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Martes 14.07.2020 - Última actualización - 19:04
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La intención es una ¿El resultado es el opuesto?

La regulación del teletrabajo aceleraría el cuentapropismo

Un informe de Idesa revela que las ocupaciones más fáciles de convertir requieren capital humano, y que las empresas ahorrarán alquiler, energía, limpieza, almuerzos, café... mientras los legisladores procuran extrapolar leyes laborales ya obsoletas incluso para modalidades presenciales.

El home office puede aportar a las empresas el ahorro de costos de monitoreo: presentismo, conducta, esfuerzo personal o clima laboral, según los autores del informe.       Crédito: Archivo El LitoralEl home office puede aportar a las empresas el ahorro de costos de monitoreo: presentismo, conducta, esfuerzo personal o clima laboral, según los autores del informe.
Crédito: Archivo El Litoral

El home office puede aportar a las empresas el ahorro de costos de monitoreo: presentismo, conducta, esfuerzo personal o clima laboral, según los autores del informe. Crédito: Archivo El Litoral



La intención es una ¿El resultado es el opuesto? La regulación del teletrabajo aceleraría el cuentapropismo Un informe de Idesa revela que las ocupaciones más fáciles de convertir requieren capital humano, y que las empresas ahorrarán alquiler, energía, limpieza, almuerzos, café... mientras los legisladores procuran extrapolar leyes laborales ya obsoletas incluso para modalidades presenciales.

“El aislamiento indujo a extender el trabajo a distancia. Frente a ello, la Cámara de Diputados aprobó una regulación laboral especial. Si esta iniciativa se convierte en ley, manteniendo su deficiente concepción, el principal resultado será fomentar que los nuevos contratos laborales se encuadren como relaciones no asalariadas”. 

 

El párrafo inicia un informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), el centro de Estudios que preside Jorge Colina. Reseña que “el confinamiento obligó a las empresas a buscar alternativas para que sus empleados siguieran trabajando desde sus casas. 

 

El análisis sugiere que las empresas privadas que generan empleo formal, requieren en general de mayor nivel educativo y que a su vez esos empleos de mayor jerarquía sin los de mayor reconversión al teletrabajo y a su vez potencialmente dejarían de ser puestos en relación de dependencia, a diferencia de lo que sucede con los trabajos de menor capacitación requerible.

 

“Algunas empresas, en particular las más tecnológicas, ya tenían la modalidad instrumentada. Pero para la gran mayoría de las empresas esta modalidad de trabajo no estaba contemplada y tuvieron que adoptarla de manera abrupta y sin estar preparadas”.

 

Añade que “las experiencias acumuladas son cortas pero intensas. En general, se puso en evidencia que las ocupaciones que son más fáciles de convertir a esta modalidad son las que requieren alto capital humano (analistas y profesionales) y en ellas es donde más rápidamente se pueden generar ganancias de productividad.

 

“Otra evidencia muy significativa -prosigue- es que los ahorros pueden ser grandes. Tanto en costos de infraestructura (alquiler, energía, limpieza, almuerzos, café, etc.) como en costos de monitoreo (presentismo, conducta, esfuerzo personal, clima laboral, etc.). En otras palabras, al menos en las ocupaciones de alto capital humano, la modalidad a distancia no solo que es viable, sino que superada la pandemia puede ser una alternativa muy conveniente tanto para las empresas como para sus trabajadores”.


La magnitud del cambio

 

¿Cuál es la magnitud del cambio en el mercado laboral si las ocupaciones de mayor nivel de educación tienden a pasarse a la modalidad a distancia? Para ello, resulta pertinente analizar la composición del empleo asalariado registrado en empresas privadas por nivel de educación. Según datos de la encuesta de hogares del Indec se observa que el 43% tiene alto nivel de educación, esto es, terciario o universitario”.

Añade que “el 34% tiene niveles medios de educación, esto es, secundario completo” y que “el 23% tiene bajos niveles de educación, es decir, secundaria incompleta o inferior”. “Estos datos muestran que la mayoría de quienes trabajan en empresas privadas formales tiene alta educación. Es decir, son ocupaciones con potencialidad para transformarse en modalidad a distancia.

 

“Esto sugiere que el cambio en el mercado laboral formal con la introducción de las modalidades a distancia puede ser grande. Cabe prever, entonces, que en las empresas formales se masifique el teletrabajo. La modalidad presencial se mantendrá para el acotado segmento de ocupaciones que demandan menores niveles de educación”.

 

Se acentuará la tendencia a que las personas con bajos niveles de educación solo consigan empleo en el sector informal.

 

Menos salario desde la ley

“Convertir en ley el proyecto de teletrabajo acelerará el proceso de des-asalarización de las relaciones productivas entre las empresas y los trabajadores. Hay que tener en cuenta un antecedente. La cantidad de Monotributistas viene creciendo sostenidamente desde el 2012 a la actualidad, mientras que el empleo asalariado en empresas privadas muestra estancamiento y fuerte caída en los últimos meses. La alternativa es sincerar la obsolescencia de las regulaciones laborales y asumir que, sin una profunda revisión,se aplicarán a cada vez más a menos gente. Para los menos calificados el escape será la informalidad y para los más calificados las relaciones no asalariadas”. 

 

¿Hacia una relación no asalariada? 

 

“Una particularidad de la modalidad del trabajo a distancia es que se puede plantear como una relación no asalariada. Este encuadramiento jurídico permite eludir la gran cantidad de costos (muchos de ellos espurios) que impone una relación de trabajo asalariada. Es decir, las empresas formales tenderán a buscar los mecanismos para contratar los servicios de los trabajadores más calificados vía el trabajo a distancia con formatos no asalariados, en lugar de asalariarlos”, dice Idesa en su informe.

 

“El proyecto de teletrabajo que se sancionó en Diputados pasa por alto esta realidad. En general, su concepción es trasladar a la casa las mismas reglas que se aplican en el ámbito de la empresa. Si estas reglas ya son difíciles de aplicar dentro de la empresa (debido a que la mayoría de sus mandatos han quedado obsoletos), en el ámbito del hogar son inaplicables. Fundamentalmente, porque la Ley de Contrato de Trabajo presupone que el trabajador pone a disposición del empleador su fuerza de trabajo para recibir instrucciones. Mientras que en el trabajo a distancia, el trabajador no pone a disposición su fuerza de trabajo, sino que se compromete a entregar un producto, con independencia del cómo, cuándo y dónde se haya realizado”.

 

“La alternativa es sincerar la obsolescencia de las regulaciones laborales y asumir que, sin una profunda revisión,se aplicarán a cada vez más a menos gente”

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