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Lunes 03.08.2020 - Última actualización - 21:36
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Mirada desde el sur

El peronismo enfrenta sus fantasmas

Fotografía de Sara Facio  Crédito: Archivo El LitoralFotografía de Sara Facio
Crédito: Archivo El Litoral

Fotografía de Sara Facio Crédito: Archivo El Litoral



Mirada desde el sur El peronismo enfrenta sus fantasmas No se trata de nombres propios, no refiere a sujetos de carne y hueso sino a la existencia de un poder que se vota de un modo diferente, se sostiene por otros métodos y se enfrenta abrazándolo e integrándolo.

Dos posibilidades. El peronismo enfrenta sus fantasmas y pierde. El peronismo enfrenta sus fantasmas y gana. No hay mucho más. Para definir la situación, si el peronismo enciende la luz los fantasmas tienen poco espacio porque algo es necesario entender; por su índole los fantasmas se mueven mejor en las penumbras y las oscuridades.

 

El primer fantasma, global, del peronismo es el remoquete de Fascismo. El segundo fantasma, regional, es de Populismo. De qué modo se reconvierten estos dos fantasmas finiseculares, porque desde el fin del siglo vienen acompañando, es algo que el periodismo y la construcción de relatos alternos debe dar cuenta, es su tarea.

 

Y la base, inalterable, una ineptitud para escapar de su propia índole. Tan a contramano de sus verdaderas respuestas que terminan por calificar, a quienes no duermen en sus campamentos, de neo liberales. Algunos, poco avisados, califican a los opositores de liberales y la más elemental historia política define de un modo diferente, con diferentes almanaques y diferentes personajes, a los neo liberales de aquellos históricos liberales del otro fin de siglo, el que trepaba al Siglo XX, a Octubre del 1918 y un mundo donde todos los amantes de la libertad, la democracia y el gobierno de parlamentos donde todo se discutía frente a la calle, tenían un lugar allí, en la plaza.

 

Otro de los fantasmas sin resolución es el Poder Gremial. El Peronismo tiene una construcción que pone en superficie un poder que las sucesivas leyes laborales han perfeccionado. Una urdimbre enferma sostiene a los jerarcas, los titulares de una jerarquía de difícil visualización. Recientes episodios, pero siempre hay uno más actual, ponen en compromiso las leyes generales frente a esta realidad. El poder Gremial existe.

 

Si uno dice Vandor, como antes decía Cipriano Reyes, como después dijo Lorenzo Miguel, como hoy dice Hugo Moyano, dice mucho sin decir nada, pues no se trata de nombres propios, no refiere a sujetos de carne y hueso sino a la existencia de un poder que se vota de un modo diferente, se sostiene por otros métodos y se enfrenta abrazándolo e integrándolo.

 

Quedan los caudillos, los señores feudales. Alguien, dentro de 100 años, explicará San Luis y tratará de explicar Formosa. Tengo como uno de los ejes de la democracia el voto popular, pero en estos casos no alcanza. Tal vez sea necesario agregar la alternancia como condicionante de la democracia, por aquello de soñar con el bipartidismo o la simple renovación que no envilece sino que redime, pero tanto en uno como en otro sitio el asunto es Partido Único.

 

Ese es el punto. ¿Es el peronismo el sueño del Partido Único? Hum... Déjeme en la duda por algunos años más.

 

CORONAVIRUS A LA CARTA

 

Cualquiera sabe, por las más elementales informaciones, que no se enfrentó del mismo modo la peste en mi pago que en el de enfrente. Los terraplenes de Gildo Insfram y los controles camineros de los Rodríguez Saá, reproducidos por intendentes santafesinos ante la menor sospecha de tos, fiebre, somnolencia y dolor de garganta, traen un sistemas de cantones suizos en mitad de la peste y la miseria.

 

Deberíamos mirar dos veces el país diferenciado no ya en números de muertos, sobrevivientes, contagiados y enfermos reales (número que nadie sabe) sino el país diferenciado en los diversos ejecutores del peronismo.

 

¿No se entiende...? El peronismo consagró a Kicillof, Schiaretti, Perotti y Bordet y nadie, ni siquiera alguien condescendiente con el surrealismo, puede entenderlos como semejantes excepto en un punto: el voto popular ¿Se entiende?

 

El voto popular pone hasta el 10 de diciembre de 2023 a los mencionados y a Fernández / Fernández. Cúspide del surrealismo. Llamen a Tristán Tzara.

 

Es Lewandowski el que habla como Castelló, dos senadores del peronismo provincial, es semejante Alejandra Rodenas de Llonch a Cristina Fernández de Kirchner, para citar dos segundos términos de dos fórmulas peronistas triunfadoras...

 

El peronismo suele compartir términos de actuación política bien diferentes. Hace pocos días un importantísimo actor político provincial me mostraba una memorable grabación en la que El General sostiene la teoría de los anticuerpos: el cuerpo genera, cuando lo invaden bacterias y virus sus propios anticuerpos y, decía El General, “mejor tenerlos dentro y saber elaborar defensas”, que dejar loquitos sueltos de extrema izquierda y derecha y que terminen molestando “al Movimiento” (esta última interpretación es propia).

 

Hay, en las diferentes formas de enfrentar un peligro tan poco conocido que no hay vacuna que lo resuelva, un modo de encontrarse, en pleno mediodía, con los / las conocidos fantasmas del peronismo que son sencillos de identificar.

 

El coronavirus es el agente catalítico que permitirá reformular el peronismo en sus puntos más cruciales.

 

El Poder Gremial y la reformulación del Trabajo, el Capital y el rol del Estado. Hoy las paritarias del Siglo XX y aquellos convenios de Trabajo son irreales. El Salario Básico Universal o mil planes truchos de dependencia electoral. Los fondos coparticipables o el chantaje de los ATN. La mismísima CGT es ilusoria. La imperiosa necesidad de la independencia, la autonomía territorial. Y la aceptación: estamos atravesados por la droga como agente expansor de los dineros negros y las adicciones. Estamos detenidos 40 años en materia de educación. En leyes, en convenios.

 

Para que se entienda. El coronavirus encendió la luz y el que gobierna es el peronismo. No hay excusa, deberían decir: déjennos, nos hacemos cargo del presente, que es hacerse cargo del porvenir.

 

Es mediodía. Hay pandemia, no deberían aparecer los fantasmas.

 

Si uno dice Vandor, como antes decía Cipriano Reyes, Lorenzo Miguel y hoy dice Hugo Moyano, dice mucho sin decir nada, pues no se trata de nombres propios, no refiere a sujetos de carne y hueso sino a la existencia de un poder que se vota de un modo diferente, se sostiene por otros métodos y se enfrenta abrazándolo e integrándolo.

Quedan los caudillos, los señores feudales. Alguien, dentro de 100 años, explicará San Luis y tratará de explicar Formosa. Tengo como uno de los ejes de la democracia el voto popular, pero en estos casos no alcanza. Tal vez sea necesario agregar la alternancia como condicionante de la democracia, por aquello de soñar con el bipartidismo.

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