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Viernes 10.07.2020 - Última actualización - 21:05
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Por Enrique A. Escobar Cello

El relato ¿cambiará nuestra historia?

Raúl Alfonsín y Arturo Illia en 1982. Crédito: Archivo El LitoralRaúl Alfonsín y Arturo Illia en 1982.
Crédito: Archivo El Litoral

Raúl Alfonsín y Arturo Illia en 1982. Crédito: Archivo El Litoral



Por Enrique A. Escobar Cello El relato ¿cambiará nuestra historia? Nosotros recibimos de nuestros padres un país mejor, a pesar de sus errores. Hagamos un acto de contrición, dejemos de lado las diferencias de nuestros mayores y de actuar conservando entre nosotros un perpetuo rencor que siempre está ahí, favoreciendo el florecimiento del populismo.

Por Enrique A. Escobar Cello

 

Hace un tiempo escuché, con tolerancia, que nuestro actual presidente se comparaba con Raúl Alfonsín. No he sido alfonsinista, ni lo he votado tampoco. Pero, a esta altura de las cosas y de los abusos, es hora de notificarle a nuestro presidente/profesor que no nos ha sido posible encontrarle la menor similitud con el doctor Alfonsín, un demócrata convencido, a quién nadie vio rodilla en tierra para acceder a la candidatura presidencial, ni mucho menos aceptar una presidencia compartida.

 

Los argentinos venimos tolerando provocaciones que cada vez agobian más nuestra tolerancia y nos hacen más y más difícil aceptar ser súbditos de una democracia que no es y de una República que ya ni siquiera aparenta serlo en lo formal.

 

Con la excusa de la pandemia y de prevenir contagios obtuvieron libertad presos de extrema peligrosidad condenados, algunos por delitos aberrantes, y, claro, de Boudou (también condenado) que, además de recuperar su libertad es premiado con una sustanciosa mensualidad en concepto pensión vitalicia, con más la correspondiente indemnización por los meses que este sujeto pasó preso y sin percibir este emolumento, del orden de los 20 millones de pesos sin olvidar la inminente salida del buen Báez-; la invasión del Poder Ejecutivo de la Nación a la justicia en la provincia de Santa Fe en una convocatoria de acreedores de una gran empresa de origen nacional, con propósito de expropiarla. Frente a la firme postura del juez que actúa en la causa, el presidente le recordó que “solo era un juez concursal”, mientras que él era el presidente de la Nación. Los incendios rurales provocados (¿por quién y para qué?) y la destrucción de silos-bolsas son hechos cotidianos en los campos ¿Se hace algo al respecto? El dólar “solidario” será más “solidario” aún con aquellos que estuvieron relacionados con la represión del gobierno militar, sus familiares o deudos ¿Serán 8 o 30 mil esta vez y, serán ellos más ciudadanos que nosotros?

 

La pandemia y la centenaria cuarentena han servido de suficiente excusa para borrar de la agenda parlamentaria las sesiones ordinarias en ambas cámaras nacionales. Ínterin se practica un conmovedor intento de sesiones virtuales a las que solo pueden acceder algunos diputados (que no tienen muy claro qué botón apretar). El diputado Fernando Iglesias, concurrió personalmente al recinto y pidió la palabra para formular una moción de privilegio; el presidente del Cuerpo -Sergio Massa- lo advirtió severamente que no le haga perder la paciencia. ¿Y qué le iría a pasar al diputado si el presidente Massa perdía la paciencia? En senadores, mientras tanto, la señora presidente (se dice presidente señora), no le concede la palabra al senador Naidenoff (UCR), le cierra el micrófono, apaga las pantallas y, unilateralmente, da por concluida la sesión, dando por aprobado algo que hasta ese momento llevaba mayoría simple y exigía, por reglamento, 3/4 de los votos. 

 

El poder Judicial, en una demostración de obediencia a libro cerrado y riñéndose con sus propias normas, entra en una “feria judicial” que lleva más de 100 días. Los ciudadanos: indefensos sin Justicia a quién recurrir. “Un hombre con miedo no es un hombre libre”, sería la reconvención de Arturo Frondizi.

 

Hablando de Frondizi, Corte Suprema de Justicia de la Nación, con los votos de tres de sus miembros (el día 24 de abril del corriente año), en fallo relacionado con la validez de que el Senado de la Nación sesione en forma virtual, a pesar de no estar contemplado en el reglamento del mismo y sostiene en su Considerando número 6): “Ante la apuntada necesidad de ofrecer respuestas que permitan salidas institucionales en contextos críticos, cabe recordar la que esta Corte formuló en 1962 frente a la petición de un ciudadano que impugnaba el juramento recibido por el Presidente del Tribunal a José María Guido, Presidente Provisional del Senado, como Presidente de la Nación ante el estado de acefalía causada por la renuncia del presidente Arturo Frondizi y del Vicepresidente Alejandro Gómez (la redacción de este Considerando hace parecer simultáneas, la inexistente renuncia de Frondizi y la de Alejandro Gómez; Gómez renunció a los seis meses a haber asumido la vicepresidencia. N. del A.). La Corte desestimó entonces esos planteos afirmando su misión de “asegurar la subsistencia y continuidad del orden constitucional, única valla cierta contra la anarquía o el despotismo...”. 

 

Frondizi no renunció, las pruebas son abrumadoras, los diarios de la época y la admisión, en el discurso de una comida en los años ’80, el general Poggi, (Comandante en Jefe de Ejército en marzo de 1962) lamentó haber sido él el responsable de derrocar a Frondizi. Hay docenas de datos históricos para agregar, sólo damos estos por respeto al espacio. El Considerando número 6 está legitimando un golpe de Estado. ¿Frondizi se confinó él solo en Martín García el 24 de marzo de 1962, y meses después en Bariloche (siempre custodiado por la policía) hasta ser liberado por Arturo Illia, al asumir éste la presidencia?

 

Esta aseveración es muy grave, nuestra Corte Suprema está condonando un golpe e inventando una renuncia que no existe en ningún archivo. ¿Qué golpe se condonará mañana con este precedente, el que le hicieron al doctor Illia, alegando que renunció voluntariamente, el de Yrigoyen de 1930, o el que se le hizo a Isabel Martínez de Perón? Esto es grave de suma gravedad.

 

Con tal motivo, le escribí una carta al doctor Juan C. Maqueda, Ministro de la Corte Suprema y suscriptor de este fallo y sus Considerandos (Certificada Plus básico nacional Aviso de Recibo CU 661377619AR, 19/05/2020) solicitándole que, en su calidad de ex convencional constituyente, encontrara la manera de rectificar la falsedad contenida en el Considerando número 6 de dicho fallo. A la fecha, no recibí respuesta. Parece que junto a tanto daño a nuestras Instituciones Fundamentales, se quiere torcer la historia. No, un golpe de Estado es un golpe de Estado, señor ministro, aunque no le sirva de excusa para solventar en uno de sus Considerandos una sentencia.

 

¿No será hora de que los argentinos, más allá de diferencias políticas y/o concepciones económicas, solo con nuestro común sentido de los que es la República, hagamos el esfuerzo honesto y generoso de buscar una salida democrática que le restituya la salud a las Instituciones y la merecida prosperidad y seguridad a nuestro pueblo?

 

Los hombres de mi edad, entiendo, no podemos dejar este país a nuestros hijos y nietos sin un esfuerzo más por devolverle su legitimidad. Nosotros recibimos de nuestros padres un país mejor, a pesar de sus errores. Hagamos un acto de contrición, dejemos de lado las diferencias de nuestros mayores y de actuar conservando entre nosotros un perpetuo rencor que siempre está ahí, favoreciendo el florecimiento del populismo.

 

La democracia, todos lo sabemos, va mucho más lejos del simple acto de votar y expresarse libremente. No ignoramos que la democracia no será tal si no da al ciudadano respuestas materiales concretas, como se dan en las naciones desarrolladas del mundo. 

 

Debemos dejar de lado las injurias para dar lugar al diálogo, es inconcebible ver cómo el presidente y su Ministro Coordinador utilizan las adjetivaciones ofensivas para dirigirse a quien les emite alguna crítica, y dejar asimismo de lado los cuentos: la pandemia es un azote planetario y la cuarentena es el paliativo a mano, pero ninguno de los dos son excusa para pretender cambiar nuestra Justicia, ni el sentido de la propiedad privada que nos concede nuestra Constitución Nacional, ni dejar de respetar la independencia de Poderes, ni querer pasar -entre gallos y medianoche- por pacífica transición un golpe de Estado, ni, muchísimo menos que nada, abusar del poder.

 

Cumplimos 204 años como Nación soberana, sigamos así nomás, no necesitamos “innovaciones ni innovadores”, más de 200 años así lo prueban.

 

Nosotros recibimos de nuestros padres un país mejor, a pesar de sus errores. Hagamos un acto de contrición, dejemos de lado las diferencias de nuestros mayores y de actuar conservando entre nosotros un perpetuo rencor que siempre está ahí, favoreciendo el florecimiento del populismo.

La democracia, todos lo sabemos, va mucho más lejos del simple acto de votar y expresarse libremente. No ignoramos que la democracia no será tal si no da al ciudadano respuestas materiales concretas, como se dan en las naciones desarrolladas del mundo. 

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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