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Miércoles 29.07.2020 - Última actualización - 22:17
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Por Marcela Ternavasio

Belgrano y la solución monárquica

Retrato del príncipe Francisco de Paula y Borbón (1774 - 1865). Oleo de Bernardo López Piquer. Era el décimo cuarto hijo del rey Carlos IV y hermano del rey Fernando VII. Fue uno de los más serios candidatos a ser coronado en el Río de la Plata. Nótese la banda azul y blanca de la Orden de Carlos III, que no hubiera desentonado en la Argentina. Crédito: GentilezaRetrato del príncipe Francisco de Paula y Borbón (1774 - 1865). Oleo de Bernardo López Piquer. Era el décimo cuarto hijo del rey Carlos IV y hermano del rey Fernando VII. Fue uno de los más serios candidatos a ser coronado en el Río de la Plata. Nótese la banda azul y blanca de la Orden de Carlos III, que no hubiera desentonado en la Argentina.
Crédito: Gentileza

Retrato del príncipe Francisco de Paula y Borbón (1774 - 1865). Oleo de Bernardo López Piquer. Era el décimo cuarto hijo del rey Carlos IV y hermano del rey Fernando VII. Fue uno de los más serios candidatos a ser coronado en el Río de la Plata. Nótese la banda azul y blanca de la Orden de Carlos III, que no hubiera desentonado en la Argentina. Crédito: Gentileza



Por Marcela Ternavasio Belgrano y la solución monárquica Bicentenario del fallecimiento de Manuel Belgrano (XVII)*

Por Marcela Ternavasio 

 

Manuel Belgrano, como varios de sus compañeros de ruta, depositó expectativas en organizar el nuevo orden político nacido de la revolución bajo una monarquía constitucional. Si bien las formas republicanas de gobierno se fueron imponiendo en los hechos durante el gradual proceso de emancipación de las Provincias Unidas del Río de la Plata, las alternativas monárquicas formaron parte del abanico de opciones para una importante porción de las dirigencias políticas. Los debates en torno a la futura forma de gobierno ocuparon la atención de publicistas, letrados y políticos y las opciones entre monarquía o república se cruzaron con las que proponían regímenes centralizados o federales en sus diversas variantes. 

 

Pero antes de que esos debates arribaran a las páginas de los periódicos, congresos, regimientos, tertulias y otros espacios de sociabilidad, la trayectoria vital de Belgrano transitó por sucesivos momentos en los que la opción por la monarquía se adaptó a los diferentes contextos. Su formación en los ambientes ilustrados de España, sus experiencias personales y las posiciones que fue asumiendo en su carrera moldearon las proyecciones que imaginó para los cambiantes escenarios que le tocó vivir.

 

Una princesa para el Río de la Plata

 

Luego de su primera y prolongada estancia en Europa, al regresar a Buenos Aires con el alto cargo de Secretario del Consulado, abrigó la expectativa de que la Corona acompañara y orientara el impulso renovador que esperaba de los nuevos principios de la economía política. Esa esperanza inicial, sin embargo, se vio muy pronto desvanecida durante su gestión como funcionario de la monarquía en el recién conformado Virreinato del Río de la Plata. No obstante, su desilusión ilustrada encontró en la crisis peninsular de 1808 una nueva oportunidad para apostar por una reforma de los vínculos con la metrópoli. La acefalía de la Corona y el traslado de la Corte portuguesa a Brasil le abrieron la posibilidad de liderar un plan que le diera a los marginales territorios del Atlántico Sur un nuevo estatus dentro de la monarquía: coronar en Buenos Aires a Carlota Joaquina de Borbón, hermana de Fernando VII y esposa del príncipe regente de Portugal, como regente de toda la América española. 

 

Los intentos de trasladar a la infanta Carlota a la capital virreinal se solaparon con los acontecimientos de 1810 que colocaron a Belgrano como miembro de la Primera Junta gubernativa y luego como militar improvisado que debió afrontar las campañas asignadas por las autoridades de turno. En esos primeros años de experiencia guerrera, su atención estuvo centrada en las difíciles empresas que lo llevaron desde Paraguay al Ejército del Norte. Pero a fines de 1814 su vida volvería a tener un giro al ser designado, junto a Bernardino Rivadavia, como agente diplomático. Será a partir de allí cuando sus proyecciones monárquicas regresen para enfrentar el momento tal vez más difícil de la revolución. Acababa de caer el imperio napoleónico y Europa respiraba el clima conservador y reaccionario de la Restauración.

 

Que venga un rey

 

En las instrucciones entregadas para la misión con destino a Londres, el gobierno de Buenos Aires pasaba por todas las alternativas posibles. Los plenipotenciarios tenían que convenir un viaje a España para felicitar al rey por “su feliz restitución al trono” y explorar si “la independencia política” aún no declarada podía ser reconocida. Si este objetivo fracasaba, debían proponer la coronación de un príncipe de la Casa Real de España bajo las formas constitucionales que establecieran las provincias rioplatenses, o explorar si Gran Bretaña u otra potencia estaban dispuestas a mandar un príncipe a cambio de protección. Cuando Belgrano y Rivadavia arribaron a Londres, los esperaba Manuel de Sarratea con un plan alternativo: convencer a Carlos IV de Borbón, desterrado en Roma, de enviar a su hijo Francisco de Paula como rey del Río de la Plata. 

 

Lo cierto es que todas las negociaciones terminaron en el fracaso y Belgrano emprendió el regreso a Buenos Aires. Designado nuevamente para comandar el Ejército del Norte, arribó a Tucumán mientras sesionaba el Congreso Constituyente. Los diputados lo invitaron para escuchar sus consejos sobre la situación europea y el futuro de las Provincias Unidas. El 6 de julio, tres días antes de declarar la independencia, Belgrano trazó en el recinto un diagnóstico escéptico: si en años anteriores el espíritu de las naciones estaba por “republicarlo todo, en el día se trataba de monarquizarlo todo”.

 

¿Por qué no un inca?

 

Su propuesta fue la de coronar a un descendiente de la dinastía incaica. Las razones para apoyar esta alternativa se fundaron en la oportunidad de trazar un vínculo con el pasado y la tradición y en la expectativa de ganar adhesiones entre los habitantes del interior. El proyecto despertó simpatías entre algunos diputados y otros dirigentes de peso, pero también desató fuertes polémicas. Algunos periódicos porteños se encargaron de ridiculizar el plan y la alternativa fue perdiendo potencia, con un Congreso cada vez más favorable a negociar un príncipe de linaje europeo. Las misiones diplomáticas en el extranjero bucearon diversas opciones pero ninguna llegó a concretarse. 

 

Belgrano continuó su tarea al mando de los ejércitos mientras su salud sufría el deterioro de tantos años de campañas militares. El creador de la bandera celeste y blanca, aspiraba como tantos otros a combinar la nueva libertad conquistada con un orden estable. Se trataba, sin duda, de uno de los mayores dilemas a los que se enfrentaron las elites revolucionarias en toda Hispanoamérica. Al regresar a Buenos Aires a comienzos de 1820 fue testigo, poco antes de morir, que los pueblos movilizados y politizados por la liturgia revolucionaria rechazaban cualquier tipo de monarquía, aunque estuviera limitada por una constitución. La forma republicana de gobierno se había impuesto en los hechos.

 

La acefalía de la Corona y el traslado de la Corte portuguesa a Brasil le abrieron la posibilidad de liderar un plan que le diera a los marginales territorios del Atlántico Sur un nuevo estatus dentro de la monarquía: coronar en Buenos Aires a Carlota Joaquina de Borbón, hermana de Fernando VII y esposa del príncipe regente de Portugal.

A fines de 1814 su vida volvería a tener un giro al ser designado como agente diplomático. Será a partir de allí cuando sus proyecciones monárquicas regresen para enfrentar el momento tal vez más difícil de la revolución. Acababa de caer el imperio napoleónico y Europa respiraba el clima conservador y reaccionario de la Restauración.

El creador de la bandera celeste y blanca, aspiraba como tantos otros a combinar la nueva libertad conquistada con un orden estable. Se trataba, sin duda, de uno de los mayores dilemas a los que se enfrentaron las elites revolucionarias en toda Hispanoamérica. 

 

* Serie producida para El Litoral por la Junta Provincial de Estudios Históricos.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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