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Jueves 23.07.2020 - Última actualización - 20:51
20:48

La peste en mi pago

Días como flechas

Puntas de flechas Crédito: Archivo El LitoralPuntas de flechas
Crédito: Archivo El Litoral

Puntas de flechas Crédito: Archivo El Litoral



La peste en mi pago Días como flechas Con la peste se pasan rápido las horas. Hacía años, nada más cierto, que la frase de Marechal, su título, no aparecía en mis pensamientos. Años. Ahora se instaló para denunciar estos días.

Las frases dan vueltas en la cabeza, la peste en mi pago no decrece sino que se sostiene y, si de desgracias se trata, podríamos resumir que la peste aumenta su estadía de un modo así, desgraciado.

 

En las noches, terminada la festividad de Netflix en el primer mes de cuarentena y agotadas las películas de los catálogos (no son tantas las películas que verdaderamente quedan en el corazón) y, también, agotada la curiosidad por aquellos filmes a los que les desconfiábamos con razón, porque nos fuimos en la mitad de la función en el living, la televisión no acompaña más allá de los resúmenes diarios sobre la peste a la que, por cierto, queremos evadir como material informativo y no nos dejan. La cabeza vuela a cualquier parte. Se escapa.

 

Con la peste se pasan rápido las horas. Hacía años, nada más cierto, que la frase de Marechal, su título, no aparecía en mis pensamientos. Años. Ahora se instaló para denunciar estos días. Hay críticas al libro de Marechal, porque el título de la nota es el título de un libro.

 

“Este libro añade días y noches a la realidad. No se surte de ellos en el recuerdo, los inventa: es tan imaginativo como los amaneceres y los ocasos. Es agrandador del mundo ¡qué oficio incómodo! No en balde he situado ese adjetivo: la comodidad…”, eso dice Borges de “Días como flechas”.

 

En “Fervor de Buenos Aires” (1923) o “Luna de enfrente” (1925) Borges apunta hacia otro destino de la poesía y agrega, sobre el libro de Leopoldo Marechal: “el veinticinco de mayo más espontáneo de nuestra poesía: libro embanderado y fiestero, libro cuya grandilocuencia es cómplice de la felicidad, nunca del temor”.

 

“(Hay que tirar guijarros musicales al fondo del silencio: el silencio responde con su voz de agua muerta.)” Esto es un fragmento del poema “Canto de otras vidas”, de ese libro. El libro de Marechal tiene fecha de publicación en el 1926.

 

Dentro de poco serán 100 años de una fecha (¿flecha?) clave de la literatura argentina. Roberto Arlt, Güiraldes, Borges, Tuñón, Álvaro Yunque, Lino Spilimbergo, Elías Castelnuovo, Filiberto, Quinquela, Discépolo, Manzi, el mencionado Marechal, Carlos Mariani y sus cuentos de oficina, todos publican en ese año. Falta poco. Si hubiesen clausurado las publicaciones la literatura argentina, el tango, la poesía popular, la pintura y la denuncia social estarían a cubierto del misterio, tenían publicaciones que contaban de las tribulaciones de los nuestros.

 

Hay, rigurosamente cierto y comprobable, días como flechas. En un libro de Miguel Ángel Asturias, “Clarivigilia primaveral”, (Asturias es el que escribió “Week End” en Guatemala) en su poema libro, de la década del ’60, Asturias tiene un acápite de larguísima tradición oriental: Flecha que vuela hacia lo alto, flecha que cae a la profundidad del valle (cito de memoria).

 

En estos días “flechados” el juego (de la memoria) trae la re definición de la memoria según Asturias. Lo cito textualmente:

 

“Yo, memoria con llanto, la poesía es memoria con llanto…” “Yo, memoria con sueño, el grabado es memoria con sueño…” “Yo, memoria con sol, la escultura es memoria con sol…” “Yo, memoria con luz, la pintura es memoria con luz…” "Yo, memoria del mar, la música es memoria del mar…”.

 

Es muy cercano a lo que nos pasa, la memoria del mar es música, la pintura es una memoria luminosa; agregaría quieta memoria y acepto sin chistar que la poesía es memoria con llanto. Somos un poco eso, una nostalgia que se re significa y se esconde según elijamos más o menos llanto, más o menos distracción y más o menos canción. En sustancia vivimos en esa memoria mientras -quietos- esperamos que todo pase.

 

También sucede que, al ser muy semejantes estos días de encerrona, no queden en la memoria como diferentes y se escapen como flechas que, para seguir el juego, van hacia el fondo del valle. No hay un día o una noche muy diferente en el encierro. Deberían saberlo los que resolvieron este encierro y lo saben todos los presos de todas las cárceles del mundo, un mundo en el que el encierro es castigo y se corresponde con eso, con un castigo. Este punto deberían considerarlo los gobernantes del mundo. El encierro es castigo y es así la construcción del hombre, que nació para erguirse y caminar.

 

La RAE (Real Academia Española) no salva a nadie, simplemente consigna: “1- Proyectil que se dispara mediante un arco y que consiste en una vara delgada y ligera terminada en una punta afilada”. "El tiro con arco es una modalidad deportiva en la que se disparan flechas contra una diana" 2- “Signo que tiene la forma de la punta de una flecha y que sirve para indicar una dirección”. "para encontrar la salida, sigue la flecha"

 

Para cerrar este día tan apestado como el de ayer podríamos jugar con la definición: para salirnos deberíamos seguir la flecha primero hacia lo alto, después como indica la antigua sabiduría oriental, hacia el fondo del valle. Así de mucho o poco. Según.




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