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Martes 28.07.2020 - Última actualización - 5:37
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El “Cabezón”, que sonó en Unión, dice lo suyo

Trotta: "Es muy difícil dirigir si no estás en el grupo de Bragarnik"

Jugó en el “Tate” y era el posible ayudante de campo de Eduardo Magnín si se les daba la chance. Dice que a Maradona, como DT, no le gusta trabajar demasiado. Palos para todos. 

Una foto actual del “Cabezón”, columnista en Fox y esperando la posibilidad de volver a dirigir. Su mirada es puntual y concreta, apuntando al representante más importante que tiene, hoy por hoy, el fútbol argentino.     Crédito: El LitoralUna foto actual del “Cabezón”, columnista en Fox y esperando la posibilidad de volver a dirigir. Su mirada es puntual y concreta, apuntando al representante más importante que tiene, hoy por hoy, el fútbol argentino.
Crédito: El Litoral

Una foto actual del “Cabezón”, columnista en Fox y esperando la posibilidad de volver a dirigir. Su mirada es puntual y concreta, apuntando al representante más importante que tiene, hoy por hoy, el fútbol argentino. Crédito: El Litoral



El “Cabezón”, que sonó en Unión, dice lo suyo Trotta: "Es muy difícil dirigir si no estás en el grupo de Bragarnik" Jugó en el “Tate” y era el posible ayudante de campo de Eduardo Magnín si se les daba la chance. Dice que a Maradona, como DT, no le gusta trabajar demasiado. Palos para todos. 

El paso del tiempo no destiñe el color de los recuerdos. El protagonista en cuestión es Roberto Luis Trotta, aquel campeón de América y del mundo con el Vélez de Bianchi que —al igual que su compañero Omar Asad— supo hacer sus primeras armas como entrenador en Mendoza. A seis años de su último trabajo como DT, en un mano a mano con Los Andes, el Cabezón no deja tema sin tocar. Acá, en Santa Fe, “sonó” en Unión si es que avanzaba la chance de Eduardo Magnín. 

 

—¿Preferirías estar dirigiendo?

 

—Totalmente. Sigo esperando, está muy difícil. Por ahora sigo estudiando, trato de mirar mucho fútbol. En un momento dejé por un problemita y me dediqué a estar con la familia. Pero la verdad que está muy cerrado. Hay un representante que maneja muchos equipos del fútbol argentino y no estoy ni en el círculo ni en sus proyectos.

 

—¿Lo decís por Bragarnik?

 

—Sí, claro. Lo conozco muy bien porque era hincha fanático de Vélez en la época en la que yo jugaba. Recuerdo que tenía un videoclub cerca del Amalfitani y los jugadores íbamos seguido. Lamentablemente, en el fútbol argentino se hace muy difícil dirigir si no estás en su grupo.

 

—El cuerpo técnico lo tenés armado...

 

—Sí, están Eduardo Magnin, Maximiliano Bulacio, que es un chico que jugó en Tigre, y el profe Adrián Guibaudo, con el que estuvimos en Mendoza.

 

—Tuviste cuatro etapas como DT de Independiente Rivadavia. ¿Esperás una quinta?

 

—Sí, ojalá. Si me llamaron tantas veces fue porque hice las cosas bien, sino no te vuelven a llamar. Siempre estoy abierto porque tengo muy gratos recuerdos de la ciudad. Incluso después de que dejé de dirigir me quedé a vivir en Mendoza con mi familia. Me encantaría poder tener otra posibilidad.

 

Roberto junto al “Pelado” Moner, cuando ambos llegaron en el ‘98 para jugar en Unión junto a Cavallero, Gigena y “Cari Cari” Noriega, entre otros. Al poco tiempo se sumó Jayo. Ese equipo fue dirigido por Zanabria primero, Capitano después y luego llegó Jota Jota López. Foto: Amancio Alem

 

—Se armó una polémica grande porque estaba Minich con contrato y llegó Straccia con un grupo inversor. “Cachín” Blanco dijo una vez: “El que pone la plata, quiere jugar”. ¿Es siempre así en el fútbol?

 

 

—Sí, totalmente. Y si no puede jugar, dice quién es el que juega. Es así y hay que bancársela, no queda otra. Leí lo que dijo Minich y tiene razón: a nadie le gusta irse y menos del lugar en el que estaba él. Aparte, no estaba haciendo mal las cosas. Pero en esos casos no queda otra que saludar, dar la mano y buscar otra posibilidad.

 

—Por tu estilo como jugador te metiste rápido en el paladar del hincha de la Lepra...

 

—Sí, en la primera etapa logramos hacer un equipo que jugara bien y con gente grande, como Vivaldo, Ramos, Cordone, que había dejado y lo hicimos volver. Fue una gran virtud del profe haberlo manejado tan bien físicamente y eso fue lo que nos permitió sacar ventaja.

 

—¿Cuál es el verdadero Trotta? ¿El reacio de la primera etapa o el más dócil de las últimas dos?

 

—Las cosas cambian y la vida te hace ver las cosas de otra manera. Pasa que yo como jugador fui muy parecido a lo que era como entrenador en la primera etapa. Pero uno va aprendiendo. Hay cosas que no las volvería a hacer o las manejaría de otra manera. Y no es que me arrepiento, eh. Es lo que tenía en ese momento. Obvio que si hoy me preguntás si lo hice bien o mal, te digo que mal porque me hubiera gustado ser de otra forma. Son las macanas que uno hizo y hay que corregir.

—Por ejemplo, el día que los hinchas te pusieron una bandera y vos desde adentro les decías que tu apellido es con dos “t”.

 

—(Risas) Esas son las cosas que hoy no haría. Hoy me comería que me estén insultando y nada más. En ese momento lo hice porque me pareció gracioso.

 

—A pesar de tu mala relación con los hinchas, hay mucha gente que te respeta como entrenador y varias veces te ha pedido.

 

—Sí, me llegó porque sigo mucho las noticias de Mendoza, sigo leyendo los diarios y la mayoría son comentarios buenos, más allá de que alguno se puede acordar más la parte torcida mía de que por ahí no me podía llevar bien con algunos. La mayoría tiene buenos recuerdos, principalmente en lo deportivo, que es lo que más me gusta a mí. Siempre intentamos que fuera un equipo competitivo y protagonista, que era lo que le gustaba al hincha.

 

—El verdadero clásico de Mendoza es Independiente-Gimnasia, chicaneaste una vez a Oldrá. ¿Lo ratificás?

 

—Sí, obvio. Eso lo dije porque Oldrá había dicho que el clásico de ellos era con San Martín de San Juan.

 

—Clásico o no, lo cierto es que había y hay mucha “pica”.

 

—Sí, totalmente. A pesar de que nosotros disfrutábamos ganarle a Gimnasia, contra Godoy Cruz se estaba generando algo especial. Lamentablemente, el único que jugué en cancha de Independiente lo perdimos 1-0 y me dio más bronca todavía.

 

—¿Dirigirías Godoy Cruz?

 

—No, no me parecería bueno. No es demagogia ni mucho menos, sino evitarme problemas.

 

—Estás sin trabajo. ¿Ni siquiera lo pensarías?

 

—Sí, pero hay cosas que superan. Estoy sin laburo, pero tampoco estoy desesperado por agarrar algo. Si lo tengo que pensar, lo pienso. Sin desmerecer a nadie, preferiría ir a otro lado.

 

El gol dibujado en el rostro del “Cabezón”, cuando le convirtió a Huracán. Su retorno se dio allá por 2004 para jugar en el ascenso, ya en la parte final de su carrera. Foto: Luis Cetraro

 

—¿Quién es el mejor entrenador del fútbol argentino?

 

—El mejor del fútbol argentino, Gallardo. Y el mejor entrenador argentino es Simeone.

 

—Con Gallardo coincidiste en River en 1997. ¿Se veía lo que iba a ser hoy?

 

—La verdad que no. Era un jugador importante, pero no lo veía como un futuro DT, con la presencia que tiene ahora. Me sorprendió gratamente, tiene muy claras las cosas que transmite y es muy ganador.

 

—¿Se lo puede comparar con Bianchi?

 

—Lo que pasa es que habría que esperar. Bianchi ganó todo a nivel internacional, pero tiene 20 años más de carrera que Gallardo. Hoy por hoy no habría punto de comparación porque el más ganador es Bianchi, pero hay que esperar hasta que Marcelo no dirija más.

 

—¿Por qué no sos ídolo de Vélez?

 

—Porque no nací en el club y la gente no me quiere por lo que dije alguna vez de ellos (NdR: “parecíamos visitantes en nuestra propia cancha”) y porque se la piqué a Chilavert y lo grité. Ahí los únicos ídolos son Bianchi por sus campeonatos como entrenador y como jugador, que nació ahí y Chilavert. Los dos que tienen la estatua en el club.

 

—¿Chilavert te tenía celos porque vos eras el capitán?

 

—No, no porque lo dejó muy claro Bianchi desde un principio y él me eligió a mí. Carlos tenía la idea de que el arquero no podía ser el capitán porque quería que estuviera cerca de la jugada y de los árbitros para poder hablar.

 

—¿Era difícil el vestuario de ese Vélez?

 

—No, para nada. No había caciques, éramos todos indios y queríamos ganar. Yo tuve la suerte de ser el capitán pero las decisiones las tomábamos en conjunto. Era un grupo muy unido, íbamos todos para el mismo lado y no había egos personales. Era un grupo extraordinario y por eso se lograron tantas cosas.

 

—¿Qué te produce volver a ver la final contra el Milan?

 

—Nerviosismo, je. No, la verdad es que me trae gratos recuerdos y lo disfruto un poco más que cuando jugaba. Cada vez tiene más valor porque es algo que cada vez se logra menos en Sudamérica y no muchos tienen la posibilidad de estar y, además, ganarlo.

 

—¡Aparte a qué Milan le ganaron!

 

—Yo siempre digo que, salvando las distancias del caso, el Milan de ese momento era como el Barcelona de hoy. Era un equipo multicampeón, venía de ganarle 4-0 en la final de la Champions al Barcelona y con jugadores extraordinarios. El mérito nuestro fue tremendo. Vos fíjate que River ganó la Intercontinental en 1986, pero le ganó la final a un equipo que no tenía la jerarquía de otros equipos.


“Maradona no me hablo más” 

 

—¿Cómo fue la experiencia con Maradona?

 

—En lo personal fue muy positiva. Viví cosas increíbles junto a Maradona. Es único y no hay otro como él en el mundo. Siempre hablo de la parte futbolística, no me meto en la parte personal porque con él no tuve problemas sino con sus dos ayudantes.

 

—¿Tenías relación con él?

 

—No, solamente habíamos jugado dos veces en el showbol: una vez en Buenos Aires y otra en Mar del Plata. Estando allá, le pregunté por qué me había elegido y me dijo que la ex suegra (NdR: la madre de Verónica Ojeda) había tenido un sueño y que le dijo: ‘tenés que llevarlo a Trotta porque es buena persona’. Esas son las locuras que tiene Diego, como cuando dijo que llevó a Garcé al Mundial porque había soñado que lo veía levantando la copa. Me sentí como Garcé, je.

 

—¿Por qué renunciaste?

 

—Porque no se trabajaba mucho. Yo había ido con muchas ganas de trabajar y me encontré con dos personajes como el Negro Enrique y el profe (Javier Vilamitjana) que no querían trabajar demasiado. Y Diego, si no estás todo el día arriba de él, tampoco es de trabajar demasiado. Se complicó un poco y decidí dar un paso al costado de común acuerdo. Aunque me quedé un mes más viviendo en Dubai porque me encantaba el lugar. Me dieron la visa por un mes más y aproveché a quedarme un mes más.

 

—¿Qué fue lo más loco que viviste con Diego?

 

—Lo que te imagines, gente de cualquier parte del planeta que lo viene a saludar, que un shopping entero deje de trabajar para saludarlo. Es imposible estar tranquilo estando en la piel de Maradona.

 

—¿Cómo quedó tu relación con él?

 

—No sé, porque no me habló nunca más.

 


“Siempre le decía a don Ángel Malvicino: ‘Gracias a usted volví a nacer futbolísticamente’. No me fui bien de River ni de Racing y en España me fue mal. En Unión, hicimos una campaña espectacular, arrancamos con Zanabria, seguimos con Capitano y terminamos con J. J López, me divertí un montón en Santa Fe. Después tuve una segunda etapa en el Nacional B, ahí no me fue del todo bien, estaba viejo y lesionado y por eso me retiré. Me encantaría dirigir alguna vez a Unión, pero nunca me llamaron”.
Roberto Luis Trotta
Ex jugador de Unión

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