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Martes 28.07.2020 - Última actualización - 21:07
20:52

Por Guillermina Tiramonti

Renovando el vínculo entre familias y escuelas. Las oportunidades de educar en pandemia

 Crédito: Archivo El Litoral
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Por Guillermina Tiramonti Renovando el vínculo entre familias y escuelas. Las oportunidades de educar en pandemia Con la pandemia se revirtió una acción que la sociedad había hecho al crear las escuelas: intentar separar la suerte de los chicos de su situación de origen. En este tiempo, pareciera que a las familias les vuelve la exigencia de ocuparse de la educación curricular de sus hijos. Sin embargo, no todas están en condiciones de hacerlo.

Por Guillermina Tiramonti (*) 


Con la llegada de la pandemia de coronavirus se revirtió una acción que la sociedad había hecho al crear las escuelas: intentar separar la suerte de los chicos de su situación de origen. En este tiempo, pareciera que a las familias les vuelve la exigencia de ocuparse de la educación curricular de sus hijos. Sin embargo, no todas están en condiciones de hacerlo: la falta de recursos, de conectividad y de tiempo, son solo algunas de las dificultades que se presentan.

 

En estos meses se dieron cambios bruscos en la educación obligatoria, al igual que en todos los ámbitos de la vida de los niños y jóvenes en edad escolar, que debemos tener en cuenta. Aún así, como en todas las crisis, también se nos presentan oportunidades.

 

La primera oportunidad es la de renovar el vínculo de las familias con las escuelas. Es bueno que las familias puedan preguntar e intercambiar ideas con docentes y directivos de las escuelas de sus hijos. Además, es una oportunidad para que las familias comprendan lo que se enseña y lo que los maestros esperan que aprendan los chicos.

 

Otro efecto que hay que tener en cuenta es que la escuela cumple para los chicos una complejidad de funciones, más allá de las clases. Hay una vida que ellos gestionan llena de competencias, amores, odio, y una privacidad que están empezando a perder, que es distinta a la virtual.

 

Hoy las familias hacen un gran esfuerzo porque recae en ellos el peso de que los chicos aprendan y hagan las tareas. Y, en muchas ocasiones, a pesar del trabajo de los docentes, con poco apoyo. Por esto, es muy importante que haya una comunicación fluida con la escuela.

 

Además, sucede que los padres no tienen la misma legitimidad que los docentes para los chicos. Cuando la maestra dice que algo “es así”, para sus alumnos es así, pero cuando lo dice la madre o el padre, es dudoso. Los niños tienen separados los roles y la legitimidad de uno y del otro.

 

La escuela debe hacer un esfuerzo para mantener el vínculo, pero modificando algo de su propuesta pedagógica. En vez de sumarles todas tareas de distintas materias y dispersas, se podrían armar programas que tengan un sentido de unidad. Las escuelas deben pensar un programa de trabajo semanal para los chicos, posible de hacer y gestionar por las familias.

 

En los últimos tiempos hemos pensado que en la escuela ya estamos con la era digital simplemente porque usamos la plataforma Zoom o el chat para dar clases. Sin embargo, esto es solo la punta del iceberg, uno de los tantos elementos del encuentro con la sociedad digital.

 

Ahora que tenemos más familiaridad con el uso de la tecnología tenemos que pensar cómo la utilizamos pedagógicamente: ¿cómo logramos que aprendan de la mejor manera posible usando las herramientas disponibles?

 

En última instancia, debemos procurar aprovechar lo mejor posible esta etapa y los recursos disponibles, y hacerlo lo más llevadero posible para todos y lo menos doloroso para los chicos.

 

Con la pandemia se revirtió una acción que la sociedad había hecho al crear las escuelas: intentar separar la suerte de los chicos de su situación de origen. En este tiempo, pareciera que a las familias les vuelve la exigencia de ocuparse de la educación curricular de sus hijos. Sin embargo, no todas están en condiciones de hacerlo.


Además, sucede que los padres no tienen la misma legitimidad que los docentes para los chicos. Cuando la maestra dice que algo “es así”, para sus alumnos es así, pero cuando lo dice la madre o el padre, es dudoso. Los niños tienen separados los roles y la legitimidad de uno y del otro.

 

(*) Investigadora de FLACSO y referente de Argentinos por la Educación

 

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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