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Sábado 11.07.2020 - Última actualización - 20:30
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La peste en mi pago

Han tocado el timbre y es de noche…

 Crédito: Ilustración Lucas Cejas
Crédito: Ilustración Lucas Cejas

Crédito: Ilustración Lucas Cejas



La peste en mi pago Han tocado el timbre y es de noche… Tengo miedo, estoy encerrado porque tengo miedo a la peste. Eso dicen los avisos, Quedarse en casa. El miedo no tiene un límite horario y racional. Es miedo.

Una de las cuestiones que trajo la peste es el miedo a la muerte puesto en primera persona; y en la cara del vecino también.

 

Otra de las cuestiones es una derivación insistente: no abrir la puerta, desconfiar del otro. Recluirse es quedarse dentro y desconfiar.

 

De la derivación insistente un problema de difícil solución. No salgo. Pido la comida  fuera y el envío hasta mi puerta.

 

Han tocado el timbre y es de noche…

 

Para comprar comida mediante un llamado telefónico estas dos cuestiones son simbióticas y tienen agregados nada sanadores. Tengo miedo, estoy encerrado porque tengo miedo a la peste. Eso dicen los avisos, Quedarse en casa. El miedo no tiene un límite horario y racional. Es miedo. Se extiende al que toca la puerta. Tengo, por lo demás, dinero para pagar la comida y esa es una tentación para los ladrones, al menos eso supongo, ya que quien llama a un delivery debe pagarlo y abrir la puerta.

 

Algunos han contratado un sistema de viandas con dos días de envío, preferencial entrega antes del mediodía, pero están rogando que no se rompa el televisor, el flotante del tanque del agua, el freezer de la heladera y no se termine el “agua lavandina”.

 

Han tocado al timbre general y alguien sube por las escaleras y solo tenemos cerraduras simples sin otra seguridad que la elemental de una puerta de maderas livianas, con travesaños cruzándola dentro, pero en rigor dos terciados pintados en marrón y una llave cualquiera, la que venía con el departamento.

 

Cuando vivíamos en una casa decíamos mejor un departamento con gente alrededor y una puerta distante, en cambio en la casa, solos, con patio trasero y jardín y pocas luces en las calles. Hum.

 

Desde el 20 de marzo a la fecha un nenúfar, como decía Boris Vian en “La espuma de los días”, crece en mitad del esternón.

 

Bajamos el volumen del televisor y apagamos las luces generales. Tenemos el teléfono presto.

 

Las películas no ayudan en estos casos, porque no siempre ganan los buenos y, en las series en las que todavía ganan, primero deben sufrir y una de las cuestiones del miedo es ésa, cuánto será el sufrir…

 

La historia de Boris Vian sirve a una discusión que puede distraer de la cuestión del esternón y una presión insistente sobre el mismo, pasados los 100 días logro reconocerlos, para entregar el miedo en primera persona.

 

“La historia principal narra el amor que hay entre Colin y Chloé. El primero vive cómodamente de las rentas y no necesita de ningún trabajo para sostenerse. En principio, la historia de amor de esta pareja se trata como un romanticismo que va devorándoles trágicamente. El auténtico drama surge de una manera surrealista y absurda cuando a Chloé le nace un nenúfar en el pulmón. Evidentemente se trata de un símil de la enfermedad, pero embellecido en este caso por la potente imagen metafórica de la flor”.

 

Durante mucho tiempo discutí que esta era una novela claramente de realismo mágico, pero los latinoamericanistas (en la defensa de la narrativa) discutían demasiado ofuscados.

 

También sostuve que era/es una historia de amor anterior a Love Story. Hasta patinan en un parque. Nada. Discutían por la cantidad de lágrimas de una y otra. Al fin cesé.

 

“La espuma de los días” es una novela de Boris Vian publicada en 1947, aunque había sido escrita el año anterior. En la novela cita lugares de composición imaginarios en los Estados Unidos, en donde no estuvo nunca”. Wikipedia

 

Aconsejo el sistema. Viajar a la biblioteca y ofuscarse por un tema, un libro, una discusión de otros tiempos. Servirá de distracción, se alivianará esa sensación tan interna y retroalimentada. En el Google leí una vez que la angustia es la única enfermedad mental que el paciente la nota y la acrecienta. Pelear por una causa perdida, como Boris Vian, es placentero, “estimula y sienta bien”. Al menos por un tiempo, ya sabemos hasta cuando.

 

Sonó el timbre, es de noche, han dejado la puerta general abierta y un sonido sube… (busque un libro, hágalo con urgencia, lo que le sucede no es la peste)...

 




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