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El Litoral
Domingo 13.09.2020
16:11

Por Pedro Cesar Giorsino

Libertad, falta de conciencia y heroísmo en tiempos de pandemia

 Crédito: Flavio Raina
Crédito: Flavio Raina

Crédito: Flavio Raina



Por Pedro Cesar Giorsino Libertad, falta de conciencia y heroísmo en tiempos de pandemia

Por Pedro Cesar Giorsino*

 

Desde que comenzó la pandemia, mucha gente, en nombre de su libertad, camina por las calles, participa en marchas y se integra a reuniones sociales sin barbijo y sin respetar el distanciamiento social. Muchos de ellos atrapan el Covid 19 y se lo transmiten a otros. Todos sabemos que, en el plano de las relaciones individuales, la libertad de cada uno termina donde comienza la libertad de los otros. ¿Qué libertad es esa que al contagiar a otros les quita a los contagiados su libertad obligándolos a encerrarse en su casa, a internarse en una unidad de terapia intensiva o, incluso, en el peor de los casos, los mata? Es una libertad que va más allá de sus propios límites y que, por eso, no es usada de manera legítima. Eso no es libertad, es otra cosa. De modo que, los que caminan por las calles, participan en las marchas o se integran a reuniones sociales sin barbijo y sin respetar el distanciamiento social no deberían creer que lo hacen en nombre de la libertad. Si lo hacen en nombre de algo, lo hacen en nombre del egoísmo y del desprecio a la libertad y a la vida de los otros.

 

Frente a este grupo social que no toma conciencia de la gravedad de la situación epidemiológica actual, los médicos, enfermeros, kinesiólogos y todo el personal de las terapias intensivas argentinas publicaron una carta abierta. Nos advierten que están al límite de sus fuerzas, que sienten que los estamos dejando solos y nos piden que los ayudemos a disminuir el ingreso de pacientes cumpliendo con las tres recomendaciones sanitarias básicas: uso del barbijo, distanciamiento social y lavado frecuente de manos.

 

 

En la novela La Peste, de Albert Camus, el doctor Rieux, protagonista y héroe de la misma, afirma, con la modestia propia de los grandes hombres, que, en su lucha contra la peste, él no hizo más que cumplir con su deber de médico. Aquí, en Santa Fe y en Argentina, hay miles de doctores Rieux que arriesgan su vida y la de su familia para salvar la de sus pacientes. En colaboración con los enfermeros y kinesiólogos intensivistas, agotados por el estrés y el exceso de trabajo, temiendo más por sus familiares que por ellos mismos, llorando a sus colegas infectados fallecidos, siguen ahí, en la primera línea, luchando con heroica obstinación para ganarle a la muerte. No piensan en su libertad ni se creen valientes. Luchan en silencio y, sin proponérselo, nos están mostrando lo mejor que tiene la naturaleza humana. No los dejemos solos.

 

Afortunadamente, los que todavía no han tomado conciencia de la gravedad de la situación parecen ser los menos. La gran mayoría sabe que, para salir de esta pandemia con la menor cantidad posible de muertes, será necesario respetar los protocolos y las recomendaciones sanitarias básicas. Y esa gran mayoría sabe también que, cuando todo esto haya pasado, no deberemos olvidarnos de todos aquellos que hoy está arriesgando y dando su vida para que muchos de nosotros podamos seguir conservando la nuestra.

 

* Licenciado y profesor de Filosofía. Universidad Nacional de Rosario. Argentina.

Licencié en Langues vivantes étrangères, spécialisation Español. Université Paris III - Sorbonne Nouvelle. Paris. France

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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