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Martes 11.08.2020 - Última actualización - 17:58
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139° Aniversario

Progreso vivirá un 15 de agosto diferente

Este año será diferente, pero cada uno los habitantes de este bendecido pueblo, atesorará en su memoría los mejores recuerdos vividos en esta fecha mágica. “Felices 139 Años Progreso”.

 Crédito: Gentileza
Crédito: Gentileza

Crédito: Gentileza



139° Aniversario Progreso vivirá un 15 de agosto diferente Este año será diferente, pero cada uno los habitantes de este bendecido pueblo, atesorará en su memoría los mejores recuerdos vividos en esta fecha mágica. “Felices 139 Años Progreso”.

 

Por Miguel Meynet | region@ellitoral.com

 

Para los habitantes de esa localidad del departamento Las Colonias, el 15 de agosto tiene algo de mágico... un sentimiento que esperan para compartir esa intimidad con familiares y amigos. A diferencia de las ciudades, donde la celebración fundacional o patronal a veces pasan desapercibidas en Progreso es una verdadera fiesta colectiva, para festejar a lo grande.

 

Pero este año la pandemia de Covid-19 sumada a la cuarentena hace que la celebración de los 139 años de la fundación de Progreso se verá afectada. Desde su fundación en el año 1881 hasta el 2019, “los progresinos” seguían a través del tiempo la tradición de estos festejos. Aunque, algunas cosas han cambiado. 

 

La nostalgia nos lleva a recordar como un cuento que hubo una época donde: “las amas de casa, una semana antes de la fiesta, lavaban sábanas, cortinas, carpetas, cepillaban alfombras , lavaban ventanas, puertas, roperos, y mientras organizaban las compras . Por ahí hacía un alto y pensaba: “me habrán reservado el matambre ¿Viejo! Cuando traen el lechón?, y los pollos? (era semana de duelo para los animales de granja) porque hay que condimentarlo para llevarlos a la panadería para que los cocinenà hay que buscar las bebidas...!

 

Y dos días antes las señoras se preocupaban porque las tortas alemanas no se levantaban ( había que esperar el efecto de la levadura) y ellas tenía que ir a la peluquería. Los hombres cortaban el pasto, pintaban el frente de la casa y arreglaban las sillas rotas.

 

Y llegó el 14 (el día antes de la fiesta) las corridas, los últimos detalles, las compras y mientras tanto, las tortas alemanas en el horno, la gallina en la olla para la mayonesa de aves, el vino moscato para el clericó (ensalada de frutas)... en otra cacerola la salsa para los ravioles. Había que sacar los sacos, los tapados al sol para que se le vaya el olor a naftalinaà porque ese día había que lucir las mejores prendas.

 

Foto: Gentileza

 

 

Y llegó el 15 de agosto

 

A las 6 de la mañana despertaba el pueblo con una salva de bombas de estruendos, y a las 9 los acordes de la Banda de Música nos indicaban que había que ir al acto en la plaza. La misa, la procesión, y frente al recordado Hotel, los juegos de aquella época, Tiro al pato con gomera, tiro al blanco con rifles de aire comprimido, la “tramposa ruleta” donde se decía “Jueguen señores... Jueguen todos los tiros tienen premio”, en otro sector ofrecían 10 números por un peso y Ud. Elige el premio... los tumba tarros, los tumba muñecos, hacer gol con una pelota de fútbol en una cubierta de autos y otros.

 

Por la tarde se venían los juegos para niños, el palo enjabonado, cinchadas, carreras de bicicletas, carreras de embolsadosà reparto de golosinas. Y para los mayores también había juegos, correr y agarrar un lechón enjabonado, carrera de sortijas, la búsqueda del tesoro, carreras con obstáculos para autos, carreras de motos alrededor de la plaza... El recital de la Banda, la retreta, y a la noche los tradicionales Bailes de la fiesta. Generalmente se hacían en el Hotel, donde cubrían el techo con bolsas de arpilleras cosidas entre sí (no había en esa época salón techado) y caian unas heladas “pero la gente se divertía igual”, bordeaban con sillas y mesas aquellas largas galerías donde se sentaban las familias, las ansiosas casaderas esperando que tal o cual varón las sacara entre sus brazos al candensioso arrullar de un vals.

 

No faltaba el escándalo y el bochorno de alguna señora, al ver a su hija planchar todo el baile.

 

Cuantas ilusiones habrán nacido aquellas noches, algunas se concretaron y otras seguramente estarán guardadas en el corazón de alguna persona mayor . 

En la actualidad algunas cosas cambiaron, pero seguimos manteniendo la tradición. La misma, que nos inculcaron nuestros abuelos “y ojalá sigamos teniendo estas fiestas por siempre”.

 

Para los que se fueron de Progreso, las fiestas de los 15 de agosto quedaron por siempre marcadas en sus corazones. Son el reflejo del tiempo que pasó. Para los que hoy viven en este pueblo , y se sientan identificados con el legado de sus antepasados, las fiestas estarán siempre presentes y a salvo.

 

Este año será diferente, pero cada uno los habitantes de este bendecido pueblo, atesorará en su memoría los mejores recuerdos vividos en esta fecha mágica. “Felices 139 Años Progreso”.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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