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Viernes 14.08.2020 - Última actualización - 9:25
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"Cine de pueblo, una historia itinerante"

Un viaje a la infancia

El lunes 17 de agosto (a un año de su fallecimiento) se estrena en la plataforma Cine.ar el documental de Sebastián Hermida que recupera el regreso de José Martínez Suárez a Villa Cañás. En esta entrevista, su alumno y amigo recuerda esa experiencia y la personalidad de un maestro de cineastas.


"Josecito" (como le decía su hermana Mirtha Legrand, dos años menor) y Hermida, en la estación de un tren que ya no pasa. Foto: Gentileza Hermida Films
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"Cine de pueblo, una historia itinerante" Un viaje a la infancia El lunes 17 de agosto (a un año de su fallecimiento) se estrena en la plataforma Cine.ar el documental de Sebastián Hermida que recupera el regreso de José Martínez Suárez a Villa Cañás. En esta entrevista, su alumno y amigo recuerda esa experiencia y la personalidad de un maestro de cineastas. El lunes 17 de agosto (a un año de su fallecimiento) se estrena en la plataforma Cine.ar el documental de Sebastián Hermida que recupera el regreso de José Martínez Suárez a Villa Cañás. En esta entrevista, su alumno y amigo recuerda esa experiencia y la personalidad de un maestro de cineastas.

 

El lunes 17 de agosto se estrena "Cine de pueblo, una historia itinerante" de Sebastián Hermida en Cine.ar Novedades, al cumplirse un año del fallecimiento de José Martínez Suárez, cineasta, maestro de directores e hijo dilecto de Villa Cañás, el pueblo santafesino que lo vio nacer. El documental tuvo su estreno en la sección Panorama del 17° Bafici, y ahora podrá verse de forma gratuita y online en todo el país.

 

El documental, dirigido por Sebastián Hermida (alumno y amigo) fue filmado íntegramente en Villa Cañás. La reapertura de una sala de cine es la situación perfecta para que un personaje único vuelva a las calles que lo vieron crecer. Multimedios El Litoral dialogó con el realizador para adentrarse en un relato fuera del tiempo.

 

 

Vuelta al pago

 

-La película se estrenó en 2015, se filmó en 2009. ¿Cómo surgió la idea de acompañarlo a José a esa reapertura del cine en Villa Cañás? ¿Ya estaba prevista la película o se decidió después?

 

-El viaje surgió gracias a a José Martínez Suárez, que fue el ideólogo de estos viajes itinerantes a distintas ciudades y pueblos del país, donde el material del Festival (Internacional de Mar del Plata) no iba a llegar de ninguna manera. La idea de él es que toda la gente conozca esta riqueza de películas que venían de todo el mundo. Él lo hacía cada vez con amigos o alumnos distintos; en este viaje a Villa Cañás nos invita a Mario Sábato, Cristian Bernard y a mí: tres directores de tres generaciones distintas (él sería una cuarta).

 

En principio tenía como un doble sentido el viaje, porque más allá de llevar películas era reabrir el viejo cine del pueblo, el Cine Dante, que estaba cerrado. Los niños de los colegios vieron por primera vez cine en pantalla grande: eso fue un hecho inaudito, porque para nosotros era lo más común del mundo. Quedaron maravillados con ese evento. José dio charlas, y después todo lo que se generó alrededor de su figura: era como el ídolo del pueblo que iba recorriendo su casa, el club donde jugaba, la plaza, los Bomberos, nos llevaron a una fábrica de helados. Surgieron cosas muy divertidas.

 

Después están los reencuentros, sobre todo con sus amigos, que fueron maravillosos: se hablaban como si fueran niños. José era un tipo muy serio en un punto, pero cuando uno lo veía allá era otra persona.

 

-Retomó la relación donde la dejó a los nueve años.

 

-Sí, tal cual. Sobre la génesis del documental, nunca estuvo la idea, siempre fue el viaje. Pero yo intuía que iba a ser especial ese viaje. Me cargué la cámara al hombro, me llevé siete casettes de DVCam, que duraban creo que una hora cada una, y no sé si los completé todos. Era filmar y no perderme cada momento: mi cámara eran mis ojos, porque estaba pegado con él o con las situaciones alrededor.

 

Después ya se acostumbraban: la cámara no era un obstáculo, era una persona más. Después cuando volví con todo ese material, dije: "Acá hay que armar algo: esto tiene que ser un documental sobre lo que sucedió acá".

 

-Más allá del proyecto, cuando el cineasta elige llevar la cámara y prenderla un poco está tomando la decisión.

 

-Sí. Aparte teníamos la suerte de que José es tan histriónico (hablo en presente porque para mí es como que sigue vivo), tiene tantas anécdotas, tan divertido, que siempre algo iba a pasar. Es un género raro, no es un documental clásico, con entrevistas, son cosas que van sucediendo, hasta parece guionado.

 

-Es un documental de seguimiento.

 

-Claro. Después sí hubo una mano maestra desde la edición con Karina Kracoff, que fue la montajista; fue tratar de encontrarle una vuelta para que no aburra, porque había tanta presencia de él en cámara que había que manejarlo de la mejor manera para que no sea algo tan tedioso. Creo que la encontramos: dura 62 minutos, y la intención era que uno se vaya enganchando con cada minuto.

 

 

Recuerdos en presente

 

-¿Sentiste una devolución del pueblo para con este "hijo dilecto" que volvía en esos últimos años, ya mayor, para que le tributen ese homenaje?

 

-Sí, se notaba hasta en pibes adolescentes, que por ahí se acercaban y le preguntaban algo, o hablaban sobre el tren, que no viene más. Esa es otra cosa que surgió después del armado de la película: cómo cambió todo de la época en que era chico al día de hoy. Cosas destruidas, no cuidadas.

 

-¿Qué cosas te sorprendieron durante el rodaje?

 

-Era como que las casas de todos estaban abiertas. El hecho de ir a comer una picada a los Bomberos, o entrar a la casa de alguien, a una imprenta vieja, o a los clubes. A mí me impactó el cambio de la ciudad al pueblo. De José me impactó eso de convertirse en niño, disfrutándolo, asombrándose de fotos de viejos amigos, anécdotas de tirar una bolita, romper una vidriera y salir corriendo. Fue todo disfrute, porque uno era un espectador más: él estaba viviendo su historia, nosotros lo acompañábamos, no teníamos tanto que aportar.

 

-¿Cuáles te parecen los momentos más emotivos de la película?

 

-Va en un crescendo en ese sentido. Hay un momento en que se crea una especie de videoclip con imágenes de sus películas, pero ese video está intencionado, son imágenes con tonos emotivos, cariñosos: abrazos, besos. Está tirado para ese lado más melancólico.

 

Pero después eso se engancha con la historia del padre de José, el último día que lo vio, que lo fue a despertar a la mañana: lo miró, relata que estaba en contraluz, y le dijo: "Chau, Galopín". Esa fue la última palabra que le dijo el padre, después no lo vio más porque creo que murió en Buenos Aires. Que una persona grande recuerde algo de hace tantos años atrás y se emocione es fuertísimo. Y además la pregunta se la hace un niño: cuáles fueron los recuerdos más fuertes de su vida.

 

 

Relación

 

-¿Qué significó para vos, primero como maestro y después como amigo?

 

-Como maestro no se guardaba ninguna fórmula: era muy exigente pero te contaba los secretos, te ayudaba; y si veía que progresabas más todavía. La exigencia hasta en la puntualidad (era todo un tema en sus clases). Nos dejó la lectura y el cine, y siempre insistir, probar, equivocarte, y seguir para adelante. Era un maestro de maestros.

 

Después como amigo también me sorprendió, porque uno tiene una imagen distante de él, pero para nada. Yo fui alumno, pasé a ser amigo y en otra etapa trabajé para el Festival, con lo cual él era quien me aprobaba los guiones y spots publicitarios que hicimos para cuatro ediciones de Mar del Plata. Confió en mí y me abrió las puertas de un mundo nuevo, porque participaron en esos spots actores de la talla de (Guillermo) Francella, (Ricardo) Darín, (Leonardo) Sbaraglia, Graciela Borges, (Jorge) Marrale, Eduardo Blanco. Para mí es invalorable, ¿con qué le puedo agradecer eso? Trabajando lo mejor posible.

 

-Que tu maestro te abra la ventanita de la cercanía...

 

-Sí, totalmente. Era un riesgo: si llamaba a otro profesional, que no tuviera relación, por ahí podría haber sido más fácil para él. Nos cuidábamos mucho: los sábados éramos amigos, y después en la semana se vivía con mucho respeto.

 

-Primero como director, después como formador de otros directores, como director del Festival (desde el cual impulsó varias carreras), fue una figura central de nuestra cinematografía. Pero para mucha gente fue "el hermano de Mirtha Legrand". ¿Sentís que de alguna forma esta película es una reivindicación para él?

 

-Sí, claro: para una parte del público seguro, y es refrescar una etapa no vista, porque a José lo vieron mucho en el Festival, en los programas de la hermana, pero en su ciudad natal no hay registro de él. Me parece que se reivindicó siempre igual José, tuvo su personalidad como figura. No creo que el documental no lo realce como cineasta, fuera de la relación con su hermana, creo que en eso no.

 

 

Volver a mirar

 

-La película se va a reponer la película en la plataforma Cine.ar. ¿Cómo salió la propuesta, en el primer aniversario de la muerte?

 

-Había quedado pendiente hace dos años con Cine.ar, habíamos llegado a un acuerdo de exhibirla gratis; y no lo habíamos logrado por cosas de la vida. Pero se nos ocurrió que era justamente una buena idea buscar un día específico, y con toda la ayuda de Cine.ar, de todo el equipo del Incaa, se pudo concretar y están todos muy contentos. Las películas se estrenan los jueves, como en los cines, y esto va a ser como una función especial de apertura, y después queda gratuito. Lo bueno de Cine.ar es que dentro de poquito se va a poder ver la plataforma en todo el mundo, eso está piola también.

 

-Se estrenó en 2015, José estaba vivo. ¿La volviste a ver? ¿Cómo es para vos verla ahora que él no está?

 

-La volví a ver porque le estuvimos retrabajando el audio nuevamente, y la música. Además tenía que chequearla para que salga todo bien (risas). Estaba muy metido en la técnica, pero hay momentos en que te terminás emocionando igual; pero yo me fijaba si la película funcionaba: qué vigencia podía tener o no. Y creo que esos personajes nunca mueren: para mí José está vivo, lo ves en la película fresco, y parece que vas a llamarlo por teléfono mañana. Eso lo logró él por la vitalidad que tenía: era un pibe de 93 años.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Ignacio Andrés Amarillo


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