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Lunes 29.06.2020 - Última actualización - 22:20
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Proyecto para actualizar el monto de la Tarjeta Única de Ciudadanía

Oscar Martínez: "Los invito a dialogar sobre las políticas que Santa Fe necesita para combatir el hambre que nos acecha"

 Crédito: Gentileza
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Proyecto para actualizar el monto de la Tarjeta Única de Ciudadanía Oscar Martínez: "Los invito a dialogar sobre las políticas que Santa Fe necesita para combatir el hambre que nos acecha"

Este martes a las 17.30 hs mediante una videoconferencia se presentará el proyecto para actualizar el monto de la Tarjeta Única de Ciudadanía que otorga la provincia de Santa Fe. Estarán presentes entre otros el padre “Pepe” Dipaola, referente del Movimiento Curas Villeros, la Subsecretaria de Desarrollo Social de la Nación, Micaela Ferraro, y el Jefe de la Región Litoral de ANSES, Diego Mansilla. El encuentro es abierto a todo público y será moderado por Oscar Martínez, legislador del Frente Renovador-PJ y autor del proyecto de ley. El Litoral dialogó con él para conocer los detalles.

 

-Diputado, para la gente que quizás no esté al tanto de qué es concretamente la Tarjeta Única de Ciudadanía, podría explicarnos brevemente de qué se trata, cómo se implanta y cuándo fue creada.

 

-La Tarjeta de Ciudadanía es un plan de cobertura que fue creado por la Resolución Nº 483/2008 del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia para posibilitar el acceso de la población en situación de vulnerabilidad social y en riesgo de subsistencia, a los alimentos indispensables para cubrir sus necesidades básicas en forma adecuada y suficiente. En realidad esta tarjeta surgió como una política superadora a los tickets canasta y a las cajas de alimentos. En la actualidad tiene 140.000 titulares en el territorio de la provincia, y la condición para obtenerla era no contar con ningún otro tipo de beneficio social. Esta tarjeta otorga la suma de 300 pesos mensuales a personas con hijos menores cuyos ingresos no alcancen al de un salario mínimo, vital y móvil. Esto ocurre porque, si bien el programa se estableció inicialmente con una fuerte coordinación con los municipios, no posee un padrón preciso, y los beneficios no se han establecido por ley con un sistema de actualización. Esto es lo que ha llevado a que no se pueda aumentar el monto y básicamente ese es el objetivo de este proyecto, es decir, que se establezca por ley para que tenga que ser aprobado por la Legislatura provincial tanto los montos como las actualizaciones, y no se convierta en la moneda de cambio del gobierno de turno.

 

-¿Cuáles considera que son los puntos principales de su proyecto de actualización de los montos y cómo se relaciona con los programas nacionales como, por ejemplo, la Tarjeta Alimentar?

 

-El Programa Provincial de Tarjeta Única de Ciudadanía está destinado a complementar y fortalecer los alcances del Programa Tarjeta Alimentar en el marco del Plan Nacional Argentina Contra el Hambre, en el ámbito de la provincia de Santa Fe. Serán beneficiarios del programa las personas con hijos menores, las personas de la tercera edad, las personas discapacitadas, también las personas desempleadas que no reciban ningún tipo de beneficio por parte del sistema de seguridad social y aquellas que padezcan enfermedades relacionadas con la alimentación, como los celíacos y cuyos ingresos no alcancen un salario mínimo, vital y móvil que hoy es de 16.875 pesos. En cuanto al monto del beneficio, será igual al de la Tarjeta Alimentar en el caso de que las personas no sean beneficiarias de ese programa y de la cuarta parte del equivalente a lo que cada una disponga como beneficio de la Tarjeta Alimentar, en el caso de que sí reciba el beneficio otorgado por la Nación. No quiero dejar de mencionar, además, que planteamos la necesaria actualización de la base de datos de los beneficiarios y en este marco la provincia debería intercambiar experiencias, transferencia de conocimientos e información con la ANSES a los fines que este programa llegue a todos y todas, sin discriminaciones, por diversas vías de acceso, por los municipios, por internet, por la provincia y por todo ámbito que colabore de manera transparente a que sea realmente universal para aquellos que reúnen los requisitos que establece este beneficio. Tampoco quiero dejar de mencionar el importante aporte que pueden hacer los referentes territoriales, senadores, diputados, intendentes, concejales y entidades intermedias para el control del funcionamiento del sistema, evitando abusos o discriminaciones que pudieran llevarse a cabo contra los beneficiarios del plan. El programa que propone este proyecto plantea que sólo pueden adquirise con la Tarjeta una serie de alimentos cómo leche, yogurt, queso, huevos, carnes (vaca, pollo, pescado, cerdo, etc.), frutas y verduras, cereales (pan, arroz, fideos, harinas, fécula, sémola, avena, etc.), legumbres (arvejas, lentejas, porotos, garbanzos, soja), aceite, manteca, crema, azúcar, mermelada, miel, dulce de leche, polvo para preparar flanes y tortas, enlatados (arveja, choclo, tomate, etc.).

 

Quiero destacar a las instituciones como los movimientos sociales, la Iglesia Católica, las Iglesias Cristianas, los movimientos vecinales, los clubes, las cooperadoras escolares y las entidades intermedias que han colaborado en esta crisis inesperada del Covid-19 para tratar de paliar la situación gravísima de falta de alimentos que sufren miles de santafesinos, pero creo que es hora de dar un paso hacia adelante y entender que ya no puede ser el Estado provincial quien distribuya los alimentos, y quien establezca de manera centralizada la ayuda, mediante compras para toda la provincia. No sólo por los estándares de mayor transparencia que significa el otorgamiento de un beneficio directo al titular, sino por el enorme impacto positivo que genera ese sistema de asistencia directa en las economías de los barrios populares y de los distintos pueblos el hecho que la disposición de los recursos esté en manos de los beneficiarios. Basta con preguntar qué impacto ha tenido la Tarjeta Alimentar en el mercado interno, especialmente en los negocios de cercanía. Entendemos que este tipo de políticas posee una doble finalidad social: dar ayuda directa y sin intermediaciones al beneficiario y fortalecer a los negocios de cercanía creando consumo que beneficia a los pequeños y medianos comercios.

-¿Este proyecto es el primero que se presenta en Diputados o ya ha habido interés de otros legisladores en modificar este sistema y sus montos?

 

-No, en realidad la implementación de esta Tarjeta como una herramienta para establecer la atención alimentaria a sectores vulnerables ha sido objeto de numerosos proyectos en la Cámara de Diputados. Incluso por actuales funcionarios del gobierno y de otras fuerzas políticas. Ya al inicio del programa, su implementación recogió la atención de la Cámara, en primer lugar por Silvina Frana, quién planteó mecanismos para mejorar el servicio de administración y entrega de las tarjetas. Y desde 2011 muchos legisladores se han preocupado tanto por la actualzación del monto como por la mejora en la implementación del sistema. No quiero olvidarme de ninguno, pero le puedo decir, por ejemplo, que Héctor Acuña y Patricia Gascué, allá por el año 2012, a través de de un proyecto de comunicación, pidieron que se incremente el monto. También los diputados Luis Rubeo, Gerardo Rico y Daniel Urruti, Rosario Cristiani, Mario Lacava y Claudia Saldaña se preocuparon por cómo se solucionarían los inconvenientes producidos por el sistema implementado, en aquellos lugares en los cuales existen beneficiarios pero los comercios no poseen la tecnología adecuada para la operatividad de la tarjeta. Y así otros legisladores, como la diputada Miriam Cinalli, y la diputada Mercedes Meier establecieron la necesidad de actualizar el monto. Tampoco puedo dejar de señalar que esta Tarjeta motivó un proyecto del año 2018 presentado por los diputados Silvia Augsburger y Rubén Giustiniani, haciendo referencia a la profundización de la crisis económica y la inflación y a fin de garantizar la seguridad alimentaria de la población más vulnerable. Es bueno recordar que también la actual funcionaria de Acción Social, Patricia Chialvo, planteó en 2018 la necesidad de que se establezca en una suma de 1.200 pesos y en el mismo proyecto planteó la razonable actualización que, según su iniciativa, debe realizarse semestralmente según la variación del IPC del IPEC. Tampoco puedo dejar de señalar el proyecto de Juan Argañaraz y Walter Ghione del 24 de junio de 2020 que va en el sentido de los proyectos señalados.

 

-¿Cómo imagina que puede coordinarse la acción del gobierno nacional con la del gobierno provincial para superar esta brecha entre una y otra política?

 

-Mire, el presidente Fernández convocó a la unidad de toda la Argentina en pos de la construcción de un nuevo contrato social fraterno y solidario porque en esta emergencia social es necesario comenzar por los últimos para poder llegar a todos. Cómo él mismo lo declaró hace escasas semanas, esto tiene que llevarse a cabo con sobriedad en la palabra y expresividad en los hechos. Ser conscientes de las heridas que padecemos y que tienen que superarse con paciencia, sosiego y humanidad. Los muros que tenemos que superar, el muro del hambre que deja a millones de hombres y mujeres afuera de la mesa que nos es común. Estos muros son los que dividen en este tiempo histórico. Superar el muro de las fracturas implica construir una ética de las prioridades y de las emergencias. Comenzar por los últimos para después poder llegar a todos. Más de 15 millones sufren inseguridad alimentaria en uno de los mayores productores de alimentos del mundo. Uno de cada dos niños se encuentran en situación de pobreza y es necesario frenar esta catástrofe social. Sin pan no hay presente ni futuro, sin pan la vida solo se padece, sin pan no hay democracia ni libertad. Debemos poner fin a este presente penoso, llevar adelante un plan de Argentina contra el hambre que atienda a los marginados y a los excluidos de nuestra patria, a los condenados por la cultura del descarte, pero no sólo con un pedazo de pan al pie de nuestra mesa, sino que deben ser comensales de la misma mesa. No puede haber hambre en la Argentina, no puede haber hambre en Santa Fe. Como expresó el ministro Daniel Arroyo, esto es una regla no un debate.

 

-Por lo que he visto se podría decir que usted es un fiel lector y seguidor de las enseñanzas que el Papa Francisco transmite permanentemente tantos en sus discuros como en sus documentos, y que se ha pronunciado fervientemente en estos tiempos de pandemia, sobre cómo deberían actuar los gobiernos y las sociedades para superar esta inédita crisis mundial, ¿podría sintetizarnos algunas de sus reflexiones?

 

-Efectivamente, el Papa Francisco es, sin lugar a dudas un faro que ilumina nuestro pensamiento. No sólo porque es un líder mundial indiscutible sino porque es un compatriota que ha dedicado su vida a la lucha por la justicia social y siempre del lado de los que más sufren, de los que más necesitan. Cómo él mismo expresó exhortación apostólica Evangelii Gaudium, se debe decir nó a una economía de la exclusión y la inequidad, porque esa economía mata. No puede ser que sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos de la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluídas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio, -expresó- a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluídos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes».

 

Viendo sus miserias, escuchando sus clamores y conociendo su sufrimiento, nos escandaliza el hecho de saber que existe alimento suficiente para todos y que el hambre se debe a la mala distribución de los bienes y de la renta. El problema se agrava con la práctica generalizada del desperdicio». Pero queremos más todavía, nuestro sueño vuela más alto. No hablamos sólo de asegurar a todos la comida, o un «decoroso sustento», sino de que tengan «prosperidad sin exceptuar bien alguno». Esto implica educación, acceso al cuidado de la salud y especialmente trabajo, porque en el trabajo libre, creativo, participativo y solidario, el ser humano expresa y acrecienta la dignidad de su vida.

 

Podría citar muchas otras reflexiones de nuestro Sumo Pontífice, los invito a leerlo, a disfrutarlo, a conocer el pensamiento de este maravilloso ser humano, que es nuestro, que es Argentino, que debería enorgullecer a cada uno de los argentinos.

 

Quiero terminar con una de sus reflexiones, que nos interpela como seres humanos, como argentinos y como políticos y que expresa que “Falta realmente voluntad política. Es preciso querer acabar de verdad con el hambre, lo cual, en definitiva y ante todo, no se realizará sin la convicción ética, común a todos los pueblos y a las diferentes visiones religiosas, que coloca en el centro de cualquier iniciativa el bien integral de la persona, y que consiste en hacer al otro aquello que quisiéramos para nosotros mismos”.


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