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Lunes 13.07.2020 - Última actualización - 23:24
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Diálogo con Mario Daniel Andino

"La Declaración de Tucumán buscaba el reconocimiento del deseo emancipatorio"

A propósito del 204° aniversario de la certificación de la Independencia, el historiador y docente santafesino ofreció una interpretación de los hechos sucedidos en 1816 y aventuró la forma en que las gestas históricas conformaron el carácter nacional. 

Entre sus pergaminos de docente e investigador, Mario Andino cuenta con la producción del libro “Idea de nación en la historia Argentina”. Crédito: Luis CetraroEntre sus pergaminos de docente e investigador, Mario Andino cuenta con la producción del libro “Idea de nación en la historia Argentina”.
Crédito: Luis Cetraro

Entre sus pergaminos de docente e investigador, Mario Andino cuenta con la producción del libro “Idea de nación en la historia Argentina”. Crédito: Luis Cetraro



Diálogo con Mario Daniel Andino "La Declaración de Tucumán buscaba el reconocimiento del deseo emancipatorio" A propósito del 204° aniversario de la certificación de la Independencia, el historiador y docente santafesino ofreció una interpretación de los hechos sucedidos en 1816 y aventuró la forma en que las gestas históricas conformaron el carácter nacional.  A propósito del 204° aniversario de la certificación de la Independencia, el historiador y docente santafesino ofreció una interpretación de los hechos sucedidos en 1816 y aventuró la forma en que las gestas históricas conformaron el carácter nacional. 

“¿Queréis que las provincias de la Unión sean una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli?”, preguntó el 9 de Julio de 1816, en el Congreso de Tucumán, el secretario Juan José Paso. Acto seguido, un “¡sí!” unánime recorrió el lugar. 

 

A 204 años de la histórica jornada en la que se elaboró el Acta de la Independencia, por la cual las Provincias Unidas del Río de la Plata declararon la ruptura de vínculos y dependencia política con la monarquía española: ¿de qué forma influyó esta certificación de autonomía en la posterior conformación de la Argentina? ¿Cuáles fueron las “rotas cadenas” que se dejaron atrás y qué “grietas” se fueron formando en el camino emancipatorio?

 

“Nuestro país tiene un binarismo en cuanto las fechas. El 9 de julio funciona de forma complementaria a la Revolución de 1810. Ambas fueron elegidas como jalones en el camino de la independencia. Si en mayo se dio la ruptura con la autoridad española, en Tucumán se afirma la idea de fundar una nación. A nombre de las Provincias Unidas, se elaboró el enunciado que buscaba el reconocimiento del deseo emancipatorio”, sostuvo el historiador santafesino Mario Daniel Andino, en un diálogo previo a la jornada conmemorativa con El Litoral. 

 

“En el siglo 19 -agregó Andino- las cosas no estaban tan claras como las vemos ahora. La idea expresada en Tucumán, representó a una de las partes. Hay que recordar que las provincias litoraleñas, con el artiguismo, no concurren allí por desconfianza hacia Buenos Aires. Por lo tanto, los avatares de la lucha política interna lejos estaban de terminarse e iban a continuar por un buen tiempo”. 

 

-Los primeros pasos de un largo camino... pero ¿en dónde se fundó la construcción del Estado nacional?

 

-Hay dos teorías para explicar el origen de un Estado-Nación en la Modernidad. La primera se da cuando las naciones tienen un núcleo etno-cultural por el que se diferencia de un dominador externo, del cuál quiere separarse. La otra se corresponde con nuestra realidad, que es pertenecer a una comunidad mayor en cuanto a lenguaje, religión, etc.. 

Por lo tanto, la nación se fundó en la construcción política. Al ser parte de Hispanoamérica, Argentina integraba un gran conglomerado donde se mixturó una base indígena con lo español y de lo cual surgió lo criollo. Por lo que había que construir un discurso y una acción política, que nos llevo mucho tiempo, y donde la declaración en Tucumán fue un jalón decisivo por el peso de lo simbólico. Luego, la campaña de San Martín terminó de materializar la liberación de la sucesión española.

Por lo tanto, podría decirse que la construcción de la identidad nacional termina de forjarse en la segunda mitad del siglo 19, después de la unidad política conseguida con la Constitución y la batalla de Pavón en 1861.

 

-Continuando con el rasgo emancipatorio, ¿de qué dependió la independencia?

 

-Hay muchos matices. Como base material, podemos ubicar el interés de la clase dirigente que quería tener un comercio propio, que sabía que tenía elementos que le interesaban al mundo, como por ejemplo la ganadería semi-domesticada del Río de la Plata sumado al circuito comercial del Paraná. Luego, una identidad colectiva que no quería seguir dependiendo de Monarcas ajenos al territorio y que comienzan a dar lugar a nuevas representaciones políticas. Por supuesto, limitada fundamentalmente a una clase de letrada, que es la que guiaba. 

La emancipación fue el acto de voluntad de una comunidad -o sus sectores dirigentes- que decidieron crear una nación; aunque los grados de adhesión eran variables, ya que podía primar lo local antes que una patria todavía abstracta. En ese momento, no había una pertenencia política consolidada, sino que eran como pequeñas islas políticas en la cual al caudillo se le debía el acatamiento. Por lo que, luego, hubo que generar una materialidad del país, un Estado con todo su sistema normativo y la construcción de una ciudadanía que se fue perfeccionando del siglo 20. 

A su vez, posteriormente se fueron generaron resortes, por ejemplo la educación pública, necesarios para difundir hitos como el 9 de julio y el 25 de mayo, que son sacralizados a partir de la historia mitrista y luego de la Academia Nacional de Historia. Estos hitos fueron elegidos como referentes para luego tengamos una memoria del origen, principalmente en el aspecto político y no tanto en lo cultural. 

 

Tras finalizar con más de cuarenta años de enseñanza, Andino se aboca a la finalización de un nuevo libro sobre la historia reciente de nuestro país. Foto: Luis Cetraro

 

-¿Esta especie de gen revolucionario, en algún punto, resultó contraproducente a la hora de concretar una integración posterior? 

 

-Es relativo, aunque es cierto que costó muchísimo lograr una cohesión en todo el territorio frente a las distintas realidades locales, regionales o provinciales, que se privilegiaban frente a la totalidad. Incluso, las experiencias de Yrigoyen y Perón, en el siglo 20, tuvieron serios problemas para organizar las intervenciones provinciales y definir los candidatos de su partido porque se peleaban con intereses locales antes que nacionales. 

Así, llegamos la sorpresa de Cornejo anunciando la posibilidad de que Mendoza pueda ser independiente. Pero son cosas que suceden también en Brasil o Estados Unidos, y qué tiene que ver más con una tensión que nunca termina de resolverse en Argentina. Creo que estos deseos emancipatorios o levantiscos tienen que ver con que proclamamos un federalismo que, en los hechos, no están cumplidos. Convengamos que Alberdi diseñó un modelo de constitución que es de un federalismo atenuado, con un fuerte presidencialismo. Entonces, se ha ido acentuado el rol del Estado nacional por sobre los estados provinciales, por ejemplo en el manejo de la economía o los sistemas penales. Esto sugiere cierto sometimiento a la discrecionalidad de los gobiernos de turno, de cualquier signo ideológico, con el manejo de las ayudas financieras. Son problemáticas de países con extensión variada y diferentes realidades regionales. 

 

-¿Cuánto influyeron las sucesivas crisis en la configuración de nuestro país?

 

-Muchísimo. Nosotros nos caracterizamos por muchísimas crisis, aunque varias de ellas nos llegaron como consecuencia del sistema mundial, por ejemplo la de 1930 o la del 2008. No todas nos trataron tan mal, si bien algunas nos sacudieron inicialmente, luego nos abrieron otras otras puertas.

Es cierto que las crisis suponen un impacto inicial de una decadencia estructuras que venían funcionando, pero también abre la posibilidad de alternativas interesantes. Para dar un ejemplo, las guerras mundiales generaron en nuestro país una pérdida de mercado exterior y caída de importaciones, pero al mismo tiempo significaron una potenciación de la industria nacional. 

Entonces, las crisis nos enseñaron cosas y nos hicieron perder otras. Pero, fundamentalmente, introdujeron líneas de pensamiento que convulsionaron el mapa nacional. 

 

La sala de la histórica "Casita de Tucumán" donde se firmó el Acta de la Independencia.Foto: Archivo / DyN

 

-¿Qué lugar ocupa en esta lectura lo que en la actualidad se ha rotulado como “la grieta”?

 

-Es una de las tantas tensiones que se superponen desde hace tiempo. Una es centralismo-federalismo, que viene desde antes de la emancipación, con los conflictos entre el interior y Buenos Aires. En cambio, lo que en estos años se llamó grieta tiene sus raíces en la tensión que siempre se generó entre en la tradición del liberalismo, la relación del mercado y del Estado, contra la mirada más nacionalistas y regulatoria del Estado, que provienen tanto del keynesianismo como de estados interventores post crisis del 30. Sucede que hoy a todo aquel que quiere defender una tradición de tipo liberal se le pone el rótulo de neoliberal, capitalista financiero o fugador, mientras que aquel que toma la otra postura es kirchnerista. Pero en realidad, dentro de cada línea, existen matices que deberíamos considerar.

 

-¿La desigualdad termina dando pie al discurso emancipatorio?

 

-Toda crisis alimenta deseos de cambio. Incluso el 2001, que fue una crisis nuestra por la salida de la convertibilidad, nos dejó una deuda muy grande y, a la vez, generó un saneo de la clase política. Lo que sí cambió fue el mapa económico: el mundo nos abrió las puertas, apareció la demanda de materia prima y el reinado de la soja. Además de abrirle paso nuevamente a esa grieta de la que hablábamos previamente. 

 

-“A la historia la escriben los vencedores”, suele ser una frase muy utilizada ¿Cómo la interpreta? 

 

-La completaría. Efectivamente, la historia “oficial” la escriben los vencedores. Sin embargo, hoy existen multiplicidad de historias circulando. 

En la actualidad, esa frase ha perdido cierta consistencia, porque al mismo tiempo hay muchos discursos históricos. Hay una especie de relativismo que vuelve difícil pensar en un discurso hegemónico al que todos acaten como “la verdad”.

 

Un país de “sueños rotos”

 

-Se suele decir que hay un rasgo narcisista en los argentinos. ¿Es así? ¿Qué nos gusta más, hablar de nosotros o que el resto nos hable?

 

-Hay una combinación de ambas cosas. Es una ambigüedad muy propia, que demanda un análisis de tipo psicológico. Creo que puede tener que ver con que el que va afuera compensa esa especie de sensación de decadentismo.

Hacia el interior, somos híper críticos de nuestro país, muy negativistas a la hora del discurso respecto de lo que no vale de lo nacional. A veces esas críticas son con fundamento, cansados de tantos sueños rotos y posibilidades frustradas, a costa de las luchas de poder y la injusticia. Pero, en general, no se traducen necesariamente en comportamientos electorales, sino que queda en el plano de lo discursivo.

Por otro lado, hacia afuera, el argentino es un tipo bastante “pagado de sí mismo”, como dirían los mexicanos. Un poco fanfarrones sobre nuestras costumbres. Muchos lo ubican en un viajero de clase media alta, que se vanagloria de lo que tiene. Pero que, cuando regresa al país, vuelve a caer en la crítica.

 

 

¿Quién es la patria?

 

“Nadie es la patria. Ni siquiera los símbolos. Nadie es la patria. Ni siquiera el tiempo cargado de batallas, de espadas y de éxodos...La patria, amigos, es un acto perpetuo como el perpetuo mundo...Nadie es la patria, pero todos lo somos. Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante, ese límpido fuego misterioso”, escribió Borges en 1966. Cuarenta y siete años después, la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner convocaba en el Día del Trabajador a que “cada vez seamos más los que pensemos que lo importante que es el país, porque la patria es el otro”.

 

Relacionando ambas definiciones, Andino sostuvo ‘Creo que somos un colectivo, por momentos difuso, que de algún modo algo nos une. La patria soy yo y es el otro, por lo que somos todos y nadie a la vez. El “otro” subraya la idea solidaria con el prójimo, pero no se debe desconocer el “yo”. Nuestro sistema político se basa en el respeto a las libertades individuales y los derechos sociales que la ciudadanía fue conquistando en distintos planos. El equilibrio en esas dos tensiones es lo que está expresado en nuestro sistema constitucional. Y creo que Borges encontró un modo maravilloso de expresar esa relación entre lo individual y lo colectivo”.

 

Los movimientos en la pandemia

 

La pandemia lo obligó a quedarse quieto y reinventarse. En estos meses, Andino, una persona de mucho viaje por el mundo, tuvo que cancelar su visita a Uzbekistán, decidió darle un cierre a su actividad como docente y optó por dedicar sus horas en cuarentena a finalizar un nuevo libro sobre el “liderazgo carismático en Argentina”.

 

Sobre la política de contención Argentina, opinó: “Creo que se ha hecho bastante bien la cuarentena en su origen, pero que se ha prolongado demasiado porque no fue acompañada por una mayor cantidad de detecciones, que nos hubieses permitido mejorar nuestro mapa de conocimiento y evolución del virus. Evidentemente la cuarentena ha sido muy larga y comienza el otro problema que es el económico-social. Todavía la película está por verse”. 

 

Respecto de los movimientos internacionales, reparó en “cómo resurgen China, EEUU y la Unión Europea de esta crisis”. “Las versiones más optimistas hablan de una rápida recuperación y un mercado conducido entre los grandes núcleos del poder mundial. Otros hablan de una posible de un escalada armada ante los reajustes del poder político. No creo que esto suceda, pero no hay que descartar el crecimiento de algunos conflictos más localizados. A esta altura, hablar de todo esto es política-ficción”.

 

Por último, indagó en la dimensión tecnológica. “La aceleración de lo digital y las redes comunicacionales por efecto de esta pandemia, probablemente se acentúe en la enseñanza y la producción, con el aumento del teletrabajo. Estas nuevas formas hacen repensar la tradición de nuestras fronteras y unidades políticas, porque estamos hablando de un mundo que no va a aislar, sino que, al contrario, puede vincularse más que antes. Entonces, no es extraño que el Estado-Nación, puede ser debatido. Pero no considero que el mundo se enferme de nacionalismo como en la década del ‘30”. 

 

 

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Mauro L. Muñoz


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