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Jueves 10.09.2020 - Última actualización - 20:14
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Por Iván Ambroggio

La salud de los mandatarios es una cuestión de Estado

Foto de archivo de Shinzo Abe Crédito: El LitoralFoto de archivo de Shinzo Abe
Crédito: El Litoral

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Por Iván Ambroggio La salud de los mandatarios es una cuestión de Estado El ánimo colectivo de Japón se sumergió en la incertidumbre, cuando en una rueda de prensa, el primer ministro expresó que no quería que su enfermedad se interpusiera en la toma de decisiones.

Por Iván Ambroggio (*)

 

El politólogo Shinzo Abe, dimitió como primer ministro de Japón, aduciendo problemas de salud que ya en el año 2007 habían puesto fin a su primer mandato, después de un año en el cargo. Cuando en 2012 se presentó de nuevo como candidato a las elecciones, su círculo íntimo –con la intención de llevar tranquilidad al círculo rojo y a la opinión pública, y alejar rumores sobre su frágil estado de salud– se encargó de remarcar que el hallazgo de un nuevo fármaco le había posibilitado controlar su enfermedad. Abe volvió a ocupar el cargo de primer ministro, pero sus fantasmas también regresaron.

 

Hoy el ánimo colectivo de Japón se sumergió en la incertidumbre, cuando en una rueda de prensa, el primer ministro expresó que no quería que su enfermedad se interpusiera en la toma de decisiones.

 

Lo concreto hasta el momento, según indica la información oficial, es que Abe padece una colitis ulcerosa crónica que lo aqueja sobremanera, y según sus propias palabras, le quita energía y fuerza.

 

La relación entre la salud y la política, o, mejor dicho, entre la salud y los políticos, ha recibido abundante cobertura teórica global. Si observamos la línea histórica de los presidentes de Estados Unidos, advertiremos que cuatro mandatarios murieron durante el ejercicio de su cargo. William Henry Harrison, falleció a causa de una neumonía en 1841. Zachary Taylor murió en 1850, tras padecer una gastroenteritis aguda. Warren Harding sufrió un infarto y dejó este mundo en 1923, y Franklin D. Roosevelt murió como resultado de una hemorragia cerebral, en 1945.

 

Otro caso de fuerte impacto en la política internacional, ocurrió en Cuba, cuando Fidel Castro delegó por razones de salud, los cargos de presidente, primer secretario del Partido Comunista, presidente del Consejo de Estado y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas en su hermano Raúl. En una carta publicada por Granma, el líder de la revolución –que puso fin al gobierno de Fulgencio Batista en 1959– se refirió por primera vez a su precario estado de salud y, por lo tanto, a la necesidad de escoger a un nuevo jefe del Estado, lo que luego sucedió el 24 de febrero de 2008. En ese texto, Fidel también anunciaba que seguiría dedicándose a divulgar sus reflexiones en artículos de opinión, con estas palabras (dirigidas al pueblo cubano): "No me despido de ustedes. Deseo solo combatir como un soldado de las ideas. Seguiré escribiendo bajo el título 'Reflexiones del compañero Fidel'."

 

Los sucesos de Estados Unidos y Cuba aludidos, ponen la lupa en la injerencia que tiene la salud de los dirigentes en la política, y en el impacto de ésta en la vida de aquellos.

 

A miles de millas de distancia, Shinzo Abe, es otro ejemplo de esta relación compleja, que culminó con el anuncio de su renuncia al gobierno. Es el primer ministro con más años de servicio en la historia de Japón. Superó el récord de su tío abuelo, Eisaku Sato (premio Nobel de la Paz en 1973), quien ocupara el mismo cargo en el período 1964-1972. No obstante, la función pública y la eficiencia social no se miden por días sino por hechos. Durante su gobierno, Abe aumentó el gasto militar de Japón y fortaleció la defensa, pero no logró modificar el artículo 9 de la Constitución -impuesto por Estados Unidos, tras la segunda Guerra Mundial–, que establece que Japón renuncia a la guerra como derecho soberano, prohíbe la resolución de disputas internacionales por medio del empleo de la fuerza y determina que este país asiático no tendrá fuerzas armadas con potencial bélico.

 

Este punto y las disputas territoriales con Rusia, son temas relevantes en la agenda política nipona actual. Evidentemente Abe es consciente de esta situación, y por eso pidió disculpas ante el pueblo japonés por no poder finalizar su mandato, y por no haber logrado alcanzar algunos objetivos relevantes.

 

A la dimisión, se le agrega que el Covid-19 dejó más de 1200 muertos en este país de Asia y que la realización de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 debieron ser postergados. Además, el PBI sufrió el trimestre pasado, la mayor caída en siete décadas. En términos políticos y electorales, si bien Abe se mantendrá en el cargo hasta que se elija a su sucesor, en el seno del Partido Liberal Democrático ya ha comenzado la danza de nombres y la carrera para reemplazarlo.

 

En Japón, el sufragio es universal luego de la Segunda Guerra Mundial y el sistema electoral está regido por la Ley Electoral para el Acceso a Cargos Públicos de 1950. Es clave aclarar, que el Primer Ministro es el único dirigente político de Japón que no es elegido por sufragio universal, y en cambio es elegido por la Dieta –asamblea y órgano máximo de poder del Estado, compuesta por la Cámara de Representantes y la Cámara de Consejeros–.

 

Un dato que merece atención, es que desde 1955 hasta 1993, Japón fue un Estado con un partido dominante. El Partido Liberal Democrático fue el protagonista exclusivo de la escena política en esta etapa. En 1993, perdió las elecciones frente a una coalición de partidos, pero retomó al poder en 1996 y se mantiene allí, conduciendo los destinos del país en la actualidad.

 

En breve el Partido Liberal Democrático votará para escoger al sustituto de Abe que liderará sus filas, y posteriormente se votará en el Parlamento para elegir un nuevo primer ministro. El ganador permanecerá en el cargo hasta septiembre de 2021, fecha final original del mandato. Los nombres del secretario jefe del Gabinete, Suga Yoshihide, el ministro de Finanzas, Aso Taro, y el ministro de Defensa, Taro Kono, son algunos de los que suenan con más fuerza.

 

El tiempo permitirá advertir el impacto de esta noticia en Japón y en las relaciones de este país con el mundo. Pero también la renuncia de Abe, mantiene vigente el vínculo de la salud con la política, y revela una vez más, que la salud de los mandatarios es una cuestión de Estado por los efectos que puede tener para el pueblo.

 

El ánimo colectivo de Japón se sumergió en la incertidumbre, cuando en una rueda de prensa, el primer ministro expresó que no quería que su enfermedad se interpusiera en la toma de decisiones.

El Primer Ministro es el único dirigente político de Japón que no es elegido por sufragio universal, y en cambio es elegido por la Dieta –asamblea y órgano máximo de poder del Estado-.

 

(*) Analista internacional, director y profesor de Gestión de Gobierno en la Universidad de Belgrano; autor de Postales del Siglo 21 y Malvinas.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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