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Miércoles 29.07.2020 - Última actualización - 22:11
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Por Guillermo Appendino

Mamushka

 Crédito: Ilustración Guillermo Appendino
Crédito: Ilustración Guillermo Appendino

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Por Guillermo Appendino Mamushka Para un espíritu libre lo gigantesco entrará sin forzarlo en lo minúsculo y lo colosal en lo insignificante. Para una mente abierta los volúmenes y proporciones son detalles menores.

Por Guillermo Appendino

 

¿Que entra dentro de qué? Desobedeciendo a las reglas volumétricas, límites de compresiones, compactación y densidades que la física cree tener definidas, cosas y cuestiones de gran tamaño entran dentro de otras de insignificantes dimensiones.

 

Una madre podrá habitar dentro de su bebé durante el embarazo, y sistemas planetarios pueden orbitar sin problemas dentro de algunas almas desestructuradas. 

 

Décadas de recuerdos entrarán cómodamente en la nostalgia de una reducida fotografía, y la fe más genuina y potente dentro del pensamiento de un pequeño niño. 

 

Un telescopio podrá entrar dentro de un microscopio, y la inmensidad de la felicidad puede caber dentro del más pequeño y simple de los sueños.

 

El peso de la eternidad puede entrar sin apretarlo dentro de un engaño de un minuto y medio, y el vacío absoluto dentro del pecho de un ser sometido a grandes presiones.

 

Inmensos asuntos globales como el egoísmo de una sociedad, caben sin inconveniente dentro de pequeñas cuestiones fragmentarias como la mirada triste de un adolecente, y las más grandes y plenas libertades las encontraremos dentro de cada una de las más diminutas decisiones valientes.

 

Una familia puede entrar abrazada sobre una baldosa, y toneladas de afecto podrán verterse dentro de una herida profunda de un alma sin rebalsarse una gota.

 

Para un espíritu libre lo gigantesco entrará sin forzarlo en lo minúsculo y lo colosal en lo insignificante. Para una mente abierta los volúmenes y proporciones son detalles menores sin importancia, siendo los propios pensamientos los límites dimensionales de cada asunto. 

 

Somos infinitos existencialmente y sin embargo cabemos dentro de un suéter.

 

Para un espíritu libre lo gigantesco entrará sin forzarlo en lo minúsculo y lo colosal en lo insignificante. Para una mente abierta los volúmenes y proporciones son detalles menores sin importancia, siendo los propios pensamientos los límites dimensionales de cada asunto. 
 

 

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