter Little, Frank Bunce, Jeff Wilson y Glen Osborne. Entraron: Richard Loe, Jamie Joseph, Ant Strachan y Marc Ellis. Los otros dos que estaban disponibles, en caso que el entrenador Laurie Mains hubiera decidido utilizarlos, fueron Norma Hewitt y Simon Culhane.

 

Sólo dos jugadores fueron los encargados de anotar los puntos: ambos números 10. Los aperturas Andrew Mehrtens (12: tres penales y un drop) y Joel Stransky (15: tres penales y dos drops). Justamente el último de los remates de sobrepique en tiempo extra, le dio la primera copa del mundo a Sudáfrica.

 




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