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Jueves 25.06.2020 - Última actualización - 17:40
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En Argentina no se vio lo que nunca antes había pasado en los mundiales

Aquella historia de los papelitos

La postal de la salida a la cancha de la selección, en el ‘78, fue el triunfo categórico de un dibujante y su mejor creación: Caloi y Clemente. Por otro lado, José María Muñoz, el periodista más influyente por esos tiempos, proponía una imagen diametralmente opuesta.

La salida de la selección en ese 25 de junio de 1978. Es el arco que da al río de La Plata. Crédito: Archivo El LitoralLa salida de la selección en ese 25 de junio de 1978. Es el arco que da al río de La Plata.
Crédito: Archivo El Litoral

La salida de la selección en ese 25 de junio de 1978. Es el arco que da al río de La Plata. Crédito: Archivo El Litoral



En Argentina no se vio lo que nunca antes había pasado en los mundiales Aquella historia de los papelitos La postal de la salida a la cancha de la selección, en el ‘78, fue el triunfo categórico de un dibujante y su mejor creación: Caloi y Clemente. Por otro lado, José María Muñoz, el periodista más influyente por esos tiempos, proponía una imagen diametralmente opuesta. La postal de la salida a la cancha de la selección, en el ‘78, fue el triunfo categórico de un dibujante y su mejor creación: Caloi y Clemente. Por otro lado, José María Muñoz, el periodista más influyente por esos tiempos, proponía una imagen diametralmente opuesta.

El colega Diego Barcala lo cuenta en una extensa nota que se publica en revistalibero.com. Paranoia y dolor. Con estas dos palabras definió Andrés Calamaro en su canción “Crímenes perfectos” el ambiente que vivieron los argentinos durante la celebración del Mundial en su país. Las melenas y bigotes de los jugadores corriendo sobre un césped plagado de papelitos forman la memoria visual del Mundial. Los papelitos protagonizaron la batalla simbólica del absurdo. Los militares, obsesionados con lucir una imagen de rigor y orden del país, emprendieron una campaña mediática que incluía la petición a los aficionados de que no tiraran papelitos al campo. La bandera de la resistencia la izó un simpático pájaro sin brazos y pico redondeado llamado Clemente, salido de la imaginación del dibujante: Carlos Loiseau Caloi, que alentaba a los hinchas a resistir desde la contraportada de Clarín. “Los argentinos somos derechos y humanos”. Con ese eslogan burdo, grosero y hasta burlón con las protestas de las madres de los desaparecidos en la plaza de Mayo se presentaron los militares ante el mundo. La agencia de publicidad estadounidense Burson Martseller le ofreció a la dictadura un plan de prensa completo para contrarrestar las peticiones de boicot de organizaciones como Amnistía Internacional.


Uno de los defensores de aquella idea de no tirar papelitos, fue el famoso relator José María Muñoz. En su papel de portavoz de la dictadura llegó a pedir a los aficionados que no tirasen papelitos porque daban mala imagen del país y que podían incluso lesionar a los futbolistas. “Por decirlo en términos futbolísticos, me la dejó picando con el arquero vencido”, explicaba el viñetista Caloi, fallecido en 2012, durante una entrevista en 1994.


“El gobierno recomendaba en avisos y notas de radio, televisión y gráfica a la gente que cuando llegaran los turistas extranjeros no fueran cobrados de más por los tacheros (taxistas), no los empujáramosà en definitiva nos trataban a todos los argentinos como verdaderos delincuentes e inadaptados. El subtexto era ‘acá son todos unos hijos de puta pero que no se note’. En realidad, lo que existía era un gran temor por toda esa multitud que se iba a juntar por primera vez después del golpe militar en un estadio. Nos pedían que deiéramos una imagen de país civilizadoà ellos justamente, ¿no? y además Muñoz empezó su campaña personal contra los papelitos para que no diéramos imagen de país sucio, como si ahí estuviera la suciedad. Clemente empezó una campaña diciendo que eso era una manifestación popular”, explicaba Caloi. El pájaro amarillo comenzó entonces su campaña satírica desde la viñeta del diario Clarín.


En los bocadillos se aludía a Muñoz como “Murioz”. Después de un partido en Rosario donde los papelitos nevaron completamente el césped, el narrador desesperado se inventó que la FIFA pensaba retirar los puntos a Argentina por el asunto de los papelitos. La respuesta de Clemente no se hizo esperar y pidió a los argentinos que tiraran mejor huesos de aceituna.


“El éxito de Clemente fue tal que se convirtió en la mascota del Mundial frente al gauchito que habían presentado. Los militares sabían que mi padre había militado en las juventudes peronistas pero ya era un personaje famoso y eso lo protegía. No lo podían hacer desaparecer como hicieron con otros”, explica desde Buenos Aires Juan Matías Loiseau, más conocido por ser el dibujante Tute, hijo de Caloi. La guerra por los papelitos se convirtió en una defensa simbólica de libertad que protagonizó todo el campeonato pero no sirvió para denunciar los gravísimos hechos que estaban sucediendo. “Mi viejo siempre decía que había alcanzado la sutileza suficiente para evitar la censura en el último momento. Era una tira diaria y siempre entregaba a última hora. Aunque solo fuera para evitar trabajar doble por si le tiraban el dibujo”, recuerda Tute.


Caloi siempre explicó que, en realidad, Clemente trataba de defender de manera rebelde las costumbres de los hinchas como parte de la cultura popular. “El fútbol en Argentina son los cantitos, el marco que rodea a los 22 jugadores”, explicaba. “¡Muñoz, Muñoz, Clemente te cagó!”, gritaba la afición. El propio seleccionador Menotti fue preguntado por el asunto de los papelitos: “Constituyen una prueba de aliento que los jugadores aprecian mucho”. Por su parte, el secretario de la FIFA René Courté contratacaba: “Es una mala costumbre que debe ser erradicada”. Y los militares continuaban en su cerrazón represora tal y como pudo observar el propio Caloi en los estadios a los que acudía acreditado por El Gráfico: “La policía ponía vallas a la entrada para controlar a la gente y les quitaban los periódicos, que eran los futuros papelitos. Vi montañas de diarios requisados. Y sin embargo había cada vez más papelitos. Había contrabando de diarios”.


La costumbre de tirar papelitos en los estadios argentinos se remonta a los años 60. Fue durante un duelo entre Banfield y Quilmes cuando la afición rival viajó al estadio con un cargamento de etiquetas viejas de la marca de cerveza local. Tiraron miles de etiquetas y se formó un gran revuelo porque pese a que era una acción espontánea, parecía publicidad encubierta. El éxito fue total y la empresa corrió con los gastos de las multas y surtió a la afición de su equipo con 90 millones de etiquetas antiguas.


“Creo que en la actitud de los militares había algo más serio todavía. Querían evitar que alguien lanzara panfletos políticos”, opina el diseñador argentino Fernando Rapa Carballo, director de Arte de la revista Mongolia. Muchas de las historias de las detenciones de la época tienen como denominador común que la policía les había pillado con propaganda en casa, en el coche. Es el caso del entrenador Ángel Cappa que consiguió escapar de un control en 1976 sin que descubrieran la propaganda oculta en el maletero de su coche. Eso le empujó al exilio a España. “Después del Mundial empezamos a recibir amenazas telefónicas y tuvimos que cambiarnos de domicilio varias veces”, recuerda Tute.


Cuando llegó la final entre Argentina y Holanda la batalla estaba perdida por Muñoz. El presidente de la FIFA, el brasileño Joao Havelange, declaró oficialmente la derrota de sus amigos torturadores: “No es que sea lo más higiénico del mundo pero por lo demás es pintoresco. Por otra parte no afecta para nada en el desarrollo del juego”.


“Clemente la pegó muchísimo con la gente porque hablaba como ellos. Representaba al ciudadano medio. Pero todavía recuerdo un éxito mucho mayor cuatro años después, para el Mundial 82. Hicieron una serie de televisión con muñecos de Clemente que cantaban las canciones de cada una de las selecciones del Mundial. Se ponía por la noche y recuerdo que era todo un acontecimiento”, recuerda Rapa Carballo. El “Miren, miren qué locura, miren, miren qué emoción, tiren, tiren papelitos, vamos Argentina, que sos el campeón”, que cantaba Clemente para el Mundial de 1982 triunfó en la historia frente al cántico radiofónico de Muñoz, cuatro años antes, tras la final: “Argentina campeón. Este es el pueblo argentino que se ha manifestado a través del fútbol, para que sea la base para los grandes objetivos de este país que tenemos, para que nuestros hermanos del mundo comprendan que hicimos un campeonato de solidaridad y humanidad porque así somos los hijos de esta tierra”.

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