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Miércoles 12.08.2020 - Última actualización - 21:14
21:07

La peste en mi pago

Palomas y murciélagos

 Crédito: Archivo El Litoral
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La peste en mi pago Palomas y murciélagos Los que presumen que saben de la peste en mi pago y hablan de sus peligros y cómo contrarrestarlos son tanto o más peligrosos que la peste misma, porque suman al descuido y el desatino en los que se afirma la peste para continuar infectándonos.

Hay gente que, lo digo con el mejor de los afectos e intención, hay gente que debería seguir ignorante de algunos hechos de la arquitectura ciudadana. En la ignorancia hay una forma de felicidad que el conocimiento violenta y asesina.

 

El conocimiento es poder, es cierto, pero provoca una matanza en la ignorancia que debería ser regulada, vigilada por la ley. Lo peor es la mitad de camino. Los que presumen que saben de la peste en mi pago y hablan de sus peligros y como contrarrestarlos son tanto o más peligrosos que la peste misma, porque suman al descuido y el desatino en los que se afirma la peste para continuar infectándonos.

 

La peste tiene sus aliados en este asunto de la ignorancia. La ignorancia misma es un asunto. Juanito, por ejemplo, debido a la peste conoció el balcón. Uno asienta sus pies en un balcón sabiendo que es un volado sobre el piso y el cielo y que nada detiene a la fuerza de gravedad eternamente. En ese vértigo y en tal incertidumbre se encuentra la atracción del balcón. Uno se asoma al aire al asomarse desde un balcón. Pararse en un balcón en lo alto es un disimulo de pájaro. No lo decimos, lo sabemos.

 

Confinado en su departamento, balcón a la calle descubierto en el encierro, Juanito consultaba para saber el cómo y el “de qué modo” impedir a murciélagos y palomas que se asentasen en su balcón. Había descubierto pobladores del aire.

 

Me gusta el balcón / sí, es un bello sitio y por un momento uno se siente diferente / salgo a fumar si quiero / pero vos no fumás, Juanito / pero si fumase saldría tranquilo y  ahora quiero ponerle un tejido para que no se asienten los murciélagos, que he visto varios / Juanito, los murciélagos es muy difícil que se asienten en el balcón, puede que sí, que volando entren a tu living comedor / tampoco quiero que entren las palomas / las palomas son una plaga pero esas sí se asentarían en el balcón, harían nido, dejarían su guano, son plaga, son molestas / son el símbolo de la paz / puede ser Juanito, pero una misma trama de nylon o metal te quita los dos problemas / el metal sería aumentar el encierro y demasiado encierro tengo con la peste, soy asmático, diabético, cardíaco y…/ y colérico Juanito, sos un calentón, ahora te calentaste con el tejido en tu balcón / pero está mal o está bien… / creo que está bien Juanito / de día lo saco y a la noche lo coloco / buena parte de esos tejidos son permanentes, no son portables medio día…

 

No llegamos a nada. Ni buen puerto ni desastre marítimo, las conversaciones con Juanito tienen absolutos. Todos los personajes que manejan el absoluto (siempre, nunca, todo, nada, jamás) no están dentro o fuera de la maldad, están propensos a las curvas del pensamiento, que nunca es lineal, como sí lo son los términos absolutos.

 

Combinamos que enviaría un amigo especializado en tejidos, azoteas, enrejados, rejas, toldos y que él le explicase.

 

Cada uno con su mate y allí estábamos, cara al sol cercano al mediodía, esperando las hamburguesas, tocaba con papas fritas y acepté. No me di cuenta, juro que no me di cuenta y pregunté: ¿sabes la diferencia entre palomas y murciélagos? / sí, los murciélagos puede ser que sean los transmisores de la peste y las palomas no / eso dicen, pero no me refería a los murciélagos, comer murciélagos y menos comer murciélagos apestados / hay gente que come las palomas y vi películas donde se comen las langostas chiquititas / si, tenés razón, pero hay una diferencia entre las palomas que vuelan y los murciélagos que planean, que cuando se asientan en el suelo para remontar son más inútiles que los vuelos de las gallinas / si pongo una protección me tiene que proteger de todo pero me parece que exagerás, que no necesitaría protegerme de las gallinas / sí, claro que sí, digo que no, no necesitás protegerte de las gallinas en el balcón, daba el ejemplo de lo difícil que es remontar vuelo si sos murciélago y estás en el suelo, por eso planean, planean, pero siempre se asientan en algún sitio alto, para dejarse caer y planear, esa es su vida y son mamíferos, no son estrictamente pájaros, son roedores / no creo que vengan a roer la tela protectora…

 

La llegada de las hamburguesas me sacó del laberinto donde había entrado sin ayuda de nadie. Comenté lo grato que resulta que dos personas grandes, por obra y gracia de su descubrimiento, estuviésemos en un invierno, en un agosto con temperaturas del verano, tomando sol en camiseta en el balcón, con una hamburguesa pecaminosa de carne, queso y jamón y abundantes papas fritas, con ración extra, que así las pide Juanito: 2 hamburguesas completas y tres porciones de “fritas” y casi, casi le hago la broma sugiriéndole que debería ponerle un nombre al balcón.

 

En mitad de la peste en mi pago, a la que estamos esquivando por muchos cuidados y muchísima casualidad, un mínimo rasgo de humor y desvarío no le vendría mal. Habló él antes que hiciese la broma del bautismo del balcón.

 

Los murciélagos y las palomas saben que estará la red, no se quedarán enganchados y que después tenga que sacarlos la señora, cuando viene a limpiar, ¿no?… porque no sería grato encontrar en la mañana un murciélago moribundo enredado en la tela del balcón…/ No contesté.

 

Juanito todavía tiene teléfono de línea y no había traído la extensión, negocios en todo el mundo, allá fue hasta el living, a trabajar a distancia, dando la clave de su computadora para una conferencia repartida entre Barcelona, Rosario y Bogotá.

 

Lindas las papas fritas, todavía tibias, la emprendí a dedo y sin desmayo. Un pecado comer tantas, pero aún en mitad de la peste son atractivos los pecados. Los murciélagos no. Juanito es uno de los convencidos. Voto con él. Deberíamos estudiar la propensión a las papas fritas, algo hay allí que nos seduce tanto. Como también la propensión a los pecados. Estudiar los pecados es el colmo de lo pecaminoso. Me parece. Tal vez se lo consulte a Juanito. Es doctor en leyes.




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