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Martes 07.07.2020 - Última actualización - 20:46
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Por Elda Sotti de González

¿Cómo preservar la infancia?

La función estimulante de la imaginación se realiza mejor cuando más sencillos son los juguetes. Crédito: Archivo El LitoralLa función estimulante de la imaginación se realiza mejor cuando más sencillos son los juguetes.
Crédito: Archivo El Litoral

La función estimulante de la imaginación se realiza mejor cuando más sencillos son los juguetes. Crédito: Archivo El Litoral



Por Elda Sotti de González ¿Cómo preservar la infancia? El juego es la actividad específica de la niñez. Entretiene, divierte, excita la actividad mental y confiere vitalidad al cuerpo. Un instinto lúdico impulsa a los pequeños. 

Por Elda Sotti de González

 

Eduardo Galeano es el autor de la obra Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Al recorrer sus páginas nos encontramos con estas inquietantes palabras: “Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños”.

 

Veamos qué necesitan realmente los niños para “ser niños”. En una comunidad, el núcleo básico y principal agente socializador es la familia. Actualmente ya no hablamos de familia en el sentido tradicional; en estos tiempos posmodernos distinguimos distintos tipos o modelos. Aunque los roles de estas familias disímiles pueden no coincidir por factores étnicos y otros, recordemos que niñas y niños necesitan un ambiente saludable en el que, además de percibir amor y protección, vayan internalizando valores que orienten la vida en sociedad. La acción educativa auténtica es axiológica; en el caso de los pequeños, se trataría de iniciarlos -de un modo acorde con sus capacidades- en la apreciación de valores morales que conduzcan al sostenimiento de una buena convivencia. Tengamos en cuenta que el miedo experimentado ante constantes discusiones, procederes violentos, expresiones groseras o excesivos castigos deja indelebles marcas en el espíritu infantil. 
 

Para un crecimiento armonioso la infancia requiere una esmerada atención en lo que respecta a la higiene y al suministro de alimentos portadores de los nutrientes indispensables para un desarrollo integral. Sumemos a esto los controles médicos periódicos. Lamentablemente no son pocos los casos de crueldad, abandono, abuso, explotación... Hechos aberrantes, claros ejemplos de sociedades que involucionan. 

 

El juego es la actividad específica de la niñez. Entretiene, divierte, excita la actividad mental y confiere vitalidad al cuerpo. Un instinto lúdico impulsa a los pequeños. Viven con vehemencia esos momentos. La fantasía infantil, ese trampolín hacia la libertad, es de una productividad asombrosa y se manifiesta en el juego. Pero hablemos de los juguetes. Diversos investigadores afirman que la función estimulante de la imaginación se realiza mejor cuando más sencillos son. No sería necesario entonces recurrir a los espectaculares y costosos juguetes que ofrece el mercado, dejemos que la iniciativa y el ingenio se vayan desarrollando con juguetes modestos los que, por obra de la autoilusión, se transforman. Y no olvidemos que la literatura propone también un juego que suscita emociones intensas y se constituye en un amparo, en un mundo que en ciertas ocasiones se torna despiadado.

 

Esas miradas que todo lo exploran, esos seres vulnerables, indefensos, con el transcurso del tiempo tendrán que asumir creativamente la tarea de forjar en el contexto social, espacios dignos para ellos. Favorecer y encauzar el innato instinto de curiosidad, ayudarlos a reflexionar serenamente para que se sientan dueños de sí mismos, desarrollar en ellos la capacidad para rechazar cualquier intento de manipulación es tarea no sólo de padres y maestros. En El enigma de la infancia, Jorge Larrosa acierta cuando escribe: “La educación es el modo como las personas, las instituciones y las sociedades responden a la llegada de los que nacen. La educación es la forma en que el mundo recibe a los que nacen. Responder es abrirse a la interpelación de una llamada y aceptar una responsabilidad”. Entonces ni magia ni suerte. Sí, el compromiso de toda una sociedad. Un futuro alentador será la recompensa si como mediadores de cultura acudimos en ayuda de familia y escuela, intentando detener el avance de un deterioro social que en estos tiempos resulta alarmante y, sobre todas las cosas, tratando de guiar el comportamiento con buenos ejemplos. Este antiguo proverbio africano algo nos dice al respecto: “Para educar a un niño hace falta la tribu entera”. 

 

El juego es la actividad específica de la niñez. Entretiene, divierte, excita la actividad mental y confiere vitalidad al cuerpo. Un instinto lúdico impulsa a los pequeños. 

Viven con vehemencia esos momentos. La fantasía infantil, ese trampolín hacia la libertad, es de una productividad asombrosa y se manifiesta en el juego. 

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