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Lunes 13.07.2020 - Última actualización - 16:19
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Un nuevo aniversario de la final del mundial Brasil 2014

El día en que el destino fue aciago

El triste final. Argentina hizo un gran partido ante Alemania pero no aprovechó las oportunidades y se escapó la gran posibilidad de obtener el tercer título mundial de su historia.  Crédito: ArchivoEl triste final. Argentina hizo un gran partido ante Alemania pero no aprovechó las oportunidades y se escapó la gran posibilidad de obtener el tercer título mundial de su historia.
Crédito: Archivo

El triste final. Argentina hizo un gran partido ante Alemania pero no aprovechó las oportunidades y se escapó la gran posibilidad de obtener el tercer título mundial de su historia. Crédito: Archivo



Un nuevo aniversario de la final del mundial Brasil 2014 El día en que el destino fue aciago Argentina jugó ante Alemania su mejor partido del torneo. Tuvo un mano a mano de Higuaín y otro de Palacio, más una jugada típica de Messi que se fue al lado del palo y un claro penal al “Pipita” que el árbitro no sancionó. A pocos minutos del final del alargue, el equipo germano logró el gol del título. Evidentemente, y a pesar de los méritos descriptos, el destino había marcado que ese día la Selección no tenía que ganar.

“Lo que te perdiste, Pipita”, “¡Penal referí!”, “Palacio, era por abajo”, “¿por qué no nos salva Messi?”, y los etcéteras de la argentinidad contrariada: hace seis años el gol del alemán Mario Götze sellaba la derrota inexorable y se esfumaba el sueño de una epopeya en el Maracaná de Río de Janeiro para ganar el Mundial Brasil 2014.

 

Es cierto que el adversario era poderoso y que, salvo en la final de México en los Mundiales, había provocado unos cuantos dolores de cabeza: en 1958, 1990, 2006, 2010. Y también que se perfilaba como un claro favorito después de dejar en el camino a Francia y propinar a Brasil la caída más holgada de su historia con el inusitado 7-1 en el Mineirao de Belo Horizonte.

 

Tan lejos en los papeles y tan cerca en el partido mismo: de menos a más en la estructura defensiva y en el indicador de la solidez, la Selección de Alejandro Sabella se plantó de igual a igual hasta el punto de forzar vacilaciones defensivas en Alemania y quedar varias veces en posición de convertir. Claro que así en la vida como en el fútbol, el destino depende en grado sumo del sentido de la oportunidad: de subirse o no subirse a un tren. Y los trenes pasaron, una, dos, tres veces, pero Argentina no supo ni pudo subirse.

 

Primero el despiste de Jerome Boateng y Matt Hummels y la definición a ciegas de Gonzalo Higuaín, después el clásico zurdazo cruzado de Lionel Messi que tantas veces había entrado junto al palo, pero esta vez no, tras recibir de Lucas Biglia, la pelota pasó cerca; y por último la habilitación de Marcos Rojo a Rodrigo Palacio que terminó con un híbrido que tal vez haya pretendido ser emboquillada. “Era por abajo, Palacio”, cristalizó el discurso popular del fútbol argentino. Sin contar la que será una eternamente discutible sanción del árbitro italiano Nicola Rizzoli, cuando Manuel Neuer salió de forma temeraria a disputar la pelota con Higuaín, lo golpeó con la rodilla en el rostro y sin embargo fue el delantero el penado con infracción.

 

“El fútbol es un deporte que juegan once contra once y siempre gana Alemania”, había sabido sentenciar Gary Lineker. Aunque el aserto del célebre goleador inglés era más ocurrente que real no dejaba de reflejar una historia escrita muchas veces por selecciones alemanas mejores o peores, pero siempre templadas, disciplinadas y contundentes como la que el 13 de julio de 2014 venció a la de Argentina en el Maracaná.

 

Götze, hoy un jugador de descarte para el Borussia Dortmund de su país, había entrado a los 43 minutos de la segunda etapa en sustitución de Miroslav Klose y a nada más que siete de los presumidos penales bajó la pelota de pecho y con una volea de zurda doblegó a Sergio Romero. Una curiosidad añadida, en clave de ironía, reside en que la maniobra previa al gol teutón la había concebido André Schürrle, que había entrado en reemplazo de Christoph Kramer, quien a su vez había sido incluido unos minutos antes de empezar la final a guisa de una lesión de Sami Khedira en el calentamiento previo.

 

“El dolor es inmenso y va a ser de por vida”, declaró Mascherano, entre lágrimas, acaso en el rol de portavoz de millones y millones de sus compatriotas.

 

Para llegar a esa final, una de las cinco jugadas por Argentina en los Mundiales, habían mediado cinco triunfos (2-1 a Bosnia y Herzegovina, 1-0 a Irán, 3-2 a Nigeria, 1-0 a Suiza y Bélgica), más un empate con sabor a gloria versus Holanda, el día que al cabo de 0-0 el misionero “Chiquito” Romero brilló en los penales y se convirtió en héroe, como le había vaticinado Mascherano en la arenga previa.

 

En la triste tarde de la que hoy se cumplen seis años, en el partido cuya repetición Sabella jamás se atrevió a ver, la Selección Nacional alistó a Romero; Pablo Zabaleta, Martín Demichelis, Ezequiel Garay y Marcos Rojo; Enzo Pérez (Fernando Gago), Javier Mascherano y Lucas Biglia; Ezequiel Lavezzi (Sergio Agüero), Lionel Messi y Gonzalo Higuaín (Rodrigo Palacio).

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